LA GUERRA DE CRIMEA

La Guerra de Crimea de 1854 fue la primera guerra moderna, un conflicto complejo y con múltiples ramificaciones, que sirve para comprender mejor muchas guerras posteriores. Entre ellas las de Bosnia y Kosovo, con las potencias occidentales reforzando a los musulmanes frente al empuje eslavo. O la intervención “preventiva” de Estados Unidos en Oriente Medio, la misma que llevó a franceses e ingleses a desangrarse en la actual península ucraniana...




Fue la última guerra antigua porque gran parte de los oficiales continuaban siendo miembros de la nobleza europea, que se consideraban “enemigos temporales” entre sí, pero sobre todo “caballeros” sujetos a (hoy) extravagantes códigos de honor, que les llevaba a celebrar juntos, por ejemplo, un banquete tras el fin de las hostilidades. Todavía se combatió en ella como lo hicieron los ejércitos napoleónicos. Pero las nuevas armas, más eficaces que nunca, hicieron inútiles las estrategias de unos oficiales que, en muchos casos, llevaban décadas sin combatir. Entre ellas, los fusiles de ánima rayada de los franco-británicos, capaces de alcanzar un objetivo a 1.500 metros (muy efectivo a una distancia de 750), frente a los 180 metros de la mejor arma rusa. También en Crimea aparecieron por primera vez las enfermeras de campaña, con el cuerpo creado por Florence Nightingale. Y W. H. Russell, con sus crónicas en el Times, inauguró  el periodismo de guerra.

La causa aparente de la guerra fue el intento del zar de Rusia para proteger la influencia de la iglesia ortodoxa en los Santos Lugares, frente a los católicos romanos. En un momento dado, el Imperio Otomano favoreció a los segundos, desatando la ira de NicolásI. El motivo religioso ocultaba el anhelo ruso de lograr una vía de acceso al Mediterráneo. Francia y el Reino Unido, por su parte, no podían permitir el expansionismo eslavo y que Rusia se convirtiese en una superpotencia naval.

La guerra estalló el 2 de julio de 1853, cuando un ejército ruso al mando del príncipe Gorchakov cruzó el río Pruth, frontera entre Rusia y Moldavia, principado vasallo del sultán. Los aliados mandaron sus tropas para proteger Constantinopla y los estrechos del avance ruso. El ejército otomano, liderado por Omer Pachá, derrotó a las tropas del zar en el Danubio. Rusia, por su parte, logró controlar el Mar Negro, hasta que franceses e ingleses la obligaron a retroceder. Para neutralizar definitivamente el poderío naval ruso, Francia e Inglaterra decidieron conquistar Sebastopol. La expedición de apoyo al sultán se convirtió así en un conflicto que se prolongaría durante dos años y costaría la vida a más de 95.000 franceses, 22.000 ingleses y 73.000 rusos. La guerra dejó para la posteridad episodios míticos como la suicida Carga de la Brigada Ligera durante la Batalla de Balaclava, el 25 de octubre de 1854, inmortalizada en un poema de Tennyson.

Sebastopol cayó finalmente y el 30 de marzo de 1856 Rusia firmó la Paz de París, por la que se estipulaba la neutralidad del Mar Negro, la libre circulación por el Danubio, la integridad del Imperio Turco y la devolución por Rusia de Besaravia a los Principados Danubianos.