LA MASACRE DE CHICAGO POR UNA JORNADA LABORAL DE OCHO HORAS

Para conseguir un derecho que hoy consideramos incuestionable, la jornada la laboral de ocho horas, hizo falta sangre, sudor, lágrimas... y muertos. El día primero de Mayo se celebra el Día del Trabajo en casi todos los países del mundo...



Una fecha señalada


Una jornada que ha ido perdiendo no sólo su carácter reivindicativo, sino que en estos momentos marca una nueva forma de esclavitud por haberse convertido en día laboral para muchísimos trabajadores, incluso también para muchos y muchas hoy por hoy la jornada sobrepasa las ocho horas incluso sin cobrar por ello... No obstante sigue siendo uno de los pilares del movimiento obrero aunque sea en apariencia.

Tan señalada fecha está considerada festivo nacional y por lo tanto no laborable ni lectiva en todo el país, no solo se conmemora en España: también en el resto del mundo el primero de Mayo se festeja de una manera especial por la historia que arrastra el origen de este acontecimiento

A pesar de que la iniciativa surgió en EE.UU., tanto en este país como en Canadá el Día del Trabajo se decidió celebrar el 1 de septiembre por miedo a que el comunismo arraigara en la nación. Realmente no es de extrañar que EE.UU. no celebre esta conmemoración, debido a que nunca ha reconocido a este día como un acto reivindicativo. En su lugar se le exige a la población celebrar el “Labor Day”, el primer lunes de septiembre desde 1882 en un desfile realizado en Nueva York, y organizado por la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo

La fecha se fijó durante el Congreso Obrero Socialista de la Segunda Internacional celebrado en París en 1889. La idea era rendir tributo a los Mártires de Chicago, un grupo de sindicalistas que fueron condenados en Estados Unidos por su participación en una huelga que se inició el 1 de mayo de 1886 en todo el país y, en ese estado, se prolongó hasta el 4 de mayo con la sangrienta Revuelta de Haymarket.


La jornada de ocho horas


La mayoría de los obreros americanos estaban afiliados a la Noble Orden de los Caballeros del Trabajo, pero tenía más preponderancia la “American Federation of Labor”, inicialmente socialista y posteriormente empapada de ideas anárquicas. En su cuarto congreso, realizado el 17 de octubre de 1884, ésta había resuelto que desde el 1 de mayo de 1886 la duración legal de la jornada de trabajo debería ser de ocho horas, yéndose a la huelga si no se obtenía esta reivindicación y recomendándose a todas las uniones sindicales que tratasen de hacer promulgar leyes en ese sentido en sus jurisdicciones. Esta resolución despertó el interés de las organizaciones, que veían la posibilidad de obtener mayor cantidad de puestos de trabajo con la jornada de ocho horas, reduciendo el paro

Era una verdadera revolución en Estados Unidos, los conservadores reformistas no admitían la idea de trabajar menos de 14 horas, ya que la creencia y filosofía en que fueron formados hacían del trabajo un mandato divino, por ende la reducción de la jornada significaba un reto hasta para sus creencias. En 1886, el presidente de la central socialista, Andrew Johnson, promulgó la llamada Ley Ingersoll, estableciendo la jornada de ocho horas. Al poco tiempo, diecinueve estados sancionaron leyes con jornadas máximas de ocho y diez horas. La prensa calificaba la revisión de jornada como 'indignante e irrespetuosa', 'delirio de lunáticos poco patriotas', y manifestando que era lo mismo que pedir cobrar un salario sin cumplir ninguna hora de trabajo, obviamente la prensa estaba en manos de los mismos patronos. 

La “Noble Orden de los Caballeros del Trabajo” remitió una circular a todas las organizaciones adheridas donde manifestaba: “Ningún trabajador adherido a esta central debe hacer huelga el 1° de mayo ya que no hemos dado ninguna orden al respecto”. Este comunicado fue rechazado de plano por todos los trabajadores de EE.UU. y Canadá, quienes repudiaron a los dirigentes de la Noble Orden por traidores al movimiento obrero. 

El primero de mayo de 1886, doscientos mil trabajadores iniciaron la huelga mientras que otros 200.000 obtenían esa conquista con la simple amenaza de paro. En Chicago donde las condiciones de los trabajadores eran mucho peor que en otras ciudades del país las movilizaciones siguieron los días 2 y 3 de mayo. 


Revuelta de Haymarket

Los hechos que dieron lugar a esta revuelta están contextualizados en los albores de la revolución industrial en los Estados Unidos. A fines del siglo XIX Chicago era la segunda ciudad de EE. UU. Del oeste y del sudeste llegaban cada año por ferrocarril miles de ganaderos desocupados, creando las primeras villas humildes que albergarían a cientos de miles de trabajadores. Además, estos centros urbanos acogieron a emigrantes venidos de todo el mundo a lo largo del siglo XIX

La única fábrica que trabajaba era la fábrica de maquinaria agrícola McCormik, la misma dedicada ahora a condimentos, que estaba en huelga desde el 16 de febrero porque querían descontar a los obreros una cantidad para la construcción de una iglesia. El día 2, la policía había disuelto violentamente una manifestación de más de 50.000 personas y el día 3 se celebraba una concentración en frente de sus puertas y cuando estaba en la tribuna el anarquista August Spies sonó la sirena de salida de un turno de 'rompehuelgas'. Los concentrados se lanzaron sobre los mercenarios rompehuelgas y empezó una pelea campal. 

Una compañía de policías, sin aviso alguno, procedió a disparar a quemarropa sobre la gente produciendo dos muertos y varias decenas de heridos.  El 3 de mayo, 80.000 obreros/as seguían agitando Chicago. En la demostración de protesta convocada para el 4 de mayo, la policía volvió a entrar en acción, matando a un número indeterminado de personas e hiriendo a otras 200. En la plaza de Haymarket, la tensión entre las autoridades y los trabajadores alcanzó su punto máximo: explotó un artefacto que terminó con la vida de siete policías. Tras el estallido, las fuerzas de seguridad responsabilizaron a los manifestantes de la muerte. 

Las detenciones y torturas no tardaron en llegar. August Spies, Samuel Fielden, Oscar Neebe, Michael Schwab, George Engel, Adolf Fischer, Albert Parsons y Louis Lingg, obreros de filiación anarquista fueron detenidos y juzgados bajo el cargo de asesinato y conspiración para cometer asesinato. Tres fueron condenados a prisión y los otros cinco fueron sentenciados a pena de muerte en la horca –entre ellos el periodista Adolf Fischer, autor de una proclama revolucionaria publicada en su periódico–. Fueron ejecutados el 11 de noviembre de 1886. Lingg apareció muerto en su celda. 

Durante el juicio Lingg exclamó: “repito que soy enemigo del orden de hoy y repito que con todas mis fuerzas, mientras tenga aliento para respirar, lo combatiré. Los desprecio. Desprecio su orden, sus leyes, su autoridad apuntalada por la fuerza. Ahórquenme por ello”. Justo antes de morir, Albert Parsons pronunció su famosa frase “let the voice of the people be heard!” (dejad que se escuche la voz del pueblo). Su asesinato les encumbró con el nombre de 'mártires de Chicago', y en 1889 se declaró el 1 de mayo como el Día del Trabajador. La lucha obrera había conseguido que los sectores patronales accedieran a implementar la jornada de ocho horas.




España fue el primer país de Europa que aprobó mediante un decreto la jornada de ocho horas tras la huelga de La Canadiense llevada a cabo por anarquistas de Barcelona, aunque durante la dictadura militar de Primo de Rivera (1923-30) y la de Franco (1939-77) dejó de celebrarse. Dos meses después Francia hizo lo propio.

Pero cuando el Primero de Mayo adquirió su mayor protagonismo fue tras la II Guerra Mundial gracias a los fastos de países socialistas como la Unión Soviética y el aumento de poder de los partidos de izquierda en los países capitalistas de Europa. Hasta el Vaticano se vio obligado a abrazar esta festividad y en 1954 el Papa Pío XII declaró el 1 mayo el día de San José Obrero. Su objetivo era darle un tinte católico a un día que hasta entonces se mostraba hostil a la religión y, según ellos, se basaba en el odio.