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sábado, 27 de septiembre de 2014

LAS FUERZAS ARMADAS CON EL PUEBLO

Soy miembro del Colectivo de militares españoles ANEMOI. Mi graduación es Capitán de Navío de la Marina Española en situación de retirado, anteriormente fui miembro de la Unión Militar Democrática (UMD), disuelta voluntariamente tras las primeras elecciones generales en España el 15 de junio de 1977. Nuestro portavoz en el exilio en París fue el Capitán de Aviación, piloto de reactores, José Ignacio Domínguez, hoy Teniente Coronel de Aviación en la Reserva...




José Ignacio fue condenado a siete años de prisión, con las accesorias de separación del servicio y suspensión de todo cargo público, profesión, oficio y derecho de sufragio durante este tiempo de condena. Lo fue en un indigno Consejo de Guerra, el 27 de diciembre de 1977, bajo el reinado de Juan Carlos I. Su delito: haber defendido las libertades democráticas y los derechos sociales recogidos en la Constitución, hoy burlados criminalmente bajo el ilegítimo reinado de Felipe VI. Reinado impuesto, sin el menor respeto por la soberanía popular, en esta segunda restauración borbónica española.

Anteriormente, otros valerosos compañeros de la UMD habían sido brutalmente detenidos en sus domicilios en plena madrugada -aún en vida del dictador, el asesino Francisco Franco, promotor de la segunda restauración borbónica- jugados en Consejo de Guerra, condenados a largos años de prisión y expulsados del Ejército. Entre ellos el Comandante Luis Otero, fundador de la Unión Militar Democrática, hoy Coronel retirado y Presidente del Foro Milicia y Democracia.

La falsa Ley de Amnistía, en realidad una "ley de punto final", ocultó los crímenes del franquismo y dejó expresamente fuera de ella a los compañeros demócratas condenados y expulsados. Aquella decisión "militar" es una prueba más del carácter ilegítimo del régimen borbónico, que sigue ignorando a las víctimas del franquismo y ha expulsado injustamente de la carrera judicial al Juez Garzón. Juez que ha intentado valerosamente investigar las atrocidades de la dictadura.

La presentación del Colectivo Anemoi en esta Fête de l'Humanité del año 2014, cuya acogida fraternal agradecemos vivamente, es para nosotros un hito más para dar a conocer nuestra lucha pacífica por unas Fuerzas Armadas respetuosas con la soberanía popular.

Daré lectura de nuestro comunicado número 12, emitido el 25 de Agosto de este año, que fue leído públicamente en los actos del 70 aniversario de la liberación de Paris por el muy digno y heroico excombatiente republicano Daniel Serrano, cuyo lema hacemos nuestro; "ne pas s'avouer vencu" (no darse por vencido).

También daré lectura a algunos párrafos de nuestro Manifiesto, presentado en un acto público en el Club de Amigos de la UNESCO en Madrid el 23 de enero del presente año. En él se pone de relieve nuestra inquebrantable actitud democrática al servicio del pueblo y las motivaciones que nos impulsan a expresar públicamente nuestros ideales. Por ultimo responderé a todas las peticiones de aclaración que desee realizar el público asistente.

Procedo, pues, a dar lectura de nuestro comunicado número 12.

El Colectivo de militares españoles ANEMOI, fiel a la memoria de las mujeres y hombres que lucharon por la libertad, la democracia y la justicia social, rechaza el régimen borbónico del 78 -vigente en España e impuesto bajo extorsión militar- y propugna la unidad popular por un proceso constituyente en libertad.

En el 70 aniversario de la liberación de París nos honra enviar nuestro saludo fraternal al pueblo francés, a sus autoridades, y muy especialmente al pueblo de París junto a su alcaldesa Anne Hidalgo y su equipo de gobierno.

El 25 de agosto, 70 aniversario de la liberación de la capital, deseamos fervientemente que las autoridades francesas graben de forma indeleble en su callejero la memoria de los republicanos españoles que, junto a sus compañeros franceses, supieron morir para que Francia viviese. Sería sin duda un gesto decisivo del presidente Hollande que hermanaría una vez más a nuestros pueblos. Aquella lucha ejemplar contra la barbarie fascista es la que desde el fondo de nuestros corazones honramos todos los demócratas españoles.

¡No pasarán!

A continuación procedo a la lectura de algunos párrafos de nuestro Manifiesto: Las Fuerzas Armadas con el pueblo.

Un grupo de profesionales de las Fuerzas Armadas, preocupados por la deriva de la situación política y social en España en el contexto de la crisis global actual y estimulados por la creciente ola de protestas sociales, hemos decidido participar en el debate público. Queremos aportar nuestros conocimientos del medio militar para poner de relieve las amenazas y las limitaciones que el actual modelo de fuerzas armadas representan para los cambios necesarios.

En la actual situación de crisis, la soberanía popular está secuestrada por los grandes poderes económicos y financieros, nacionales y transnacionales. El pacto social establecido con la Constitución de 1978 ha perdido toda su validez. El estado de la Transición, lastrado en sus orígenes por la inclusión de los poderes económicos del franquismo, se ha convertido finalmente en un auténtico Régimen oligárquico en el que la “democracia” no es más que una declaración formal vacía de contenido.

La respuesta popular contra la crisis y, fundamentalmente, contra las terribles consecuencias de la misma, ha avanzado desde la perplejidad y el miedo, hasta la resistencia activa, pasando por las protestas masivas en la calle, la ocupación de las plazas públicas y el intento de bloquear y denunciar en sus propias sedes a los distintos poderes públicos.

La represión del estado de la Transición ha desarrollado métodos de control masivo de la población. Las detenciones arbitrarias, los cacheos y fichajes de los ciudadanos en manifestaciones y asambleas, y las amenazas a los dirigentes que alientan las movilizaciones, predicen la preparación de mecanismos de represión masivos si el movimiento popular sigue avanzando en organización, movilización y determinación en las protestas.

Las anunciadas reformas del Código Penal, de la Ley de Seguridad Ciudadana y de la Ley de Seguridad Privada, así como las que se avecinan sobre la Ley de Huelga y el Código Penal Militar, constituyen todo un repertorio de instrumentos represivos que vacían de contenido los derechos y libertades proclamados solemnemente en la Constitución, en lo que muchos analistas consideran un “golpe de estado” encubierto.

La clave de bóveda del Régimen de la Transición es la Monarquía y su conexión –constitucional y de fidelidad- con las Fuerzas Armadas. Su imagen de “salvadora” de la democracia tras el golpe del 23 F ha caído en el descrédito más absoluto. 

Cada vez más las movilizaciones sociales levantan la bandera de la República. Cada vez más la exigencia de un “proceso constituyente” se plantea como el inicio de la solución a los problemas de este país, que no puede provenir de los responsables del desastre.

El Régimen resistirá apoyado en los recursos institucionales y represivos de su estado. La gran pregunta de las organizaciones sociales y políticas emergentes, de los sectores en lucha, de los que pretenden un mundo nuevo, es sobre cuál va a ser el papel de las Fuerzas Armadas y las Fuerzas de Seguridad ante los cambios que se avecinan.

En los últimos meses se han hecho públicas diversas manifestaciones de militares que plantean la fidelidad al Rey como Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas, subrayando el papel que les ha reservado la Constitución como custodios de la misma y, sobre todo, manifestando la existencia de un “patriotismo militar” que está por encima de cualquier constitución y, por supuesto, de cualquier reclamo de soberanía popular.

Se plantea pues, en primer lugar, la necesidad de neutralizar la posibilidad de intervención militar cuando la revuelta popular resulte irresistible, cuando el choque social se agudice.

.......

La obediencia de las Fuerzas Armadas al Rey debe ser definitivamente quebrada. Únicamente es aceptable que la Jefatura de las Fuerzas Armadas recaiga en quien que haya sido democráticamente elegido. La III República es, pues, inaplazable.

He finalizado mi intervención. Gracias por su atención. Será un placer responder a las preguntas que los asistentes deseen formular.

París, 13 de septiembre de 2014

Manuel Ruiz Robles es Capitán de Navío de la Armada

Visto en :

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

sábado, 21 de diciembre de 2013

SIN MIEDO AL FUTURO

Con el telón de fondo de la crisis económica, los medios de comunicación están propagando el miedo a gran escala. Se paraliza la construcción por miedo a no vender los pisos, cierran comercios ante la falta de expectativas, se producen despidos en masa por temor a la recesión... El actual clima de pánico ha logrado incluso desvanecer temores mucho más fundados que habían acaparado la atención los últimos años. Porque ¿quién habla ahora del calentamiento global? Parece que todo lo que necesita la humanidad es salvar la economía para volver a comprar coches, segundas residencias y ropa de marca. La pregunta que debemos hacernos es: ¿dónde se genera el miedo que estamos viviendo?

Tenemos a nuestro alcance muchas herramientas para afrontar nuestros temores, desde ejercicios de visualización hasta centrarnos en una actividad presente o movilizar nuestra creatividad.

El contagio del pánico

Nuestro actual clima de inquietud y desánimo nos hace olvidar que la sociedad occidental ha vivido, no hace tantas décadas, otras oleadas de pánico generalizado, incluso antes de la guerra fría, que hizo temer un fin catastrófico. En 2008 se cumplían 70 años de la famosa transmisión radiofónica de La guerra de los mundos, de H.G. Wells, una dramatización de la novela que la CBS lanzó a las ondas y que relataba la invasión de la Tierra por parte de los extraterrestres. El programa estaba dirigido por un joven Orson Welles –la semejanza del apellido con el autor del texto era solo una coincidencia–, que en su adaptación radiofónica pidió a los locutores que interpretaran su papel con gran realismo. El guión incluía llantos de los presuntos periodistas e interrupciones de los informativos para alertar sobre el desembarco de los alienígenas en Nueva Jersey.

El resultado es sobradamente conocido, pero merece la pena recordar algunos episodios. Al escuchar en las supuestas noticias que el ejército norteamericano combatía a los invasores en las calles, un ciudadano de New Jersey irrumpió en un teatro lleno para dar la voz alarma, lo que provocó la estampida de los espectadores. Miles de personas huyeron de la urbe en sus coches, mientras que los que no disponían de transporte se envolvían la cabeza con toallas húmedas para librarse de los gases venenosos de los alienígenas. 

Al darse cuenta de las consecuencias, la CBS empezó a radiar mensajes de calma, recalcando a la audiencia que se trataba de una ficción, pero fue necesaria  toda una noche para que se desactivara el pánico generado. Un programa de 55 minutos y medio había desatado el caos en la nación más poderosa del mundo. Esta experiencia demuestra que el miedo es un detonante que hace llegar su explosión incluso a los que no han podido oírla.

Profecías paralizadoras

Sobre las ondas expansivas del miedo en las crisis económicas hay un relato muy ilustrativo en el libro de Gabriel García de Oro La empresa fabulosa. Cuenta la historia de un hombre que vendía unas rosquillas deliciosas al lado de una carretera. El negocio iba viento en popa, tanto, que ni oía la radio ni leía los periódicos. Tampoco hacía demasiado caso a la televisión. En verano vino a visitarle su hijo, que estaba haciendo un posgrado en Ciencias Empresariales, y le dio una noticia: “Padre, ¿usted no escucha la radio ni lee los periódicos? Estamos sufriendo una enorme crisis. Esto se hunde.” El padre pensó: “Mi hijo tiene estudios, está informado y sabe de lo que habla.” De modo que compró menos ingredientes y de inferior calidad para reducir su producción de rosquillas. Las ventas fueron disminuyendo día a día y al cabo de poco tiempo, empezó a sufrir pérdidas. El hombre llamó a su hijo a la universidad para decirle: “Tenías razón, hijo. Estamos inmersos en una crisis muy grande.”

Esta fábula nos enseña que el miedo, muy especialmente el miedo al porvenir, puede convertirse fácilmente en una profecía de autocumplimiento. Es decir, cuando nuestros temores empiezan a ocupar el espacio mental que correspondería a la toma de decisiones y a la acción, al final, el deseo negativo acaba desembarcando en la realidad. La persona que ha sintonizado el fracaso como emisora mental hará inconscientemente todo lo posible para poder decir al final: “¿Lo ves? Ya te lo decía yo.”

Miedo al miedo

Cuando nos enfrentamos a una emergencia experimentamos una subida de adrenalina, pero en ningún caso nos quedamos paralizados por el temor. Probablemente, el miedo aparecerá después, cuando la persona se dé cuenta del peligro que ha corrido. Sin embargo, lo más común es que el miedo haga acto de presencia con anterioridad a algo que todavía no ha sucedido. Las personas que padecen fobias saben por propia experiencia que el pánico anticipatorio –también llamado “miedo al miedo”– provoca más sufrimiento que la situación que se trata de evitar. En la raíz del miedo está siempre el temor a lo desconocido, a aquello que no sabemos si podremos gestionar. Por lo tanto, todo miedo es futuro.

La psicóloga María Teresa Lemus recurre a la logoterapia de Viktor Frankl en busca de herramientas contra el miedo al porvenir. “Cuando pensamos que el futuro no alberga ningún sentido–explica–, ya sea por los conflictos internacionales o porque se está viviendo una crisis financiera o un divorcio, necesitamos corregir nuestra actitud y ampliar nuestro campo de visión. Viktor Frankl hablaba de una 'repolarización de la actitud'. La vida espera de nosotros que esculpamos con arte nuestro propio bloque de mármol. Nuestro limitado campo de visión necesitará ampliarse para que podamos percatarnos de las magníficas esculturas que pueden salir de ese bloque. Poder visualizar a priori nuestra obra nos salva de darnos por vencidos en las épocas difíciles de nuestra vida. Todo esto se resume en una frase logoterapéutica: “O consagramos nuestra vida a un fin o claudicamos.”

En opinión de esta terapeuta, la tendencia a la claudicación se combate trabajando para aquello que puede dar sentido a nuestra vida, y lo único que tenemos a nuestro alcance para conseguirlo es corregir nuestra actitud. “El anhelo por un objetivo en la vida se sacia habilitando dicho objetivo y la única forma de lograrlo es ampliando nuestro campo de visión”, concluye Lemus.

La creatividad como solución

En su ensayo NoMiedo, la doctora en organización de empresas Pilar Jericó asegura que la mejor manera de afrontar el miedo al futuro es diseccionarlo de forma parecida a lo que hacen los asistentes a un curso para superar el pánico a volar. Una de las técnicas que se utilizan más a menudo es imaginar con todo lujo de detalles el temido accidente. Semanas antes de tomar el avión, la persona dedica varios minutos al día a visionar todo el escenario: la llegada de los bomberos, el drama exhibido por televisión... El objetivo es conseguir que cuando finalmente se suba al avión, esté tan aburrida de imaginar estas escenas que se ponga a pensar en otras cosas distintas de su miedo.

“Cuando diseccionamos nuestros miedos con sentido común y de forma concreta, vemos que no son tan terribles. No olvidemos que nuestro peor enemigo somos nosotros mismos. E imaginando situaciones ambiguas y terribles somos grandes expertos.”

Como señala Pilar Jericó, en el miedo hay muchas veces una sensación anticipada de pérdida, ya que nace de la amenaza de perder lo que tenemos. Para desactivarlo, es conveniente concretar qué es eso que tanto nos asusta perder. ¿El trabajo?, ¿una propiedad?, ¿nuestros ahorros? Una vez determinado qué es, deberíamos hacernos la pregunta: ¿Y qué? Seguramente, nos daremos cuenta de que tenemos recursos para salir adelante y de que si no encaramos la posibilidad de la pérdida como el fin del mundo, dejaremos de estar aterrorizados.

Por lo tanto, debemos poner nuestros temores en el mapa para dejar de tener miedo al miedo. “Los miedos ambiguos nos atemorizan. En la medida que los hagamos concretos, con sentido común, seremos capaces de mirarlos a la cara y buscar alternativas”, asegura Jericó.

Definir lo que queremos

Contra el miedo al porvenir, otro americano mucho más célebre,  John F. Kennedy, dijo en un discurso muy recordado: “No preguntes qué puede hacer América por ti, sino qué puedes hacer tú por América.” Parafraseando esa idea, estaría bien dejar de pensar sobre qué será de nuestro futuro para decidir qué clase de futuro es el que queremos construir.

A fin de cuentas, el futuro no es algo que aparece en nuestro horizonte como una nave extraterrestre, sino que es el fruto de todas las decisiones y acciones que llevamos a cabo en el día a día. De aquí a unos minutos, cuando el lector haya completado la lectura del artículo, es muy posible que haga algo aparentemente sin importancia: una llamada telefónica, una anotación en la agenda, un proyecto que empieza a tomar forma, etc. Pero, sin darse cuenta, estará haciendo algo muy trascendente: diseñar su futuro.

Puesto que nos asusta lo desconocido, la mejor manera de acabar con el miedo al porvenir es empezar a definirlo. En el momento en que moldeamos con nuestros actos lo que queremos que suceda, la realidad futura deja de ser algo enigmático y amenazador controlado por un oscuro azar. Aunque inesperado –si fuera previsible no soportaríamos la vida–, lo que nos espera será en buena parte obra nuestra. Una obra que se edifica con el momento presente, que es el oro negro de los constructores del futuro.