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miércoles, 1 de marzo de 2017

EL CIMARRÓN : SÍMBOLO DE REBELDÍA CONTRA LA ESCLAVITUD

Como bien sabemos, uno de los principales exponentes del dominio occidental sobre América fue la esclavitud y el comercio negrero. Las grandes potencias vieron en este negocio un enorme potencial económico y de este modo cambiarían para siempre el mapa social y cultural tanto de África como de América...


domingo, 1 de marzo de 2015

ABOLIR EL TRABAJO COMO ESCLAVITUD Y ALCANZAR EL DERECHO AL OCIO

La palabra trabajo proviene del latín tripalium que era un instrumento de azote utilizado por los romanos. Una gran cantidad de pueblos a lo largo de la historia de la humanidad vieron el trabajo como una circunstancia inevitable para poder sobrevivir, pero nunca tuvo el carácter de ser un valor en sí mismo...



Durante gran parte de la historia humana, la esclavitud fue vista como una necesidad económica normal; de la misma manera en que la sociedad logró abolir la esclavitud, tal vez nuestros nietos recuerden con una nostalgia desconocida como sus abuelos derogaron la estúpida neurosis del trabajo.

Filósofos como Bertrand Russell y Paul Lafargue han escrito sendas diatribas en contra del trabajo. Una utopía de seres ociosos y felices será posible si superamos aquello que Étienne de La Boétie y Vivian Abenshushan han advertido en las sociedades modernas: un miedo paralizante a la libertad, una necesidad de tener un jefe que dicte órdenes para evitar la fatigosa obligación de pensar.

El escritor inglés Brian Dean ha analizado de manera brillante la neurosis actual del trabajo en el ensayo Antiwork. A decir de su autor, el antitrabajo es “una alternativa moral a la obsesión con los ‘empleos’ que ha plagado nuestra sociedad durante mucho. Es un proyecto para reenmarcar radicalmente el trabajo y el ocio. También es un antídoto cognitivo a la perniciosa cultura del ‘trabajo duro’, que se ha apoderado tanto de nuestras mentes como de nuestro precioso tiempo.”

El trabajo se presenta no sólo como la contribución de un individuo al progreso colectivo, sino como un imperativo de corte moral: presentarse a sí mismo como alguien ocupado, incluso estresado, se ha vuelto una terrible forma de prestigio social. Parafraseando aquellas líneas de Fight club de Chuck Palahniuk, “compramos cosas que no necesitamos con dinero que no tenemos para impresionar a gente que no nos agrada.”

El virtuoso “trabajador” ha sido utilizado como bastión ideológico por todas las corrientes políticas: el comunismo soviético y chino -países sin tradiciones democráticas fuertes- transformaron al trabajador en el héroe de sus cruzadas morales contra el occidente capitalista. Pero aún antes, los protestantes que llegaron a colonizar Estados Unidos en el siglo XVII incorporaron el trabajo y su consagración mercantilista como parte de un programa religioso. 

De la misma forma en que la esclavitud ha sido derogada en la mayoría de los países civilizados -a pesar de que siga siendo una práctica común en países del llamado tercer mundo-, tal vez nuestro siglo pueda redimir las catástrofes medioambientales y las crisis de seguridad aboliendo de una vez por todas la consigna bíblica de que el hombre debe “ganar el pan con el sudor de su frente.”

¿Y si mejor distribuimos la riqueza y aplicamos el conocimiento adquirido hasta ahora en garantizar que todos tengan pan y puedan dedicar su tiempo a desarrollar áreas de genuino interés? ¿Y si abolimos el trabajo e instauramos el derecho al tiempo?

Trabajo útil e inútil


En términos económicos, el trabajo y el empleo no garantizan el progreso y bienestar de un país. Es extraño, porque hemos sido educados en la creencia contraria: es necesario conseguir un “buen trabajo” para ser una “buena persona”, pues sólo así contribuiremos al desarrollo nacional.

Pero pensemos esto: si el 100% de la población se ocupara en una actividad económica inútil, por ejemplo fabricar agujas, la oferta desbordaría la demanda eventualmente y el valor de las agujas bajaría. La lógica de la burocracia es que toda la gente debe trabajar aunque el trabajo que realicen sea inútil y redundante, sin contar con que la gente suele estar consciente de su propia inutilidad, lo que genera los síntomas depresivos que vemos en cualquier ciudad hoy en día. 

Hace 20 años, Jeremy Rifkin estimó que cerca del 75% de los empleos en los países industrializados incluían actividades que podían ser automatizadas o realizadas por robots, al menos parcialmente. Con el brutal desarrollo tecnológico al que asistimos en nuestros días, este número debe haberse incrementado. Como dice Dean, “a donde miremos, existen trabajos estúpidos, sin sentido y posiblemente nocivos contra el ambiente.”

Alternativas para el futuro


Poco a poco la idea del ingreso básico incondicional va cobrando tracción: se trata de un sistema donde la sociedad se organice para dotar a toda la gente de un ingreso básico para sobrevivir, de manera que puedan utilizar su tiempo para contribuir efectivamente al desarrollo de campos productivos de su interés, no sólo a alimentar una burocracia inútil y corrupta o a fabricar cosas que un robot podría hacer mejor y más rápido.

“La sociedad se ha vuelto más y más adinerada”, según Dean. “Incluso en métricas tradicionales de medición de la riqueza uno puede verlo. Pero la riqueza se ha concentrado más y más en las manos de unos pocos. Así que la cuestión principal no es acerca del trabajo, sino de cómo se comparte la riqueza de manera más justa y humana.”

En nuestros días, los capitales económicos son una ficción especuladora que infla y desinfla créditos alrededor del mundo sin influir en el bienestar y calidad de vida de las personas. La moral del trabajo solamente beneficia a los grandes capitalistas, mientras que los trabajadores tienen que trabajar hasta la muerte con la esperanza de llegar a fin de mes. La solución de Dean implica ver el trabajo y los frutos del empleo desde una nueva perspectiva:

“La razón de que ya no se trate del trabajo es que la mayor parte de la riqueza no proviene del trabajo humano. Pero por la forma en que el problema se presenta típicamente, uno pensaría que el problema es la ociosidad, y que poner a la gente en un empleo sería la solución. Pero el colapso económico global no fue provocado por la ociosidad humana, ni tampoco las recesiones previas.”

El recibir un ingreso básico universal no significa que deberíamos dejar de trabajar. Se trata de que la especialización del trabajo y el proceso de automatización se reinviertan en la sociedad en forma de tiempo libre: tiempo que podemos usar para investigación, para desarrollar artes y humanidades, y para resolver los problemas medioambientales acuciantes que amenazan la supervivencia a largo plazo de la especie en el planeta.

No hay suficiente dinero en el mundo (nunca lo habrá) para remediar el daño medioambiental que hemos provocado; se trata de un esfuerzo colaborativo, es decir, de un verdadero trabajo donde la gente salve su propio planeta, en lugar de salvar las arcas de un puñado de bancos que compran y venden deuda y miseria.

sábado, 3 de enero de 2015

EL PRIMER MERCADO DE ESCLAVOS EN NEW YORK SIGUE FUNCIONANDO

El 25 de septiembre de 1926 se firmaba la Convención sobre la Esclavitud, tratado internacional promovido por la Sociedad de Naciones que declaraba ilegal la esclavitud. Más tarde, el 7 de septiembre de 1956, se ampliaba la prohibición y persecución a determinadas conductas que se consideraban análogas o asimilables a la esclavitud: explotación infantil, servidumbre por deudas… pero nada se decía de la esclavitud a la que nos vemos sometidos por las decisiones que toman los poderes económicos y que condicionan nuestro día a día. Y si existe un lugar en el mundo que representa mejor que ningún otro “el amo con el látigo en la mano“, ese es Wall Street. Ironías de la vida, construido por esclavos y emplazamiento del primer mercado de esclavos de New York.





En 1625 la Compañía Neerlandesa de las Indias Occidentales fundó en el valle del río Hudson Nueva Ámsterdam (hoy New York), un asentamiento estratégico que permitiría controlar el comercio de pieles a través del río. En 1653, para protegerse del ataque de los nativos norteamericanos y de los ingleses, los colonos holandeses construyeron en el límite norte de Nueva Ámsterdman un muro de madera y barro. Bueno, lo ordenaron construir, porque los que materialmente lo hicieron fueron los esclavos africanos traídos a la colonia en 1627. Aunque años más tarde los ingleses lo derribaron, el nombre de Wall Street (Calle del Muro) sigue recordando aquel muro. Y no sólo construyeron aquel muro, también despejaron los bosques, construyeron los caminos, los molinos, los puentes, las casas, el muelle, la prisión, la iglesia holandesa y posteriormente la inglesa…

A finales del XVII y comienzos del XVIII, ya en manos de los ingleses y bajo el nombre de New York en honor Jacobo II, rey de Inglaterra y duque York, la ciudad experimentó un rápido crecimiento basado en el trabajo de los esclavos. Viendo que todavía podían sacarles más rendimiento, decidieron entrar de lleno en el negocio del comercio de esclavos. En 1711 el Concejo Municipal de New York aprobó la creación del primer mercado de esclavos de la ciudad, precisamente en Wall Street. Aquel mercado, conocido como Meal Market (Mercado de la Comida) porque también se vendía grano y carne, fue crucial en el comercio transatlántico de esclavos. De hecho, más del 20% de la población de New York eran esclavos.

Los barcos negreros procedentes de África llegaban a New York cargados de esclavos que se vendían como mano de obra, sobre todo para las plantaciones de algodón, y desde allí se distribuía el propio algodón. Lógicamente, las aseguradoras de los barcos, los grandes comerciantes y los bancos que financiaban los viajes y a los terratenientes de las plantaciones debían estar “cerca de sus inversiones“. El 17 de mayo de 1792, a la altura del 68 de Wall Street y bajo un buttonwood (árbol mangle o mangle botón), veinticuatro corredores de bolsa y comerciantes de la ciudad firmaban un acuerdo que sería el germen de la Bolsa de New York. Y para rematar la faena, algunos de los bancos y aseguradoras que hoy en día cotizan en Wall Street, comenzaron sus andanzas “negociando e invirtiendo en el comercio de esclavos“, como Aetna Insurance, J.P. Morgan, Lehman Brothers, Bank of America, Wachovia Bank, Royal Bank of Scotland…

Qué poco han cambiado las cosas en tres siglos…

sábado, 29 de noviembre de 2014

LA ESCLAVITUD SEXUAL EN TIEMPOS DE GUERRA

La ocupación de Corea del Sur por las unidades militares de EE.UU. en los años 50 del siglo XX afectó dramáticamente la historia moderna del país asiático al favorecer la drástica propagación de la prostitución entre las mujeres surcoreanas. Un millón de esclavas sexuales, la mayor víctima de la unión de EE.UU. y Corea del Sur..


En el distrito de Anjeong-ri de la ciudad Pyeongtaek en un edificio viejo situado cerca de la base militar estadounidense de Camp Humphreys viven más de 70 mujeres de edad avanzada que trabajaron como prostitutas para los militares estadounidenses, informa el diario iraní ‘Mashregh‘. Siguen viviendo en este lugar porque no tienen a dónde ir. Pero ahora los propietarios quieren desalojarlas, ya que la base militar de EE.UU. sigue creciendo y las compañías de construcción anhelan enriquecerse con la llegada de las familias de los militares de EE.UU.

Todas estas mujeres se avergüenzan de su pasado, están enfermas y viven en la extrema pobreza. Sin embargo, nadie —ni las autoridades ni la sociedad—  quiere ayudarlas. Al mismo tiempo, las mujeres surcoreanas que durante la Segunda Guerra Mundial fueron esclavas sexuales de los soldados japoneses actualmente reciben una pensión de acuerdo con una ley estatal. Además, la mayoría de los surcoreanos exigen que Japón compense económicamente a estas mujeres y presente una disculpa oficial. Pero en cambio muchas personas en Corea del Sur ni siquiera saben de la existencia de esta localidad donde residen las antiguas prostitutas de los soldados estadounidenses.

El 22 de junio de este año, 122 personas de las que viven en el distrito Anjeong-ri presentaron una queja al Gobierno de Corea del Sur y exigieron una indemnización. Sin embargo, el Tribunal todavía no ha fijado una fecha para la vista de esta demanda.

Después de la guerra entre las dos Coreas en los años 1950-1953, Corea del Sur dependía en gran medida del Ejército de EE.UU. Según algunos investigadores, el Gobierno surcoreano consideraba inevitable utilizar a sus mujeres para satisfacer los caprichos de miles de soldados estadounidenses desplegados en el país. Además, los beneficios de la prostitución tenían una importancia especial para un Estado sumergido en la pobreza: los servicios sexuales de las surcoreanas y el comercio asociado representaban casi el 25% del producto nacional bruto total de Corea del Sur en los años 60.

En 1962, el Gobierno surcoreano declaró los asentamientos adyacentes a las bases militares de EE.UU. “áreas de turismo especial” en los que la prostitución era una actividad legal. En el mismo año solo oficialmente fueron contratadas cerca de 20.000 mujeres en calidad de trabajadoras sexuales. Una de ellas cuenta: “Cuando pienso en mi vida y en las vidas de las mujeres como yo entiendo que fuimos la mayor víctima de la unión de nuestro país con EE.UU. Yo sé que mi cuerpo no me pertenecía a mí, sino al Gobierno de Corea del Sur y al Ejército de EE.UU.”.

Actualmente en el sector de los servicios sexuales en Corea del Sur, según la Asociación de Feministas del país, trabajan más de un millón de personas. De acuerdo con estas estimaciones, una de cada 25 surcoreanas se dedica a la prostitución. De acuerdo con otras estadísticas, una de cada cinco mujeres de entre 15 y 29 años al menos durante un tiempo en su vida trabajó como prostituta.


miércoles, 1 de enero de 2014

EL TRABAJO ESCLAVO COMO PILAR DEL FRANQUISMO

Al apuntar el término 'campo de concentración', el imaginario colectivo aterriza en los centros nazis de exterminio. Pero existe una parada preliminar: el uso del esclavo como pilar fundacional y vertebrador del franquismo. En suelo andaluz, unos 100.000 reclusos pasaron por alguno de los 55 recintos que sortearon la aniquilación física del adversario, como finalidad única, para convertirlos en mano de obra gratuita al servicio de empresas privadas e instituciones públicas.

Caso, paradigmático, del Ayuntamiento de Sevilla por los campos de concentración de El Colector, ubicado en la barriada de Heliópolis, y el de Las Arenas, en la cercana población de La Algaba. En el primero se tiró de trabajo forzado para una obra pública, y será señalizado para honrar la memoria de aquellos esclavos del franquismo. El segundo es una excepción: fue un centro de exterminio donde murió la mitad de su población reclusa.




Un sistema esclavista sin las cifras nazis 

Las cifras en España quedan, según las investigaciones realizadas, lejos del Holocausto provocado por la Alemania nazi y sus fábricas de la muerte. Aún así, el incipiente régimen franquista y la jerarquía circundante acumuló –sin contar los batallones de soldados– medio millón de personas en 180 campos de reclusión. Desde el mismo verano de 1936 se fundó un sistema esclavista, perfeccionado hasta alcanzar su máxima expresión con la creación del Patronato Nacional para la Redención de Penas por el Trabajo (PRPT).

Bien o mal, aquellos enjutos cuerpos apresados servirían incluso para obras faraónicas. Pero no sólo. También llevaron a cabo arreglo de calles, construcción de viviendas, recogida de cosechas o labores domésticas las mujeres, en situaciones no exentas de acoso sexual. Era, apuntan historiadores como José María García Márquez, la explotación planificada de los vencidos.

En estos campos de trabajo, explica García Márquez, "no murieron muchos presos ni tampoco en los batallones de trabajo, es más, murieron muy pocos". "La alimentación evitó esas muertes masivas", una "gran mortalidad" –especifica– que sí se dio en "prisiones, penales, cárceles y en campos de indigentes y mendigos".

Como en Las Arenas. Allí se recogían, cuenta, a "indigentes, mendigos, indocumentados o pobres, en general, que retiraban de las calles de Sevilla". Unos 300 reclusos (en 1941 y 1942) a los que, "sencillamente, los fueron dejando morir de hambre, uno tras otro sin que nadie moviera un dedo". La "escalofriante" cifra de muertos: 144. Un "porcentaje altísimo". Hoy, aquel edificio permanece aislado, en ruinas, cerca de un polígono industrial con el mismo nombre.

El campo de concentración de Heliópolis será señalizado 

De El Colector, sin embargo, no queda ni rastro. Más de 500 esclavos del franquismo construyeron el desagüe municipal de Heliópolis desde unas instalaciones que ocuparon terrenos propiedad de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) y la Autoridad Portuaria de Sevilla, y están cedidos al Consistorio sevillano. Prisioneros que hoy estarían a la sombra del puente del Quinto Centenario y cerca de la dársena del Puerto Este.

Hace años, el movimiento memorialista lanzó una petición –nace del grupo de trabajo de CGT-A– para colocar "una inscripción junto a un pequeño monumento" y honrar a aquellos "presos políticos". Un homenaje que, según fuentes consultadas por eldiario.es/andalucia, ha recibido el visto bueno de CHG y Ayuntamiento de Sevilla y se materializará una vez finalicen las obras del parque en construcción sobre el antiguo cauce del río Guadaíra.
¿Se construyó el régimen franquista sobre la fuerza del trabajo esclavo? "Es indudable", responde García Márquez. Partiendo del objetivo primario "de recluir a todas las milicias republicanas en campos de prisioneros", desde donde eran "clasificados", llegó al "uso masivo de trabajadores a unos costes ínfimos". El sueldo eran 2 pesetas al día y el sistema carcelario descontaba 1,5 en concepto de manutención y vestimenta.

Franco: "no se encontraría régimen tan justo, católico y humano"

Francisco Franco decía en su discurso ante el Consejo Nacional del Movimiento, año 1944: "Si se visitasen los establecimientos penales de los distintos países y se comparasen sus sistemas y los nuestros, puedo aseguraros sin temor a equivocarme que no se encontraría régimen tan justo, católico y humano como el establecido desde nuestro movimiento".

Para el investigador José Luis Gutiérrez Molina, el franquismo tenía tres pilares fundamentales. Uno: el ejército, que como "característica especial del fascismo español" controlaba "todo, desde la justicia hasta la economía". Dos: la corrupción, se trató de "un régimen absolutamente corrupto, desde la altura hasta la base". Y tres: el trabajo esclavo, que beneficia "al Estado franquista y a empresas privadas", convirtiéndose en "elemento vertebrador".

En Andalucía, se dan los primeros campos de concentración y trabajo forzado en zonas donde ya no hay operaciones militares. Hubo trece instalaciones en Granada, once en Córdoba y Sevilla, ocho en Jaén, cuatro en Cádiz y Málaga, tres en Huelva y uno en Almería. Alguno, como el de Los Merinales, con diferentes usos hasta 1956, dos décadas después de iniciada la guerra civil.

Una "empresa", en suma, con fundamento económico y de reeducación mental, al servicio "de lo público y lo privado" y, en palabras de Gutiérrez Molina, muy presente en la "primera orientación autárquica del régimen franquista", un proyecto "concentracionario" –aunque alejado de la "política de exterminio" presente en la denominada por Francisco Espinosa "matanza fundacional"–, sin el que el franquismo "no sería comprensible". Como dice un personaje en la obra Por el río abajo de Alfonso Grosso y Armando López Salinas: "¡Así aprenderán los rojillos a no insultar a los señores!".

Juan Miguel Baquero

sábado, 22 de junio de 2013

LA CORONA ESPAÑOLA Y EL TRÁFICO DE NEGROS, EL GRAN NEGOCIO DE LOS BORBONES

Nada en la historia de la humanidad resulta tan vergonzoso es indignante la trata de esclavos, en el África subsahariana representó la mayor catástrofe de la era moderna. A lo largo de la costa africana se establecieron factorías de esclavistas, si bien fueron los portugueses los pioneros, holandeses, franceses e ingleses pronto participarían en esta salvaje y criminal explotación del hombre por el hombre. Millones de personas eran capturados como animales para servir como esclavos en plantaciones de las potencias europeas, en sus casas o haciendas. El Imperio español al principio permaneció en cierto modo, pero solo en cierto modo, ajeno a esta infamia.


Si bien la esclavitud en España se introduce en tiempos de los reyes católicos, por el tratado de Alcaçovas, mediante el cual España autoriza la venta de esclavos en España. El posterior Tratado de Tordesillas en 1494, impide durante los siglos posteriores el comercio directo de esclavos en colonias desde las costas africanas, a pesar de ello unos años después comienzan a llegar los primeros esclavos a las islas del Caribe, fundamentalmente para los cultivos de caña de azúcar, la excusa una gran epidemia que diezma la población indígena, dejando sin trabajadores indigenas semi-esclavos las islas del Caribe. Esta aberración a pesar del Tratado de Tordesillas fue muy grande, por ejemplo Puerto Rico con menos de 400 españoles, había más de 2000 esclavos. Cien años después de la llegada de los españoles la población indígena había desaparecido del Caribe, siendo reemplazada por población procedente de África.
Es con la llegada de los borbones, cuando dejaron las formas y comenzó España a participar a saco en este criminal comercio, los borbones impusieron su sello personal al imperio y participaron activamente del “negocio”. Felipe V,”El Guarro”, fue el primer Borbón y el primero de los reyes de España en comenzar la moda de hacer negocios sin moral ni ética alguna, como luego se confesaba la iglesia siempre condescendiente con los poderosos le daba la absolución. Pronto firmó un suculento contrato con la Compañía de Guinea, al igual que él, de nacionalidad francesa, se hizo socio criminal de otro Borbón, el rey de Francia Luis XV, por lo cual percibía cada Borbón el 25% de los beneficios de la organización esclavista. Eso sí, todo de manera muy católica, los barcos en los que transportaban la “mercancía” debían ser católicos, así como la tripulación, por eso de que de ese modo los esclavos que no llegase a América, tuviesen la posibilidad de morir por la gracia de Dios.



La sociedad con su primo termino rompiéndose, por el tratado de Utrecht, tampoco le importó mucho al Borbón, pronto formalizó contrato con los ocupantes de Gibraltar y Menorca y creo la Compañía de Comercio, que actuaba de forma conjunta con South Sea, por este acuerdo fueron secuestrados unas 150.000 personas, que fueron vendidas como esclavos en pública subasta en las colonias españolas, en esta operación repartía beneficios con Ana Estuardo, reina de Inglaterra, no vayamos a creer que eran solo unos impresentables los reyes de España, que como decía mi padre, el mejor rey el que no existe.

En esta ocasión, como los ingleses no eran católicos cambiaron las cláusulas, los ingleses más negociantes establecieron que la “mercancía” fuesen hombres, mujeres o niños no debían ser viejos ni defectuosos y tener sus dentaduras completas, por lo cual les miraban los dientes como si fuesen caballos o mulas, los pobres desgraciados eran salvajemente marcados con hierros candentes con los sellos del rey de España y de la compañía inglesa, de la que era socia mayoritaria Ana Estuardo, y diversos lores ingleses.



Está claro que los empresarios si se han podido evitar costes salariales, se los han evitado, de hecho en estos momentos, con la complicidad de la decadente clase política monárquica, de mundo financiero y de esa organización terrorista a la que llaman “Los mercados” van camino de ello, de conseguir mano de obra si no esclava si en precarias, muy precarias condiciones laborales. Así que no es de extrañar que los grandes colonos españoles, los empresarios de la época, presionasen para las grandes plantaciones de café, azúcar o cacao y aunque el Tratado de Tordesillas prohibía el tráfico de esclavos, fueron muchos los empresarios españoles que crearon sus propias compañías de tan criminal comercio.

Con la llegada de la revolución francesa se comienza a tomar conciencia del crimen contra la humanidad que supone la esclavitud, la cual vota en febrero de 1794 la abolición de la esclavitud en las Antillas Francesas, continuando Dinamarca que prohíbe de manera toral el comercio de esclavos, cuatro años más tarde en 1807 Inglaterra hizo lo mismo, pero sin ponerle muchas ganas y no seria hasta 1832 cuando aprueba la abolición del de la esclavitud en las colonias británicas. Los borbones que se habían dado cuenta del gran negocio no renunciaron a ello a pesar de los tratados que firmaban y presiones que recibían del resto de las naciones, no sería hasta la llegada de la primera República Española cuando es abolida la esclavitud en Puerto Rico, pero no en Cuba, donde seria abolida en 1886. Siendo España el último país en participar de manera activa en el tráfico de esclavos fue la última en abolir la esclavitud, por ser una manera de enriquecimiento personal de los borbones y la aristocracia española.
LAS MONEDAS DE JUDAS
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