domingo, 22 de diciembre de 2013

SOCIALISTAS CONTRA EL VOTO FEMENINO

«No utilice falsedades históricas para contestar al Grupo Socialista, como la que se produjo cuando se refirió al voto femenino durante la Segunda República», dijo Elena Valenciano, muy segura de sí misma, a Alberto Ruiz-Gallardón. La indignación de la diputada del PSOE se debía a que el ministro de Justicia aseguraba que, al comenzar la Segunda República, los socialistas tenían una diputada que se negó a votar a favor del voto femenino.

Valenciano y el resto de sus compañeros del PSOE dieron muestras de desconocer la historia de su propio partido, pues la diputada socialista en cuestión, Margarita Nelken, efectivamente fue contraria a otorgar el derecho de sufragio a la mujer en 1931, un año en el que podían ser elegidas, pero aun no electoras. Lo que Gallardón no mencionó en el Congreso sobre este hecho insólito y sonrojante del PSOE es que Nelken no fue la única, sino que hubo otros diputados socialistas y de la órbita republicana y de la izquierda que también se opusieron con fuerza.


En las discusiones parlamentarias sobre la concesión a las mujeres del derecho a votar en las Cortes Constituyentes de 1931, el diputado Hilario Ayuso del Partido Republicano Federal, un grupo que después formaría parte, junto al PSOE, del Frente Popular, propuso una enmienda por la que los varones pudieran votar desde los 23 años, pero las mujeres desde los 45. Un momento clave de la historia de España en el que Partido Republicano Radical (PRR), de fuerte tendencia anticlerical, quiso ir un poco más allá en su oposición y propuso retrasar la votación, por el peligro que creía que suponían para la República que las mujeres ejercieran su derecho al voto.

«La mujer es histerismo»
A partir de este momento, las perlas que se escucharon en el Congreso por parte de algunos diputados de izquierda y de otros de diferentes tendencias socialistas resultarían impensables hoy en día. Desde que «la mujer es histerismo y se deja llevar por la emoción y no por la reflexión crítica» (Roberto Novoa, de la Federación Republicana Gallega), hasta que «el histerismo impide votar a la mujer hasta la época menopáusica» (Hilario Ayuso, del Partido Republicano Federal). O la propuesta del diputado Eduardo Barriobero, del Partido Republicano Democrático Federal, que pedía excluir de dicho derecho a las 33.000 monjas que existían en España.

Lo llamativo de esto es que dos de las tres diputadas que había en el Congreso en 1931, ambas de tendencia socialista, se mostraron en contra de conceder el sufragio a la mujer. Por un lado Nelken, que había ingresado en el PSOE poco antes y que fue la única mujer que consiguió las tres actas parlamentarias durante la Segunda República, y por otro Victoria Kent, diputada del Partido Radical Socialista.

«Es necesario que las mujeres que sentimos el fervor democrático, liberal y republicano pidamos que se aplace el voto de la mujer», aseguró Kent en el Congreso el 1 de octubre de 1931, consiguiendo los aplausos de sus compañeros de partido. Tanto la diputada socialista-radical como Nelken sostenían que la mujer española carecía en aquel momento de la suficiente preparación social y política como para votar responsablemente, debido a que estaban muy influenciadas por la Iglesia y su voto podía ir a parar a los partidos conservadores.

Es decir, que tanto Kent como Nelken no querían que las mujeres votaran porque creían que sus votos no serían para los partidos de izquierdas. Puro oportunismo político que basaban en que un grupo de católicas acababa de entrega un millón y medio de firmas al presidente de las Cortes, pidiendo que «se respetaran los derechos de la Iglesia» en la Constitución.

Clara Campoamor
Frente a ellas, y frente a un buen grupo de otros diputados republicanos y socialistas, incluidos los de su propio partido, se encontraba una figura clave de la historia contemporánea de España: Clara Campoamor. «¿De qué se acusa a la mujer? ¿De ignorancia? Si se trata de analfabetismo, las estadísticas afirman que, desde 1886 a 1910, el número de analfabetos ha disminuido en 48.000 en las mujeres y en menos proporción en los hombres. La curva ha seguido hasta hoy, momento es que la mujer es menos analfabeta que el hombre», contestaba la histórica diputada del Partido Republicano Radical a Victoria Kent, sentenciando que «la mujer fue eliminada de los derechos políticos porque las leyes habían sido detentadas por el hombre». «No olvidéis que nos sois hijos de varón tan solo», les advertía.

Fueron unas sesiones tensas en un congreso que acabó dividido ante esta cuestión. Hubo muchos diputados que defendieron el voto femenino con argumentos como que «la única manera de arrancar a la mujer de las garras del confesionario es concederle el voto», «que esta sabrá separar sus sentimientos religiosos del fanatismo que le impida el ejercicio de sus deberes ciudadanos», «que el voto de la mujer no solo no perjudicará, sino que representará un extraordinario refuerzo para la República» o que, «para que la mujer se vea comprometida con la República, es preciso concederle el voto».

El 1 de octubre de 1931, el derecho al sufragio femenino no solo no fue aplazado, sino que la propuesta de que los hombres votaran al cumplir los 23 años y las mujeres a los 45 no salió adelante. Ambos sexos votarían a los 23 años tras una votación que acabó con 161 votos a favor y 121 en contra.

Durante esta se produjo un curioso incidente que ABC destacaba en sus páginas. Cuando Clara Campoamor iba a votar, una espectadora del Congreso le gritó desde la tribuna: «¡Eso es impropio de una mujer!». Tras llamarle la atención, le preguntaron que por qué criticaba a la diputada defensora del voto femenino, a lo que esta respondió gritando de nuevo, y provocando las risas de los diputados, que «creía que era la Kent».

«Nunca superarán nuestros absurdos»
La diputada radical-socialista hizo un último intento para conseguir que se aplazara el sufragio femenino, presentando dos meses después una disposición transitoria que pedía que las mujeres no votaran en unas elecciones generales hasta haberlo hecho dos veces en unas municipales. La propuesta de Kent fue rechazada, esta vez con un margen mucho más estrecho: 131 votos contra los 127 que representaban, entre otros, gran parte de los diputados del Partido Radical Socialista, todos los parlamentarios de la Agrupación al Servicio de la República –entre los que estaban Ortega y Gasset, Marañón y Ramón Pérez de Ayala, que habían presentado candidatos dentro de la candidatura republicano-socialista–, muchos miembros de la izquierda republicana más radical y la diputada del PSOE Margarita Nelken.

Tras esta votación, el derecho al sufragio femenino fue aprobado finalmente por las Cortes Constituyentes el 9 de diciembre de 1931. Como dijo Wenceslao Fernández Flórez en las crónicas parlamentarias de ABC que le hicieron famoso, «para orgullo de la superioridad masculina estamos seguros de que ellas nunca podrán superar nuestros absurdos».

sábado, 21 de diciembre de 2013

JUZGAR A LOS TORTURADORES : ¿SERA SUFICIENTE?

Según informa la prensa de hoy, el juez de la Audiencia Nacional Pablo Ruz “ha retirado el pasaporte y ha prohibido salir del territorio nacional" al ex inspector Antonio González Pachecho, alias Billy el Niño, y al ex guardia civil Jesús Muñecas Aguilar. Los dos miembros del aparato represor franquista aún vivos, de los cuatro que la juez argentina María Servini de Cubria ha imputado recientemente por el delito de torturas en los últimos años del franquismo, y contra los que ha solicitado una orden internacional de detención. Las medidas impuestas a los dos ex agentes, que incluyen la "obligación de comparecer semanalmente en la Audiencia Nacional o en el juzgado más próximo a su domicilio", han sido decretadas por el juez Ruz "en conformidad con lo solicitado por el fiscal, Pedro Martínez Torrijos". 


La citación de los dos ex mandos policiales franquistas se ha producido después de que el Consejo de Ministros decidiera, el pasado viernes, continuar los trámites legales del proceso de extradición solicitada por la justicia argentina para que la juez Servini de Cubría pueda tomarles "declaración indagatoria". 

Lo ocurrido hoy en la Audiencia Nacional es el resultado de las denuncias presentadas en Argentina, desde 2010, por las familias de las víctimas de la represión franquista ante la falta de progreso de las causas contra estos agentes en España. Un resultado que ha sido posible porque la Justicia argentina ha tomado en consideración el criterio de "justicia universal" utilizado por el juez Baltazar Garzón cuando investigó en España, a finales de la década de los noventa del pasado siglo, a los criminales de las dictaduras de Argentina y de Chile de los años 1976-1983 y 1973-1990 respectivamente.  

Pero también es - como lo ha declarado hoy frente a la Audiencia Nacional una de las víctimas del bestialismo de esos torturadores - un "sueño hecho realidad" que ha sido posible gracias a la obstinación de las asociaciones de represaliados en proseguir las denuncias judiciales en Argentina después del fracaso de la tentativa de hacerlo en España con Garzón.

Un "sueño hecho realidad" que los miembros de la Coordinadora Estatal de Apoyo a la Querella Argentina (CEAQUA) quisieran repetir con el ex ministro Martín Villa. 

¿Se realizará este "sueño"? ¿Serán extraditados a Argentina los dos ex agentes franquistas para que les interrogue la juez Servini de Cubría? ¿Los juzgará y condenará la Justicia argentina?

Por lo sucedido hoy en la Audiencia Nacional, tanto en el despacho del juez Ruz como en la calle, pocas esperanzas pueden alentarse. El hecho de que la juez haya dejado en libertad a los dos ex mandos de la Policía y la Guardia Civil, y que los agentes de la Policía y de la Guardia Civil, que guardaban el edificio, hayan alejado a empujones y con amenazas de multar a los integrantes del grupo de víctimas del franquismo que reclamaba justicia, induce más bien a pensar que ni ese “sueño” se repetirá, ni serán extraditados, juzgados y condenados esos dos ex agentes franquistas.

Además, aunque en los próximos días, semanas, meses o años, ese "sueño" llegara a repetirse y hubiera extradición, juicio y sentencia, sería la Justicia argentina y no la española la que finalmente juzgaría y condenaría (o no) a los torturadores y responsables de la represión franquista que aún queden vivos. Es decir, que tendríamos que asumir la vergüenza de nuestra impotencia por no haber sido capaces de poner fin a la continuidad del franquismo en las Instituciones del Estado.

Desgraciadamente, el que el juez Ruz se haya visto obligado a actuar a petición de la juez argentina evidencia ya esa impotencia. Una impotencia cuya responsabilidad incumbe principalmente a la clase política española que se pretende "progresista": tanto por aceptar este estado de cosas en la oposición como por su cobardía a cambiarlo cuando ejerció funciones de gobierno.

Ante una tal situación, ¿que hacer? 

Por supuesto, todo lo que se haga por recordar y rehabilitar públicamente a las víctimas de la represión franquista tiene su valía y debemos continuar haciéndolo… Lo peor sería enterrar la memoria de su lucha con nuestro silencio... Pero me parece que no se conseguirá preservar esa memoria dejándola en manos de la Justicia (sea la argentina o la española); pues un acto judicial entierra la memoria más que la preserva.

El combate de la memoria no debe ser para castigar, aunque sea simbólicamente. El castigo, y más si es judicial, es una venganza. El objetivo de la memoria debería ser el de interesar a las nuevas generaciones en lo que fue aquella lucha, para que no haya amnesia histórica y los Poderes responsables de aquella tragedia no sigan decidiendo el ordenamiento de la sociedad. 

El recurso a la Justicia, como lo hicimos los libertarios con las demandas de revisión de las sentencias pronunciadas por los tribunales franquistas, era para romper la amnesia impuesta por la “transición” y obligar a los partidos políticos “progresistas” a asumir su responsabilidad… 

El “proceso de memoria histórica” se puso en marcha y esos partidos no supieron ir más lejos de esa cobarde e hipócrita Ley,  parida por un gobierno socialista, que ni siquiera sirve para anular las sentencias franquistas. No obstante, eso demostró que el combate, aunque deba pasar en algún momento por lo judicial, es político y que es a los políticos de asumir la responsabilidad del resultado del mismo. Y a nosotros de obligarles a asumirlo.

Desgraciadamente, la situación es la que es , y por ello se impone ahora, cuando comienza el tiempo de las promesas, de no olvidar lo que esos políticos no tuvieron el valor de hacer cuando tuvieron en sus manos el poder de hacerlo.

Octavio Alberola

EL REY, SU AYUDANTE ARMADA, Y MUGICA

La muerte del general Alfonso Armada, indultado por el Gobierno del socialista Felipe González tras cumplir solo 6 años de los 30 a los que fue condenado, no ha enterrado ni mucho menos la verdad histórica y judicial sobre el golpe de Estado del 23-F. Cada vez más historiadores, investigadores y testigos directos están desvelando que la asonada no se produjo como la contaron sus protagonistas, sino que fue el propio rey Juan Carlos, su ayudante desde 1955, Alfonso Armada (secretario de la Casa del Príncipe Juan Carlos y después, cuando su jefe era ya el monarca, secretario general de la Casa Real) y el dirigente socialista Enrique Múgica (PSOE) quienes urdieron un “Gobierno de concentración” para derrocar a Adolfo Suárez. El problema fue que el autor material, el coronel golpista Antonio Tejero, les salió rana. Y además un operador de TVE dejó encendida una cámara que puso al descubierto la opereta bufa. Para colmo, Armada no consiguió convencer a Tejero de que se le invistiera allí mismo presidente del Gobierno junto con dirigentes de AP, PSOE, PCE, “traidores” de UCD e independientes.




La médico del Congreso, doctora Carmen Echave, escuchó la conversación Armada-Tejero tras una puerta contigua y anotó los nombres que intentaban pactar. Los escribió en su propia agenda para no olvidarse. Es la conocida “lista de los 19”, políticos y militares que, por fidelidad al rey, odio a Adolfo Suárez, ambición o las tres cosas juntas, estaban dispuestos a todo con tal de poder ocupar un sillón ministerial:

– Presidente: general Alfonso Armada
– Vicepresidente para Asuntos Políticos: Felipe González (PSOE)
– Vicepresidente para Asuntos Económicos: J.M. López de Letona (Banca)
–Ministro de Asuntos Exteriores: José María de Areilza (Coalición Democrática)
–Ministro de Defensa: Manuel Fraga Iribarne (Alianza Popular)
–Ministro de Justicia: Gregorio Peces-Barba (PSOE)
–Ministro de Hacienda: Pío Cabanillas (UCD)
–Ministro del Interior: general Manuel Saavedra Palmeiro
–Ministro de Obras Públicas: José Luis Alvarez (UCD)
–Ministro de Educación y Ciencia: Miguel Herrero de Miñón (UCD)
–Ministro de Trabajo: Jordi Solé Tura (PCE)
–Ministro de Industria: Agustín Rodríguez Sahagún (UCD)
–Ministro de Comercio: Carlos Ferrer Salat (presidente de la CEOE)
–Ministro de Cultura: Antonio Garrigues Walker (empresario)
–Ministro de Economía: Ramón Tamames (PCE)
–Ministro de Transportes y Comunicaciones: Javier Solana (PSOE)
–Ministro de Autonomías y Regiones: general José Antonio Sáenz de Santamaría
–Ministro de Sanidad: Enrique Múgica Herzog (PSOE)
–Ministro de Información: Luis María Anson (presidente de la agencia Efe)

La fiabilidad del testimonio de la doctora Echave lo corrobora la periodista Victoria Prego, especializada en la Transición, y lo confirma el periodista Pablo Sebastián, que menciona como Fernando Alvarez de Miranda (UCD) y Alejandro Rojas Marcos (Partido Andalucista) supieron que Felipe González había dado el visto bueno a un “Gobierno de concentración nacional”:

“¿Por qué Felipe González -como lo recuerda Fernando Alvarez de Miranda citando a Adolfo Suárez  y lo ha confirmado Alejandro Rojas Marcos- prefería un Gobierno de concentración nacional presidido por un militar, como el que proponía Armada, en vez del Gobierno de Suárez? ¿Qué pasó entre Armada y Tejero cuando el coronel de la Guardia Civil con el que Armada había preparado el golpe, le negó a Armada su entrada en el Congreso secuestrado porque al parecer la lista del gobierno que traía el exgeneral incluía a socialistas y comunistas?”.

El coronel Martínez Inglés incluye en su libro “La transición vigilada”, retirado del mercado a los 15 días, las únicas declaraciones del general golpista Milans del Bosch sobre esos acontecimientos. Habían coincidido en la misma prisión y el coronel le prometió no divulgarlas hasta después de su muerte. Milans del Bosch dijo: “El rey quiso dar un golpe de timón institucional, enderezar el proceso que se le escapaba de las manos y, en esta ocasión, con el peligro que se cernía sobre su corona y con el temor de que todo saltara por los aires, me autorizó actuar de acuerdo con las instrucciones que recibiera de Armada”.

Afirma que después el general Armada siguió teniendo mucha amistad con el rey, con quien hizo un pacto de silencio: “No acusó a su señor, se calló y estuvo solamente cinco años en la cárcel, después lo indultaron. Sin embargo, el general Milans, un hombre completamente distinto de Armada, no es un hombre de Palacio sino un militar más puro, fue engañado y abandonado, siguió en la cárcel durante nueve años”.

El periodista Jesús Cacho también investigó este asunto en el libro “El negocio de la libertad’. Su colega Rafa Plaza afirma que Cacho lo había entregado a la editorial Plaza y Janés del grupo Berstelsmann, pero le dijeron que lo publicarían si mutilaba 50%. “No queremos problemas”, le comentaron. Lo llevó entonces a la editorial Foca, y el libro ya va en la undécima edición, con 90 mil ejemplares vendidos.

Cacho concluye que “el rey participó en el 23-F, y menciona en el libro un informe escrito y firmado de puño y letra por el general Armada, que confirma lo anterior, así como la carta que escribió antes del juicio, en la cual el general le pide permiso al rey “por el honor de mis hijos y de mi familia, para utilizar, durante el consejo de guerra, parte del contenido de nuestra conversación, de la cual tengo nota puntual, mantenida días antes del golpe, a la vuelta de los reyes del entierro de la reina Federica de Grecia”.

Otros tres testigos más, los coroneles Diego Camacho y Alberto Perote, junto con el propio jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campos, que fue despedido por el rey porque no admitía las continuas tropelías del monarca y se las recriminaba, han dejado testimoniado lo que saben. Con ellos habló o recabó su testimonio el catedrático Roberto Centeno:
“Los golpistas del 23-F fueron víctimas de la fatalidad: el teniente coronel Tejero, encargado de la toma de las Cortes, se negó a obedecer a Armada cuando supo que iba a formarse un Gobierno con socialistas y otras izquierdas de nombre. En una entrevista radiada la pasada semana con el señor Trevijano, el coronel Diego Camacho, del CESID, relató cómo sus jefes estaban dentro del golpe y cómo lo apartaron cuando lo denunció ante su superior el general Calderón, sin saber que formaba parte de la trama. Según este coronel, el Rey dio marcha atrás cuando Armada le comunicó por teléfono que Tejero iba por libre y no le obedecía”.

“Además, el hecho de que la radio y la televisión continuaron transmitiendo, con un energúmeno pegando tiros al aire y el mundo entero viéndolo en directo, hacía el “golpe de timón” absolutamente infumable a nivel internacional”. En otra entrevista realizada en la COPE por César Vidal al coronel Alberto Perote del CESID, que vivió en directo todo el asunto, al preguntarle qué habría pasado si Tejero hubiera obedecido y las cámaras hubieran sido desconectadas, su respuesta fue rotunda: “Armada habría salido del Congreso investido como presidente del Gobierno”.

El jefe de la Casa Real, Sabino Fernández Campos, cuando fue expulsado de su puesto por el Rey, le contó a Trevijano cómo en el libro de visitas al monarca del día 11-F aparecía borrado el nombre de D. Alfonso de Borbón y en su lugar se había puesto el del general Armada, que se presentó de improviso en la Zarzuela, sin conocimiento de su capitán general. Y -continúa el general Fernández Campos- “tratándome como si fuera un soldado”, ante mi sorpresa me exigió: “dígale que estoy aquí y vera cómo me recibe (el Rey) en el acto”, lo que efectivamente sucedió.

Fernández Campos le contó también a Trevijano que, a las tres de la mañana del 24-F, ordenó a un capitán de servicio en la Zarzuela que se presentara en la agencia EFE y retirara el cable enviado por el Rey a Miláns del Bosch en el que le decía “que ya no podía dar marcha atrás”. Se refería a la suspensión de la operación político-militar promovida por la Corona. Miláns del Bosch, que ya había sacado los tanques a la calle, no obedece al Rey al instante, por eso el mensaje del monarca en la televisión no puede emitirse hasta la madrugada. En el 23-F los militares pagaron el pato, todos los condenados menos uno eran militares, aunque en el golpe había mas civiles que militares: “Y con una dignidad y una lealtad digna de mejor causa todos mantuvieron la boca cerrada”

ESPAÑA APESTA A FRANQUISMO

Durante muchos años, hemos escuchado a nuestros políticos hablar sobre lo modélica que fue la Transición de la dictadura a la democracia.  Hoy en día, prácticamente nadie se cree ese cuento falaz y la mayoría de las personas son conscientes de que la Transición dio continuidad al franquismo. En primer lugar, porque no hubo una ruptura con el régimen anterior y en segundo lugar, porque los poderes fácticos que incitaron el golpe de Estado contra la República y ganaron la posterior guerra civil, permanecieron y permanecen hoy en el poder.


El franquismo no murió tras la muerte del dictador Franco. Los partidarios de la continuidad del régimen franquista y quienes lo apoyaron de una forma directa o implícita, iniciaron conversaciones con las fuerzas de oposición antifranquistas, para construir un nuevo modelo de Estado basado en imposiciones.

Fruto de estos acuerdos, los franquistas -incluida la iglesia católica-, garantizaban, consolidaban e incrementaban sus privilegios socioeconómicos conseguidos durante la dictadura. De la misma forma lograron inmunidad, para que no se les juzgara por los crímenes cometidos durante el golpe militar fascista de 1936 y la posterior dictadura. Todo ello, gracias a la aprobación de la Ley de Amnistía de 1977. Así mismo, entronaban a Juan Carlos como rey de España, siguiendo las indicaciones que dio el dictador Franco tras su muerte.

Por su parte, las fuerzas antifranquistas renunciaban la República y aceptaban la monarquía a cambio de una democracia imperfecta y un nuevo sistema de libertades; la legalización de partidos y sindicatos; la amnistía a los presos políticos y el regreso de los exiliados. El PSOE liderado por Felipe González, tuvo que renunciar a la ideología marxista y adaptar su ideología a la socialdemocracia. El PCE liderado por Carrillo, a cambio de su legalización, renunciaba a la restitución de la República, aceptando al rey y la bandera rojigualda. Respecto a los partidos republicanos, se les negó la participación en política y el Gobierno de la República en el exilio, representado por José Maldonado y que fue obligado disolverse por falta de apoyos.

En este sentido, la monarquía sería concebida bajo un régimen a todas luces ilegal y golpista. Posteriormente, se asentaría tras la intentona golpista del 23 de febrero de 1981, ya que el régimen monárquico utilizaría esta infame agresión, para ensalzar la figura del rey. Sobre este siniestro tema hay tantos interrogantes e incógnitas, que algunas personas como Antonio GarcíaTrevijano y altos mandos del ejército como el Coronel Amadeo Martínez Inglés, implican directamente al monarca como organizador del golpe.

De aquellos lodos, tenemos estos barros que todos conocemos: una Jefatura de Estado impuesta y hereditaria. Una Constitución que es papel mojado, porque vulnera la democracia y beneficia los intereses de los mercados. Una Ley Electoral que no es igualitaria y favorece el bipartidismo. Un pueblo que no tiene soberanía, ni poder popular para realizar iniciativas legislativas populares o referéndums vinculantes, sin que estos tengan que pasar la censura del Congreso o el Senado. 

En España se sigue honrando y cultivando la memoria de los asesinos golpistas, quienes todavía conservan honores y privilegios: títulos honoríficos, estatuas, calles, avenidas y plazas dedicadas a preservar su memoria fascista... Incluso el dictador Franco y el falangista Jose Antonio, incomprensiblemente permanecen en el valle de los caídos junto a personas honradas que defendieron la República y fueron asesinadas por estos verdugos del holocausto franquista. Por no hablar de los más de 140.000 republicanos y republicanas asesinados y que aún hoy permanecen enterrados en fosas comunes, esperando a que se les haga justicia y se persiga a los responsables de aquel genocidio. También recordar, los más de 30.000 casos de bebes robados por el franquismo, que siguen sin resolverse. 

A estas vicisitudes que nos avergüenzan como personas, hay que sumarle que en España todavía no se ha ilegalizado, ni juzgado el franquismo. Esto obedece a  tres causas: la primera, como consecuencia de la indiferencia y la pasividad política, de quienes tuvieron la oportunidad y la obligación moral de hacerlo cuando gobernaban y miraron para otro lado. La segunda, porque ilegalizar el franquismo y juzgar la dictadura, pondría a la monarquía en un situación por lo menos comprometida. La tercera, es porque los poderes políticos, que representan a quienes ganaron guerra se niegan a condenar el franquismo e impiden cualquier posibilidad de hacer justicia.

Además de todo esto, tenemos un gobierno de derechas de origen franquista (ver artículo de Eco Republicano), que engaño a sus votantes con un programa electoral fraudulento, que se ha financiado ilegalmente desde hace más de 20 años y que ha aprovechado el poder político, para retroceder -en dos años de gobierno- la mayoría de nuestros derechos consolidados; postergado el llamado estado de bienestar a tiempos que la mayoría de ciudadanos desconocíamos o no hemos vivido. En definitiva, tenemos una democracia imperfecta que irradia y apesta franquismo por todas partes.

Luis Egea

LOS DELITOS DE LAS TRANSNACIONALES

Los seis fines importantes que tienen las organizaciones criminales transnacionales son:

1. Obtener, en el menor tiempo posible, la mayor cantidad de dinero a través de las actividades lícitas e ilícitas

Por supuesto es un objetivo propio y permanente de estas agrupaciones desde su creación, que es causa más que suficiente para que las mafias tengan a sus puertas mano de obra en abundancia dispuesta a trabajar.

La realidad de la globalización neoliberal provoca que existan ejércitos de personas aptas para trabajar, pero que no pueden hacerlo debido a la desigual distribución de riquezas, así como que la desesperación y las necesidades de sustento de las personas van a los brazos de la delincuencia en busca de obtener las posibilidades que la sociedad no puede garantizarles.

2. Corromper las estructuras gubernamentales

Es bien conocido que cuando un Estado está bien organizado y sus instituciones y funcionarios son transparentes y honrados, la lucha contra la delincuencia obtiene resultados alentadores; de ahí que uno de los objetivos de estos grupos sea el de introducirse en las estructuras estatales para soslayar la actividad policial, en primer lugar, y, en segundo lugar, desde las plataformas políticas, dígase parlamentos, partidos políticos y órganos administrativos, coadyuvan a que se logren ámbitos favorables para que se dicten políticas que permitan la ineficacia de los cuerpos de seguridad, así como la promoción de inversiones, venta de negocios y creación de negocios empresariales, entre otras medidas.

3. Destruir los sistemas económicos nacionales

Junto con la acción de zapa, estas organizaciones criminales pretenden destruir los sistemas económicos de las naciones para crear desórdenes sociales y políticos que permitan la impunidad de los delitos típicos de estos grupos, así como que aumenten las necesidades económicas de las personas para tener base popular de apoyo en contra de decisiones estatales que puedan afectar sus intereses.

4. Constituir factores de poder

En la actualidad, las mafias han entrado en un proceso que se ha denominado de “legalización” de sus negocios, lo que se traduce en la utilización de las ganancias acumuladas por los miembros de esas organizaciones para crear empresas legítimas total o parcialmente, que pueden o no servir para las operaciones delictivas directamente o solamente estén destinadas a generar recursos monetarios que permitan de forma indirecta enmascarar las ganancias ilícitas de los delitos.

5. Establecer alianzas

Ya no se trata sólo de crear lazos de apoyo entre asociaciones criminales, sino que se crean alianzas con miembros de partidos políticos para su promoción a altas esferas del Estado en las elecciones, logrando en cambio protección de sus actividades.

También esto ocurre con funcionarios estatales, aun de los órganos policiales y de inteligencia, para establecer pactos en los que los mafiosos pueden continuar con sus operaciones y los mismos se comprometen a eliminar a los opositores políticos de la clase en el poder.

6. Ejercer el poder utilizando cualquier medio

Igual que para desarrollar sus operaciones criminales, las bandas organizadas de delincuentes están dispuestas a utilizar todos los medios a su disposición para eliminar cualquier traba a sus intenciones desde los métodos más sutiles como la extorsión hasta más violentos que van desde la amenaza, hasta el asesinato, tanto de la población civil como de autoridades estatales de toda índole (dígase políticos, jueces, fiscales, policías etc.).


Globalización y delincuencia organizada transnacional. Su esencia como fuente de los delitos de las transnacionales


Cuando transcurre el inicio del nuevo milenio bajo la era de la revolución tecnológica, la delincuencia organizada, como bien decíamos en el acápite de las generalidades, ha trascendido su dimensión nacional para insertarse dentro de las relaciones internacionales, constituyendo junto con la pobreza, el hambre, la guerra y la enfermedad, un quinto jinete del Apocalipsis.El poder que han alcanzado estos grupos permite sustituir al poder estatal, encontrándose en muchas regiones del mundo que la ley que impera es la determinada por los clanes mafiosos, ya sea por la fuerza directa contra los organismos policiales o mediante la complicidad de los mismos que han sido corrompidos.

Pero el problema de la delincuencia organizada transnacional no surge de la nada, en mi consideración tiene determinados factores económicos, políticos y sociales provocados por la globalización, que permiten su crecimiento constante y la obtención de ganancias suficientes que les permite perdurar y subsistir. De los cuales tenemos:

1. La debilidad de las instituciones fundamentales de los Estados

Este es un punto crucial que permite el desarrollo de estos grupos mafiosos, ya que la falta de control estatal, las dificultades a la hora de aplicar las legislaciones nacionales penales, muchas veces obsoletas, crean un caldo de cultivo para que estas asociaciones no sólo se creen y desarrollen, sino que se estratifiquen penetrando en las propias instituciones que deberían combatirlos.

De este modo generalizan la corrupción y la inseguridad ciudadanas, de forma tal que se convierten en un estado dentro del Estado que mueve los hilos de las políticas nacionales, afectando con esas decisiones a la comunidad internacional con la comisión de delitos que trascienden los marcos nacionales.

2. La marginación de importantes sectores en los diferentes grupos sociales

Este punto es un factor clave para la permanencia en el tiempo de este tipo de organizaciones, pues mediante el efecto globalizado de las tecnologías, los sectores laborales, a la vez que se vuelven más especializados y más técnicos, requieren de una gama más amplia de conocimientos y habilidades, infortunadamente, no siempre a la mano de inmensos grupos sociales de extracción humilde, que no encuentran una salida decente a su situación de miseria y abandono de la sociedad.

3. Modificación de sistemas de comercio tradicionales

Esto los impulsa irremediablemente a las manos de estas agrupaciones criminales que les abren posibilidades monetarias superiores a sus expectativas en la vida, de forma directa a la comisión de actividades ilícitas con ganancias jugosas que poseen grandes mercados en distintas regiones del mundo.

4. Flexibilización de las voluntades políticas para combatir este fenómeno

A veces, por determinadas circunstancias propias de cada región, la voluntad del Estado se muestra de cierta manera tolerante con la presencia de estas mafias que pueden, en aras de mantener a salvo de la persecución estatal, prestar ciertos servicios al propio gobierno local y, en no pocas ocasiones, al nacional.

Casos de estos se pueden dar para eliminar a la oposición de contrarios políticos, mantener la estabilidad ante movimientos sociales, instaurar una dictadura tiránica, colaborar con los órganos de inteligencia nacionales, intereses de empresarios, amén de otras prestaciones necesarias.

5. Incremento de los movimientos migratorios

Producto de las desigualdades que se observan en los países subdesarrollados, existe un incremento de los movimientos migratorios, por lo general de personas de escasos recursos, en busca de mejores oportunidades, quienes sirven para beneficio de los grupos organizados transfronterizos en la comisión de delitos transnacionales (recuérdese el tráfico de personas, trata de blancas y de niños, etc.), así como para utilizarlos no sólo como objeto del delito en sí mismos, sino como cómplices y carne de cañón en las operaciones más arriesgadas de ser descubiertas por la policía.

6. Aparición de áreas de libre comercio en diversos lugares del mundo

Las áreas de libre comercio, contrario sensu de su apariencia de inmensas sumas de dinero para inversiones, productos elaborados o eliminación de aranceles crean, por un lado, situaciones de bonanza por la inyección de capitales a la economía del país, pero, por otro, esas inyecciones de recursos monetarios se traducen en la compra de sectores de la economía nacional usualmente sostenedores del Estado, que van a estar a merced de las intenciones de las grandes compañías multinacionales que, a su vez, estarán en disposición de dictar recetas político-económicas, que provoquen una mayor protección de sus intereses en detrimento del Estado, el que debe satisfacer las necesidades de la población.

Por eso habrá más diferencias sociales, los ricos van a ser más ricos y los pobres más pobres, da lugar al desempleo, creando mano de obra para las actividades criminales, sino también facilidades a estas agrupaciones para el libre trasiego por las fronteras de estos países que han firmado estos tratados, que por lo general eliminan disposiciones restrictivas que propician mayores posibilidades de detección de actividades ilícitas, debilitando al Estado, quien no puede cumplir efectivamente en la colaboración internacional contra los delitos transnacionales.

7. Facilidades para ejecutar las operaciones financieras

La denominada “red de redes” (internet), los sistemas computarizados y automáticos modernos y las comunicaciones en general permiten de forma relativamente fácil cometer delitos transnacionales y luego esconder las ganancias dentro de los negocios y recursos financieros legítimos, pero eso no sería totalmente eficiente sin los instrumentos financieros, dentro de los que mencionamos:

-La compra de acciones para su custodia o para ser entregados en garantías de operaciones de inversión.

-Creación de sociedades legales con aportes societarios que llegan a través de transferencias bancarias que avalan la seriedad de los fondos recibidos.

-Avales y garantías para obras públicas, privatizaciones o fideicomisos que permitirán colocar los fondos en el ámbito financiero formal.

-Apertura de ventas a nombre de diferentes sociedades y en diversas monedas con el fin de transferir los fondos constantemente entre ellas.

 8. La velocidad de las transacciones comerciales internacionales

Este punto es uno de los más demostrativos de los efectos de la globalización, pues al agilizarse las comunicaciones se hacen más operacionales las actividades ilegítimas de las cuales se sustentan estos grupos, pues desde cualquier lugar del globo terráqueo no sólo se puede cometer delitos a distancia (2), sino que se puede guardar y ocultar las ganancias de los mismos así como conformar empresas aparentemente legales con el dinero sucio al cual las transacciones comerciales limpian de forma que no pueda probarse su procedencia, es decir, crean agujeros legales que permiten la penetración de estas agrupaciones.

Amén de que los factores anteriormente explicados apoyan de alguna forma u otra la comisión de delitos transnacionales, precisamente estos dos últimos son los que demuestran fehacientemente que los grupos organizados transnacionales constituyen una de las fuentes importantes que tienen los delitos transnacionales.

9. La falta de armonía en la legislación específica nacional e internacional para combatir este fenómeno

Recordado que los delitos transnacionales son aquellos que las legislaciones nacionales, aunque los regulan y castiguen, encuentran muy difícil su persecución no sólo por su repercusión internacional, sino por la falta de armonía de la ley nacional y la internacional, que afecta la colaboración entre los órganos policiales nacionales, así como la homogeneidad unitaria y fuerte de la comunidad internacional en su conjunto.

Por un lado, esto propicia que sea factible para los grupos organizados avocarse al mundo con base a los lugares donde se desarrollen mercados ideales para obtener ganancias y, por el otro, encontrar refugios en contra de la justicia. Ya que éstos, debido al aumento de sus ganancias, la sofisticación de los métodos delictivos y la fortaleza en mayor o menor medida de los órganos de seguridad nacionales se dedican comúnmente a los delitos transnacionales, debido a que son los que más ganancias generan, son de difícil demostración ante las cortes judiciales.

La aplicación de las leyes nacionales en el espacio permite utilizar maniobras técnico-legales para impedir que sean castigados sus autores o cuando son castigados no lo son de manera ejemplar que reeduque al sancionado.

10. La falta de organismos supranacionales para la aplicación de las leyes

Precisamente, la colaboración internacional, a pesar de que estos delitos no pueden considerarse dentro de esta clasificación, que sólo requiere estos organismos supranacionales para una mejor coordinación de las agencias de policía que combaten estos delitos.

Las dificultades que mencioné en el acápite anterior nos dan una medida de la necesidad de crear estas asociaciones, por decirlo de algún modo, entre países, de acuerdo a las regiones involucradas y al movimiento del crimen organizado transnacional en esas zonas, pues, al igual que las realidades de los países, las mafias, aun las que tienen carácter transnacional, poseen características propias que las hacen más vulnerables a determinadas tácticas policiales, además de los modus operandi y la naturaleza de las actividades a que se dedican crean brechas dentro de la ley de silencio de estos grupos, además de la compartimentación de las actividades a las que se dedican.



Figuras típicas de delito transnacionales cometidos por el crimen organizado transfronterizo.


El caso particular del lavado de dinero

El tráfico personas como figura clásica de los delitos transnacionales

El  fenómeno de la globalización, junto con los modelos económicos impuestos por los países subdesarrollados, crea niveles de desigualdad, no sólo entre las naciones, sino entre las personas dentro de los estados nacionales, lo que provoca un constante flujo migratorio de personas necesitadas en busca de mejores posibilidades de sustento para mantener a sus familias, por lo general numerosas.

De ahí que las mafias se organicen a nivel internacional para cometer de manera eficiente esta actividad delictiva, dado el nivel de organización y la gran cantidad de personas a desplazar de este mercado tan lucrativo que, como dice el senador y especialista italiano en temas tan candentes y actuales como el tráfico de drogas y el crimen organizado, Pino Arlacchi, “el tráfico de seres humanos es el mercado criminal más floreciente del mundo. Y, sin que nos quede dudas, los niños junto a las mujeres son la mercadería por excelencia en esta lucrativa industria”.

Según la Organización Internacional del Trabajo (oit) hay cinco redes internacionales de trata de niños: de América Latina a Europa y Oriente Próximo; de Asia Meridional al norte de Europa y Oriente Próximo, otro mercado regional europeo, uno árabe y otro en África Occidental.

Otro informe, esta vez de la Organización Internacional para las Migraciones (iom), sostiene que las bandas criminales que operan en todos los continentes se dieron cuenta que el tráfico de personas es más lucrativo que el de las drogas. Además, como buenos “hombres de negocios” (businessmen) (3) que son, a menudo combinan ambas cosas para obtener mayores éxitos pecuniarios.

La Unicef sostiene que son más de un millón las mujeres y niños vendidos anualmente en todo el mundo, 35 por ciento de ellos son menores de 18 años y provenientes en su gran mayoría de las zonas rurales de los países más pobres.

Actualmente existe una cruda realidad, la transportación de “carne” de un país o un continente a otro se ha convertido en un negocio tan rentable que aporta billones de dólares anuales a nivel planetario a quienes lo sustentan. Como dato que nos llama la atención se encuentra el que cada año más de 20 mil niños de los países pobres de América Latina son adoptados por parejas provenientes de Estados Unidos, Canadá y Europa, quienes luego los transportan hacia otras realidades.

Estas operaciones, en su gran mayoría de carácter ilícito, reportan a los traficantes más de 200 millones de dólares anuales. Se trata de un tema polémico, porque, aunque estas adopciones internacionales son bien vistas por algunos sectores sociales que consideran una ventaja pasar de hijos pobres a familias pudientes, se conoce que entre el 6 y el 10 por ciento de estos infantes cumplen las labores domésticas de sus padres adoptivos y, en no pocas ocasiones, engrosan las cifras de la prostitución infantil, el tráfico de órganos e, incluso, la mano de obra esclava.

Realizamos indagaciones sobre el procedimiento utilizado, que varía en diferentes modalidades, primando el de hacer amistad con las víctimas y sus familiares, derritiéndose en falsas promesas o el acoso a las madres indigentes en los barrios marginales, hospitales, terminales de ómnibus y otros lugares públicos. Obtienen la “presa” mediante el pago de una suma modesta, la llevan a lo que se conoce por “casas de engorde” y luego la revenden hasta por 30 mil dólares.

Para ilustrar sobre lo lucrativo de la empresa y las ganancias que se obtiene por la compra a bajos precios y las ganancia obtenidas, recurrimos al caso de Nepal, Asia, donde 10 mil menores de entre 9 y 16 años son vendidos con destino a prostíbulos de Bombay a un precio que es mucho menor a los de un búfalo o a un aparato de vídeo.

En la Argentina postmoderna y globalizada, cada año son vendidos y exportados clandestinamente unos 250 mil infantes, los precios oscilan de acuerdo al color de la piel, los ojos y el pelo de los pequeños.

Notas

1. Recuérdese el caso de la Comunidad de Inteligencia de Estados Unidos durante los años de la Segunda Guerra Mundial, en los que, a cambio de no perseguir a las asociaciones mafiosas, ésta se comprometió a resguardar los puertos de la nación norteamericana contra sabotajes de la Alemania Nazi.

2. Recuérdese los delitos informáticos que han alcanzado en la presente época una preponderancia a la hora de realizar actividades delictivas de cuello blanco con efectos transnacionales.

3. Williams B, Edwin, The Williams Spanish Dictionary, Ed. MacGraw Hill Inc., 1978, del Inglés bussinesman, “hombre de negocios”, comerciante.

Es licenciado en Derecho con Diploma de Oro por la Universidad de La Habana, Cuba, en 2008. Profesor de Derecho Procesal Penal de La Facultad de Derecho de la Universidad de La Habana, Juez Profesional Suplente No Permanente del Tribunal Provincial Popular de La Habana, Cuba, especializado en Ciencias Penales y Criminológicas por la Facultad de Derecho de La universidad de La Habana.

Tomado de: ambito-juridico.com.br

EL JEFE DE LA GESTAPO SUPUESTAMENTE ENTERRADO EN BERLIN

Un día después del suicidio de Adolf Hitler, el 1 de mayo de 1945, Heinrich Müller, el jefe de la Gestapo, la policia secreta de la Alemania nazi, y uno de los arquitectos del Holocausto en la Conferencia de Wannsee (20 de enero de 1942),  fue visto por última vez en el búnker de la Cancillería de Berlín. Nunca más se supo de él, lo que impulsaría toda clase de teorías durante los siguientes años, desde que huyó a Argentina u otro país de Sudámerica, como hicieron otros nazis, hasta que fue reclutado por los servicios de inteligencia de la URSS o incluso de EEUU y Gran Bretaña.

Buscado durante años por el Mosad y EE.UU tras su desaparación, un día después del sucidio de Adolf Hitler, se teorizaba sobre su posible huida después de la caída del III Reich. Un nuevo estudio reclama que murió en Berlín ese mismo día y fue enterrado en un cementerio judío


Un caso similar al de Martin Bormann, jefe administrativo del partido nazi y presidente de la Cancillería, además de secretario personal de Adolf Hitler, quien también salió del búnker ese día y fue visto por última vez en las vías del tren de la estación Lerther. Su cuerpo, a pesar del testimonio de Artur Axmann, que dijo haber visto su cadáver en las vías, no se encontró nunca. 

En la época inmediatamente posterior a la guerra algunas personas dijeron haber visto a Müller en Sudámerica, y en otros lugares, informes que llevaron siempre a un callejón sin salida, pero que sirvieron para que durante años estuviera en el punto de mira de los servicios de inteligencia de Israel -el Mosad-,  la Oficina de Investigaciones Especiales de EE.UU -como demostrarían varios documentos desclasificados- y más tarde en la lista del centro Simon Wisenthal de criminales de guerra nazis, hasta que por su edad se le consideró fallecido. 

Durante todos esos años, Heinrich Müller se convirtió  en uno de de los personajes del Tercer Reich junto a Bormann y el Dr Josef Mengele más retratados en la ficción -todos ellos teóricamente vistos en diversos lugares-.

Varias novelas teorizaron sobre las posibilidades más habituales: que hubiera escapado a Sudámerica -El mandato Jericó, 1979, de JamesPatterson- o que hubiera sobrevivido a los últimos días del Reich ejerciendo como espía de la URSS, como en Requiém alemán (1991) -editado por RBA en España en 2009- de la trilogía del escocés Phillip Kerr,  Berlín Noir, o que hubiera trabajado incluso brevemente para el MI5 británico como en la novela El Informe Müller -editorial Umbriel, 2013- del  escritor español Antonio Manzanera.

Pero Heinrich Müller no llegó tan lejos, apenas a unos pocos metros del búnker de la Cancillería de Berlín en donde Adolf Hitler pasó los últimos días junto a su gabinete antes de suicidarse el 30 de abril de 1945, ante la invasión del Ejército Rojo.  

Así lo expone una investigación de Johannes Tuchel, director del centro de la Memoria de la Resistencia Alemana en Berlín, publicado por el diario alemán Bild, en el que se detalla el destino final de Heinrich Müller, que no fue un retiro en Argentina u otro páis de sudámerica, ni un pasaporte para trabajar como agente secreto de la URSS o EE.UU.

Müller murió cerca de los cuarteles de la Lufftwaffe poco después de salir del búnker, probablemente tras cometer suicidio, la otra explicación que quedaba, donde fue enterrado en una tumba improvisada.

Según los nuevos datos aportados por Tuchel, el cuerpo de Müller fue encontrado por una cuadrilla de limpieza que retiraba cadáveres de la ciudad  tres meses después de que se desmoronase el Tercer Reich y fue trasladado a una fosa común en un cementerio judío.

Aunque no se ha identificado el cuerpo, los documentos hallados, entre los que se encuentra la identificación del cádaver como el del  jefe de la Gestapo por parte de uno de los enterradores que trasladó el cuerpo al cementerio judío, situado entonces en la zona del Berlín este controlada por los soviéticos, avalan esta teoría.

A falta de pruebas científicas concluyentes, la investigación de Johannes Tuchel apuntala la posibilidad menos novelesca y quizás una de las más plausibles, que no apareciera nunca porque sencillamente murió inmediatamente después del colapso del Tercer Reich y su cuerpo quedó sin identificar propiamente durante el caos de la caída de Berlín.

No obstante, el Dr Effraim Zuroff, director de la oficina de Jerusalén del centro Simon Wiesenthal y encargado del programa para encontrar a los antiguos nazis advierte que a menudo los ex jefes del Tercer Reich simularon su muerte con documentos falsos y que utilizaron sus uniformes con otros cádáveres para que fuera más creíble.

Julio MARTÍN ALARCÓN

MAASTRICHT Y LA IMPOSIBILIDAD DE DEVALUAR LA MONEDA DE UN PAIS


El Tratado de la Unión Europea (TUE) o Tratado de la Unión es el sustrato político principal de toda la Unión. El Tratado de la Unión Europea, firmado en la ciudad holandesa de Maastricht el 7 de febrero de 1992, entró en vigor el 1 de noviembre de 1993, fue concebido como la culminación política de un conjunto normativo formado por los tratados preexistentes, denominados pilar comunitario, al que el TUE venía a añadir otros dos pilares político-jurídicos de nuevo cuño, que él mismo regulaba: la política exterior y de seguridad común y los asuntos de justicia e interior o tercer pilar. Popularmente es conocido como Tratado de Maastricht.



Voy a tratar solamente un aspecto, concretamente el económico. Y más especificamente el Banco Central Europeo y el euro. Hasta que entró en vigor este tratado, los Bancos Centrales de cada estado podían financiar a los gobiernos. En ese Tratado, el artículo 104 de dice:

CHINA: AUGE, CAIDA Y RESURGIMIENTO COMO POTENCIA GLOBAL

Los estudios sobre la potencia mundial aparecen contaminados de la visión de los historiadores eurocéntricos, que distorsionaron e ignoraron el papel dominante que China jugó en la economía mundial entre 1100 y 1800. La brillante investigación histórica sobre la economía mundial a lo largo de ese período realizada por John Hobson  proporciona una abundancia de datos empíricos que defienden la superioridad económica y tecnológica de China sobre la civilización occidental durante buena parte del milenio referido antes de su conquista y decadencia en el siglo XIX.

La reaparición de China como potencia económica mundial plantea importantes preguntas sobre qué podemos aprender de su anterior auge y caída y sobre las amenazas externas e internas a las que puede enfrentarse esta superpotencia económica emergente en el futuro inmediato.




En primer lugar, vamos a trazar los contornos principales del auge histórico de China hasta su superioridad económica global sobre Occidente antes del siglo XIX siguiendo estrechamente el relato de John Hobson en The Eastern Origins of Western Civilization. Debido a que la mayoría de los historiadores económicos occidentales (liberales, conservadores y marxistas) han presentado a la China histórica como una sociedad estancada, atrasada y provinciana, un “despotismo a la oriental”, es preciso hacer ciertas detalladas correcciones. Y es especialmente importante subrayar cómo China, la potencia tecnológica mundial entre 1100 y 1800, hizo posible la aparición de Occidente. Fue solo tomando prestadas y asimilando las innovaciones chinas que Occidente pudo llevar a cabo la transición al capitalismo moderno y a las economías imperialistas.

En segundo lugar, analizaremos y discutiremos los factores y circunstancias que llevaron a la decadencia china en el siglo XIX y su consiguiente dominación, explotación y pillaje por parte de los países imperiales occidentales, primero Inglaterra y después Europa, Japón y los EEUU.

En tercer lugar, señalaremos brevemente los factores que llevaron a la emancipación china del dominio colonial y neocolonial y analizaremos su reciente auge hasta convertirse en la segunda mayor potencia económica global.

Finalmente, consideraremos las amenazas pasadas y presentes al auge de China como potencia económica global, subrayando los parecidos entre el colonialismo británico de los siglos XVIII y XIX y las actuales estrategias imperialistas de EEUU, centrándonos en las debilidades y fortalezas de las pasadas y presentes respuestas chinas.


China: Auge y consolidación como potencia global (1100-1800)


En un formato comparativo sistemático, John Hobson proporciona una abundancia de indicadores empíricos que demuestran la superioridad económica global de China sobre Occidente y, en particular, sobre Inglaterra. Estos son algunos de los hechos destacados:

Ya en el año 1078, China era el mayor productor de acero (125.000 toneladas); mientras que Gran Bretaña produjo, en 1788, 76.000 toneladas. Y China estaba a la cabeza del mundo en innovaciones técnicas para la fabricación de textiles siete siglos antes de la “revolución textil” del siglo XVIII de Gran Bretaña.

China era la principal nación en el sector comercial, con un comercio a larga distancia que llegaba hasta la mayor parte del Sur de Asia, África, Oriente Medio y Europa. La “revolución agrícola” y la productividad superaron las de Occidente hasta el siglo XVIII.

Sus innovaciones en la producción de papel, imprenta, armas de fuego y herramientas la convirtieron en una superpotencia manufacturera cuyos productos se transportaban por todo el mundo a través del más avanzado sistema de navegación. China poseía el mayor número de barcos comerciales en el mundo. En 1588, los buques ingleses más grandes desplazaban alrededor de 400 toneladas, los de China 3.000 toneladas. Incluso hasta finales del siglo XVIII, los comerciantes chinos disponían de 130.000 buques privados de transporte, varias veces los de Gran Bretaña. China conservó su posición preeminente en la economía mundial hasta principios del siglo XIX.

Los fabricantes británicos y europeos seguían el ejemplo de China, asimilando y adoptando sus más avanzadas tecnologías y estaban ansiosos por penetrar en el avanzado y lucrativo mercado chino.

La banca, la economía con papel moneda estable, la industria manufacturera y los altos rendimientos en la agricultura hicieron que el ingreso per capita de China igualara el de Gran Bretaña en 1750.

La posición global dominante de China se vio desafiada por el auge del imperialismo británico, que había adoptado las avanzadas innovaciones tecnológicas, de navegación y mercado de China y otros países asiáticos a fin de eludir las primeras etapas para llegar a convertirse en una potencia mundial .

El imperialismo de Occidente y la decadencia de China

La conquista imperial británica y occidental del Oriente se basó en la naturaleza militarista del estado imperial, en sus no recíprocas relaciones económicas comerciales con los países de ultramar y en la ideología imperial occidental que motivó y justificó las conquistas en el exterior.

A diferencia de China, fue la política militar la que impulsó la revolución industrial británica y la expansión exterior. Según Hobson, durante el período 1688-1815, Gran Bretaña estuvo implicada en guerras durante el 52% de ese período. Mientras que los chinos confiaban en sus mercados abiertos y en su producción superior y sofisticadas técnicas bancarias y comerciales, los británicos acudieron a la protección arancelaria, a la conquista militar, a la destrucción sistemática de empresas competitivas extranjeras, así como a la apropiación y saqueo de recursos locales. El predominio global chino se basaba en “beneficios recíprocos” con sus socios comerciales, mientras que Gran Bretaña dependía de ejércitos mercenarios de ocupación, de la represión salvaje y de la política de “divide y vencerás” para fomentar rivalidades locales. Frente a la resistencia de los nativos, los británicos (así como otras potencias imperiales occidentales) no dudaron en exterminar a comunidades enteras.

Incapaces de apoderarse del mercado chino a través de la competitividad económica, Gran Bretaña se apoyó en un poder militar brutal. Movilizó, armó y envió mercenarios, desde sus colonias en la India y más lugares para forzar a China a aceptar sus exportaciones e imponer tratados injustos con tarifas más bajas. Como consecuencia, China se vio inundada del opio británico producido en las plantaciones británicas en la India, a pesar de las leyes chinas que prohibían o regulaban la importación y venta de narcóticos. Los gobernantes chinos, acostumbrados desde hacía mucho tiempo a su superioridad manufacturera y comercial, no estaban preparados ante las “nuevas normas imperiales” para hacerse con el poder global. La disposición de Occidente a utilizar el poder militar para establecer colonias, saquear recursos y reclutar ejércitos inmensos de mercenarios dirigidos por oficiales europeos anunció el fin de China como potencia mundial.

China había basado su predominio económico en la “no interferencia en los asuntos internos de sus socios comerciales”. En cambio, los imperialistas británicos intervinieron violentamente en Asia, reorganizando las economías locales para ajustarlas a las necesidades del imperio (eliminando los competidores económicos, incluidos los más eficientes fabricantes indios del algodón) y se apropiaron del control del aparato político, económico y administrativo para establecer el estado colonial.

El imperio británico se construyó con los recursos saqueados a las colonias y mediante la militarización masiva de su economía. Fue así como pudo afianzar la supremacía militar sobre China. La excesiva confianza de las elites gobernantes chinas en las relaciones comerciales obstaculizó su política exterior. Las elites de comerciantes y funcionarios chinos trataron de apaciguar a los británicos y convencer al emperador de que hiciera devastadoras concesiones extraterritoriales abriendo mercados en detrimento de los fabricantes chinos, a la vez que renunciaban a la soberanía local. Como siempre, los británicos favorecieron las revueltas y rivalidades internas desestabilizando aún más el país.

La penetración y colonización británica y occidental del mercado chino creó toda una nueva clase: Los “compradores” chinos ricos importaban productos británicos y facilitaban la apropiación de los mercados y recursos locales. El pillaje imperialista forzó la explotación, además de mayores impuestos, de las grandes masas de campesinos y trabajadores chinos. Los gobernantes de China se vieron obligados a pagar las deudas de la guerra y los déficits financieros comerciales impuestos por las potencias imperiales occidentales exprimiendo a su campesinado. Esto provocó hambre y revueltas entre los campesinos.

A primeros del siglo XX (menos de un siglo después de las Guerras del Opio), China había descendido de potencia económica mundial a convertirse en un destrozado país semicolonial con una inmensa población indigente. Los puertos principales estaban controlados por los funcionarios de las potencias occidentales y el campesinado estaba sometido al dominio de corruptos y brutales señores de la guerra. El opio británico esclavizó a millones de seres.

Los académicos británicos: Excelentes apologistas de la conquista imperial

Toda la profesión académica occidental –sobre todo los historiadores imperiales británicos- atribuyeron el dominio imperial británico de Asia a la “superioridad tecnológica” inglesa y la miseria y status colonial de China al “atraso oriental”, omitiendo cualquier mención al milenio de progreso y superioridad técnica y comercial de China hasta comienzos del siglo XIX. A finales de la década de 1920, con la invasión imperial japonesa, China dejó de existir como país unificado. Bajo la égida del dominio imperial, cientos de millones de chinos habían muerto de hambre o habían quedado desposeídos o masacrados. Toda la elite compradora “colaboracionista” china había quedado desacreditada a los ojos del pueblo chino.

Lo que quedó en la memoria colectiva de la gran masa del pueblo chino –totalmente ausente de los relatos de los prestigiosos académicos estadounidenses y británicos- fue la sensación de que China había sido en otro tiempo una potencia mundial próspera, dinámica e importante. Los comentaristas occidentales rechazaban esa memoria “colectiva” de la supremacía china como las locas pretensiones de una realeza y señores nostálgicos: la vana arrogancia Han.

China emerge de las cenizas de la humillación y el saqueo imperialistas: La revolución comunista china

El auge de la China moderna hasta convertirse en la segunda mayor economía mundial fue posible solo a través de los éxitos de la revolución comunista china de mediados del siglo XX. El Ejército Rojo de Liberación Popular derrotó primero al invasor ejército imperialista japonés y después al ejército nacionalista del Kuomintang, al que apoyaba el imperialismo estadounidense. Esto permitió reunificar China como estado soberano independiente. El gobierno comunista abolió los privilegios extraterritoriales de los imperialistas occidentales, puso fin a los feudos territoriales de los señores de la guerra y gángsteres regionales y expulsó a los millonarios propietarios de burdeles, a los traficantes de mujeres y drogas así como a otros “proveedores de servicios” al Imperio Europeo-Estadounidense.

La revolución comunista forjó el moderno estado chino en todos los sentidos. Los nuevos dirigentes procedieron entonces a reconstruir una economía arrasada por las guerras imperiales y saqueada por los capitalistas japoneses y occidentales. Después de 150 años de infamia y humillación, el pueblo chino recuperó su orgullo y dignidad nacionales. Los elementos socio-psicológicos eran esenciales para motivar a los chinos en la defensa de su país ante los ataques, sabotajes, boicots y bloqueos orquestados por EEUU inmediatamente después de su liberación.

A diferencia de lo que dicen los economistas neoliberales chinos y occidentales, el crecimiento dinámico de China no empezó en 1980. Empezó en 1950, cuando la reforma agraria proporcionó tierra, infraestructuras, créditos y asistencia técnica a cientos de millones de campesinos destituidos y trabajadores rurales sin tierras. Mediante lo que ahora se llama “capital humano” y una movilización social gigantesca, los comunistas construyeron carreteras, aeropuertos, puentes, canales y vías férreas así como industrias básicas, como la del carbón, hierro y acero, para formar la columna vertebral de la economía moderna china. Los inmensos sistemas sanitario y educativo gratuitos de la China comunista crearon una fuerza de trabajo saludable, educada y motivada. Su ejército, altamente profesional, impidió que EEUU extendiera su imperio militar a través de la península de Corea hasta las fronteras territoriales chinas. Al igual que los académicos y propagandistas occidentales del pasado fabricaron una historia acerca de un imperio “estancado y decadente” para justificar sus destructivas conquistas, de la misma forma sus homólogos modernos han vuelto a escribir los primeros treinta años de la historia comunista china, negando el papel de la revolución en el desarrollo de todos los elementos esenciales para un estado, una sociedad y una economía modernas. Está claro que el rápido crecimiento económico de China se basó en el desarrollo de su mercado interno, en el rápido crecimiento de su equipo de científicos, técnicos y trabajadores bien formados y en la red de seguridad social que protegió y promovió la movilidad de la clase trabajadora y campesinado, todo ello producto de la planificación e inversiones chinas.

El auge de China como potencial global empezó en 1949 con la eliminación de las parásitas clases financieras, compradoras y especulativas que habían servido de intermediarias para los imperialistas europeos, japoneses y estadounidenses que despojaron a China de sus grandes riquezas.


La transición de China al capitalismo

A principios de 1980, el gobierno chino inició un cambio drástico en su estrategia económica: Durante las tres décadas siguientes, abrió el país a la inversión exterior a gran escala; privatizó miles de industrias y puso en marcha un proceso de concentración de la renta basado en una deliberada estrategia de recrear una clase económica dominante de multimillonarios vinculados a capitalistas extranjeros. La clase política gobernante china abrazó la idea de “prestar” conocimientos técnicos y el acceso a los mercados de ultramar de firmas extranjeras a cambio de proporcionar abundante mano de obra barata al coste más bajo. El estado chino desvió subvenciones públicas masivas a promover un alto crecimiento capitalista desmantelando su sistema nacional de educación y sanidad públicas gratuitas. Acabaron con la vivienda pública subvencionada para cientos de millones de campesinos y trabajadores de fábricas urbanas y proporcionaron financiación a los especuladores inmobiliarios para la construcción de apartamentos privados de lujo y rascacielos de oficinas. La nueva estrategia capitalista de China, así como su crecimiento de dos dígitos, se basaron en los profundos cambios estructurales y en las masivas inversiones públicas del anterior gobierno comunista. El despegue del sector privado de China se llevó a cabo en base a los inmensos desembolsos públicos hechos a partir de 1949.

La nueva clase capitalista triunfante y sus colaboradores occidentales reclamaron todo el crédito posible para este “milagro económico” mientras China se convertía en la segunda mayor economía mundial. Estas nuevas elites chinas han estado menos dispuestas a anunciar el estatus de primera categoría de China a partir de las brutales desigualdades de clase, rivalizando solo con EEUU.

China: De la dependencia imperial al competidor mundial de primer orden

El sostenido crecimiento chino en el sector manufacturero fue consecuencia de inversiones públicas altamente concentradas, altos beneficios, innovaciones tecnológicas y un mercado interno protegido. Aunque el capital extranjero obtuvo beneficios, fue siempre dentro del marco de las prioridades y reglamentaciones estatales chinas. La dinámica del régimen de la “estrategia de exportación” ha creado inmensos excedentes comerciales, que finalmente han hecho de China uno de los mayores acreedores del mundo, especialmente de deuda estadounidense. Para mantener sus dinámicas industrias, China ha necesitado de entradas inmensas de materias primas, lo que ha motivado inversiones exteriores a gran escala y acuerdos comerciales con países exportadores de agro-minerales en África y Latinoamérica. En 2010, China desplazó a EEUU y Europa como principal socio comercial de muchos países de Asia, África y Latinoamérica.

El ascenso de la China moderna a potencia económica mundial, como su predecesora entre 1100 y 1800, se ha basado en su gigantesca capacidad productiva: el comercio y la inversión se han regido por una política de estricta no interferencia en las relaciones internas de sus socios comerciales. A diferencia de EEUU, China no inició guerras brutales por el petróleo; en cambio firmó contratos lucrativos. Y China no combatió guerras en interés de los chinos de ultramar, como EEUU ha hecho en Oriente Medio a favor de Israel.

El aparente desequilibrio entre el poder económico y militar de China contrasta de forma aguda con EEUU, donde un imperio militar inflado y parasitario continúa socavando su propia presencia económica global.

El gasto militar de EEUU es doce veces el de China. Cada vez más, el ejército de EEUU juega un papel clave a la hora de moldear la política en Washington mientras trata de debilitar el ascenso de China a potencia global.

El ascenso de China a potencia mundial: ¿se repetirá la historia a sí misma?

China ha estado creciendo a un 9% por año y sus productos y servicios están aumentando rápidamente en calidad y valor. En cambio, EEUU y Europa llevan revolcándose en un crecimiento 0% desde 2007 a 2012. El innovador establishment tecno-científico chino asimila rutinariamente los inventos más recientes de Occidente (y Japón) mejorándolos, rebajando por tanto los costes de producción. China ha sustituido a las “instituciones financieras internacionales” controladas por EEUU y Europa (el FMI, el Banco Mundial, el Banco de Desarrollo Interamericano) como principal prestamista en Latinoamérica. China continúa estando a la cabeza como principal inversor en los recursos mineros y energéticos de África. China ha sustituido a EEUU como principal mercado para el petróleo iraní, sudanés y saudí y pronto sustituirá a EEUU como principal mercado para los productos petrolíferos venezolanos. En la actualidad, China es el mayor exportador y fabricante de manufacturas del mundo, dominando incluso el mercado estadounidense, mientras juega el papel de salvavidas financiero al poseer alrededor de 1.300 billones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense.

Bajo las crecientes presiones de sus trabajadores y campesinos, los gobernantes chinos han estado desarrollando el mercado interno aumentando los salarios y el gasto social para reequilibrar la economía y evitar el espectro de la inestabilidad social. En cambio, los salarios y servicios públicos vitales de EEUU han disminuido de forma aguda en términos absolutos y relativos.

Teniendo en cuenta las tendencias históricas actuales, está claro que China sustituirá a EEUU como principal potencia económica mundial en la próxima década si el imperio estadounidense no contraataca y si las profundas desigualdades de clase chinas no provocan importantes agitaciones sociales.

El ascenso de la China moderna a potencia global enfrenta serios desafíos. A diferencia del histórico ascenso chino a nivel mundial del pasado, el poder económico global moderno chino no va acompañado de ninguna empresa imperialista. China ha quedado seriamente rezagada detrás de EEUU y Europa en cuanto a la capacidad agresiva de hacer la guerra. Quizá esto ha permitido a China dirigir recursos públicos a maximizar el crecimiento económico, pero ha dejado a China en situación vulnerable ante la superioridad militar estadounidense frente a su arsenal masivo, su red de bases de avanzada y sus posiciones geomilitares y estratégicas justo frente a la costa china y en los territorios colindantes.

En el siglo XIX, el imperialismo británico echó abajo la posición global china con su superioridad militar, apropiándose de los puertos chinos, debido a la confianza de China en su “superioridad mercantil”.

La conquista de la India, Birmania y la mayor parte de Asia permitió a los británicos establecer bases coloniales y reclutar ejércitos mercenarios locales. Los británicos y sus mercenarios aliados cercaron y aislaron a China, preparando el camino para perturbar los mercados chinos e imponer condiciones brutales a su comercio. La presencia armada del Imperio británico dictó lo que China tenía que importar (con el opio alcanzando el 50% de las exportaciones británicas en la década que se inició en 1850) mientras socavaban las ventajas competitivas de China a través de políticas arancelarias.

Hoy en día, EEUU está siguiendo políticas parecidas: La flota naval estadounidense patrulla y controla las rutas marítimas comerciales chinas y los recursos petroleros extraterritoriales a través de sus bases en el exterior. La Casa Blanca de Obama-Clinton está en proceso de desarrollar una respuesta militar rápida que implicará a sus bases en Australia, Filipinas y otros lugares de Asia. EEUU está intensificando sus esfuerzos para socavar el acceso exterior de China a los recursos estratégicos mientras se dedica a apoyar “bases” de separatistas e “insurgentes” en el oeste de China, Tibet, Sudán, Birmania, Irán, Libia, Siria y otros lugares. Los acuerdos militares de EEUU con la India y la instalación de un régimen-títere acomodaticio en Pakistán han hecho avanzar su estrategia de aislar a China. Aunque China mantiene su política de “desarrollo armonioso” y “no interferencia en los asuntos internos de otros países”, se ha hecho a un lado cuando el imperialismo bélico europeo y estadounidense ha atacado a alguno de los socios comerciales de China con el objetivo fundamental de invertir la pacífica expansión comercial de China. La carencia de una estrategia ideológica y política de China capaz de proteger sus intereses económicos en el exterior ha sido una invitación para que EEUU y la OTAN establecieran regímenes hostiles a China. El ejemplo más destacado es Libia, donde EEUU y la OTAN intervinieron para derrocar a un gobierno independiente dirigido por el presidente Gadafi, con quien China había firmado acuerdos comerciales e inversiones por valor multimillonario. Los bombardeos de ciudades, puertos e instalaciones petrolíferas por la OTAN obligaron a los chinos a retirar a 35.000 trabajadores de la construcción e ingenieros del petróleo chinos en cuestión de días. Lo mismo sucedió en Sudán, donde China había invertido miles de millones para desarrollar su industria petrolera. EEUU, Israel y Europa armaron a los rebeldes de Sudán del Sur para interrumpir el flujo de petróleo y atacar a los trabajadores chinos en el sector. En ambos casos, China permitió pasivamente que los imperialistas estadounidenses y europeos atacaran a sus socios comerciales y frenaran sus inversiones.

Bajo Mao Tse Tung, China tuvo una política activa de contención de la agresión imperial: Apoyaba a movimientos revolucionarios y a gobiernos del Tercer Mundo. En la actualidad, la China capitalista no tiene una política activa para apoyar gobiernos o movimientos capaces de proteger el comercio bilateral y los acuerdos de inversión de China. La política exterior de China está moldeada por grandes intereses comerciales, financieros y manufactureros que confían en el “aspecto económico competitivo” para conseguir cuotas de mercado y no entienden de bases militares y de seguridad del poder económico global. La clase política china está profundamente influida por una nueva clase de multimillonarios con fuertes vínculos con los fondos de capital occidentales que han absorbido sin reparo los valores culturales occidentales. Esto queda ilustrado por su preferencia a enviar a sus propios hijos a las universidades de elite en EEUU y en Europa. Tratan de “acomodarse a Occidente” a cualquier precio. Esta falta de comprensión estratégica de la construcción del imperio militar les ha llevado a responder de forma ineficaz y ad hoc a cada acción imperialista que ha socavado su acceso a recursos y mercados.

Aunque la visión de China del “negocio primero” pudo haber funcionado cuando era un actor menor en la economía mundial y los constructores del imperio estadounidense veían la “apertura al capitalismo” como un oportunidad de hacerse fácilmente con las empresas públicas de China y saquear su economía, sin embargo, cuando China (a diferencia de la ex URSS) decidió retener los controles de capital y desarrollar una “política industrial” cuidadosamente calibrada, y bajo control estatal, dirigiendo el capital occidental y la transferencia de tecnología a las empresas estatales, que penetraron eficazmente en los mercados internos y exteriores de EEUU, Washington empezó a quejarse y a hablar de represalias.

Los inmensos excedentes comerciales de China con EEUU provocaron una respuesta dual de Washington: Vendió cantidades masivas de bonos del Tesoro estadounidense a los chinos y empezó a desarrollar una estrategia global para bloquear el avance chino. Como EEUU carecía de apalancamiento económico para revertir su decadencia, confió solo en su “ventaja comparativa”: su superioridad militar basada en un amplio sistema mundial de bases de ataque, una red de regímenes-clientes en el exterior, apoderados militares, ONG, intelectuales y mercenarios armados. Washington se volvió hacia su inmenso, secreto y clandestino aparato de seguridad para debilitar a los socios comerciales de China. Washington depende desde hace mucho tiempo de sus lazos con gobernantes corruptos, disidentes, periodistas y magnates de los medios para proporcionar la cobertura más poderosa propagandística mientras avanza en su ofensiva militar contra los intereses de China en el exterior.




China no tiene nada para competir con el “aparato de seguridad” de EEUU debido a que practica una política de “no interferencia”. Dado el avanzado estado de la ofensiva imperial occidental, China ha adoptado tan solo unas cuantas iniciativas diplomáticas, tales como financiar algunas cadenas de medios en lengua inglesa para presentar sus puntos de vista, utilizando su poder de veto en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas para oponerse a los esfuerzos de EEUU para derrocar el régimen de Asad en Siria y oponerse a la imposición de sanciones drásticas contra Irán. Repudió severamente el vitriólico cuestionamiento de la secretaria de estado de EEUU Hillary Clinton acerca de la “legitimidad” del estado chino cuando votó contra la resolución de EEUU y la ONU preparando un ataque contra Siria.

Los estrategas militares chinos son más conscientes de la situación y se sienten alarmados ante la creciente amenaza militar hacia China. Han pedido, y se les ha aceptado, un 19% de incremento anual en el gasto militar para los próximos cinco años (2011-2015). Incluso con este incremento, los gastos militares de China serán menos de la quinta parte del presupuesto militar estadounidense y China no tiene ninguna base en el exterior en marcado contraste con las más de 750 instalaciones de EEUU por todo el mundo. Las operaciones de inteligencia chinas en el exterior son mínimas e ineficaces. Sus embajadas se ocupan de estrechos intereses comerciales y no entendieron en absoluto la brutal política de la OTAN para cambiar el régimen en Libia y no informaron a Pekín de su importancia para el estado chino.

Existen otras dos debilidades estructurales que socavan el ascenso de China como potencia mundial. Esto incluye a la muy “occidentalizada” intelligentsia, que se ha tragado sin sentido crítico la doctrina económica estadounidense sobre el libre mercado mientras pasan por alto su militarizada economía. Esos intelectuales chinos repiten como papagayos la propaganda de EEUU acerca de las “ virtudes democráticas ” de las multimillonarias campañas presidenciales a la vez que apoyan la desregulación financiera que habría llevado a Wall Street a apoderarse de los bancos y ahorros chinos. Muchos asesores empresariales y académicos chinos se han educado en EEUU y están influenciados por sus lazos con los académicos estadounidenses y las instituciones financieras internacionales directamente vinculadas con Wall Street y la City londinense. Han prosperado como asesores bien remunerados que logran puestos prestigiosos en las instituciones chinas. Identifican la “liberalización de los mercados financieros” con las “economías avanzadas” capaces de profundizar los lazos con los mercados globales en lugar de ser una fuente importante de la actual crisis financiera global. Estos “intelectuales occidentalizados” son como sus homólogos los compradores del siglo XIX, que subestimaron y rechazaron las consecuencias a largo plazo de la penetración imperial occidental. Son incapaces de comprender cómo la desreglamentación financiera en EEUU fue lo que precipitó la actual crisis y cómo la desregulación va a llevar a que Occidente se apodere del sistema financiero chino, cuyas consecuencias redistribuirían los ahorros internos chinos en actividades no productivas (especulación inmobiliaria), precipitarían la crisis financiera y, en último término, socavarían la importante posición global de China.

Esos yuppies chinos imitan lo peor de los estilos de vida consumistas de Occidente, y sus puntos de vista políticos están influidos por esos estilos de vida e identidades occidentalizadas que excluyen cualquier sentido de solidaridad con su propia clase trabajadora.

Hay una base económica para los sentimientos pro-occidentales de los neocompradores chinos. Han transferido miles de millones de dólares a cuentas en bancos extranjeros, han comprado casas y apartamentos de lujo en Londres, Toronto, Los Ángeles, Manhattan, París, Hong Kong y Singapur. Solo tienen un pie en China (la fuente de su riqueza) y el otro en Occidente (donde consumen y esconden su riqueza).

Los compradores occidentalizados están profundamente empotrados en el sistema económico de China al tener vínculos familiares con los dirigentes políticos en el aparato del partido y el estado. Sus conexiones son más débiles en el ejército y en los crecientes movimientos sociales, aunque algunos estudiantes “disidentes” y activistas académicos de los “movimientos pro democracia” cuentan con el apoyo de las ONG imperiales de Occidente. En la medida en que los compradores van ganando influencia, van debilitando las fuertes instituciones estatales económicas que han dirigido el ascenso chino a potencia global, al igual que hicieron en el siglo XIX actuando como intermediarios para el Imperio británico. Proclamando el “liberalismo” del siglo XIX, 50 millones de chinos se volvieron adictos al opio en menos de una década. Proclamando la “ democracia y los derechos humanos ” , las cañoneras estadounidenses patrullan ahora frente a las costas de China. El ascenso de China, dirigido por las elites, a potencia económica global ha engendrado desigualdades monumentales entre unos miles de nuevos multimillonarios y millonarios en lo alto de la pirámide y cientos de millones de empobrecidos trabajadores, campesinos y emigrantes en la base.

La rápida acumulación de riqueza y capital de China ha sido posible a través de una intensa explotación de sus trabajadores a los que se despojó de sus anteriores redes de seguridad social y condiciones reguladas de trabajo que el comunismo garantizaba. Millones de hogares chinos han quedado desposeídos a fin de promover a los promotores/especuladores inmobiliarios que se han dedicado después a construir oficinas de alto nivel y apartamentos de lujo para las elites internas y extranjeras. Esos rasgos brutales de ascendente capitalismo chino han creado una fusión entre la lucha de las masas por un lugar de trabajo y por un espacio para vivir que es mayor cada año. El eslogan de los promotores/especuladores de “hacerse rico es maravilloso” ha perdido su capacidad de engañar a la gente. En 2011, había alrededor de 200.000 fábricas costeras urbanas que englobaban pueblos rurales. El próximo paso, que seguro se producirá, será la unificación de estas luchas en nuevos movimientos sociales nacionales con una agenda de clase exigiendo la restauración de los servicios educativos y sanitarios disfrutados bajo la era comunista así como una mayor porción de la riqueza de China. Las actuales demandas de mayores salarios pueden convertirse en demandas de mayor democracia en el lugar del trabajo. Para responder a estas demandas populares, los nuevos liberales compradores occidentalizados no pueden señalar hacia su “modelo” en el imperio estadounidense, donde sus trabajadores están inmersos en un proceso por el que les están despojando de los mismos beneficios que los trabajadores chinos están intentando recuperar.

China, asolada por un conflicto político y de profundización de los enfrentamientos de clase cada vez más profundo, no puede mantener su deriva hacia el liderazgo económico global. Las elites chinas no pueden afrontar la creciente amenaza militar imperial global de EEUU, con sus aliados compradores en la elite liberal interna, mientras en el país la sociedad está profundamente dividida con unas clases trabajadoras cada vez más hostiles. La época de explotación desenfrenada de la mano de obra china tiene que terminar para poder enfrentar el cerco militar estadounidense de China y el desbaratamiento económico de sus mercados en el exterior. China posee enormes recursos. Con más de 1.500 billones de dólares en reservas, China puede financiar un amplio programa sanitario y educativo nacional por todo el país.

China puede permitirse poner en marcha un “programa de vivienda pública” intensivo para los 250 millones de trabajadores que han emigrado del campo y que en la actualidad están viviendo en la miseria urbana. China puede imponer un sistema fiscal progresivo a sus nuevos multimillonarios y millonarios y financiar las pequeñas cooperativas agrícolas familiares y las industrias rurales a fin de reequilibrar la economía. Su programa de desarrollo de fuentes energéticas alternativas, como paneles solares y energía eólica, son un prometedor comienzo para abordar su grave contaminación medioambiental. La degradación del medio ambiente y los problemas relacionados con la salud están ya preocupando a decenas de millones de chinos. En última instancia, la mejor defensa de China contra las invasiones imperiales es un régimen estable basado en la justicia social para cientos de millones y una política exterior de apoyo a los movimientos y regímenes antiimperialistas en el exterior, cuya independencia es de vital interés para China. Lo que se necesita es una política proactiva basada en empresas mixtas mutuamente beneficiosas, incluida la solidaridad militar y diplomática. Hay ya un grupo pequeño, aunque influyente, de intelectuales chinos que están planteando la cuestión de la creciente amenaza militar estadounidense y están “diciendo no a la diplomacia de las cañoneras”].

La China moderna cuenta con multitud de recursos y oportunidades de los que no disponía la China del siglo XIX, cuando se vio subyugada por el Imperio británico. Si EEUU prosigue intensificando su política agresiva militarista contra China, Pekín puede poner en marcha una seria crisis fiscal inundando el mercado con varios de sus cientos de miles de millones de dólares en bonos del Tesoro estadounidense. China, una potencia nuclear, debería contactar con su vecina Rusia, armada y amenazada por igual, para enfrentar y frustrar los belicosos comentarios de la secretaria de estado Hillary Clinton. El próximo presidente ruso Putin ha prometido incrementar el gasto militar del 3% al 6% del PIB en la próxima década para contrarrestar la ofensiva de bases de misiles de Washington en las fronteras de Rusia y truncar los programas de “cambio de régimen” de Obama contra sus aliados, como en el caso de Siria.

China tiene redes poderosas comerciales, financieras e inversiones por todo el planeta así como potentes socios económicos. Estos lazos se han convertido en algo esencial para el crecimiento continuado de muchos países en el mundo en desarrollo. Al enfrentarse a China, EEUU tendrá que enfrentar la oposición de muchas elites poderosas de mercado por todo el mundo. Pocos países o elites pensarían en vincular en el futuro sus fortunas con un imperio económicamente inestable y basado en el militarismo y en destructivas ocupaciones coloniales.

Es decir, la China moderna, como potencia mundial, es incomparablemente más fuerte que a principios del siglo XVIII. EEUU no tiene el apalancamiento colonial que el ascendente Imperio británico poseía en el período previo a las Guerras del Opio. Además, muchos intelectuales chinos y la inmensa mayoría de sus ciudadanos no tienen la intención de aceptar que los actuales “compradores occidentalizados” vendan el país. Nada aceleraría más la polarización política en la sociedad china y adelantaría la llegada de una segunda revolución social china que unos dirigentes pacatos sometiéndose a una nueva era de pillaje imperial de Occidente.