EL JEFE DE LA GESTAPO SUPUESTAMENTE ENTERRADO EN BERLIN

Un día después del suicidio de Adolf Hitler, el 1 de mayo de 1945, Heinrich Müller, el jefe de la Gestapo, la policia secreta de la Alemania nazi, y uno de los arquitectos del Holocausto en la Conferencia de Wannsee (20 de enero de 1942),  fue visto por última vez en el búnker de la Cancillería de Berlín. Nunca más se supo de él, lo que impulsaría toda clase de teorías durante los siguientes años, desde que huyó a Argentina u otro país de Sudámerica, como hicieron otros nazis, hasta que fue reclutado por los servicios de inteligencia de la URSS o incluso de EEUU y Gran Bretaña.

Buscado durante años por el Mosad y EE.UU tras su desaparación, un día después del sucidio de Adolf Hitler, se teorizaba sobre su posible huida después de la caída del III Reich. Un nuevo estudio reclama que murió en Berlín ese mismo día y fue enterrado en un cementerio judío


Un caso similar al de Martin Bormann, jefe administrativo del partido nazi y presidente de la Cancillería, además de secretario personal de Adolf Hitler, quien también salió del búnker ese día y fue visto por última vez en las vías del tren de la estación Lerther. Su cuerpo, a pesar del testimonio de Artur Axmann, que dijo haber visto su cadáver en las vías, no se encontró nunca. 

En la época inmediatamente posterior a la guerra algunas personas dijeron haber visto a Müller en Sudámerica, y en otros lugares, informes que llevaron siempre a un callejón sin salida, pero que sirvieron para que durante años estuviera en el punto de mira de los servicios de inteligencia de Israel -el Mosad-,  la Oficina de Investigaciones Especiales de EE.UU -como demostrarían varios documentos desclasificados- y más tarde en la lista del centro Simon Wisenthal de criminales de guerra nazis, hasta que por su edad se le consideró fallecido. 

Durante todos esos años, Heinrich Müller se convirtió  en uno de de los personajes del Tercer Reich junto a Bormann y el Dr Josef Mengele más retratados en la ficción -todos ellos teóricamente vistos en diversos lugares-.

Varias novelas teorizaron sobre las posibilidades más habituales: que hubiera escapado a Sudámerica -El mandato Jericó, 1979, de JamesPatterson- o que hubiera sobrevivido a los últimos días del Reich ejerciendo como espía de la URSS, como en Requiém alemán (1991) -editado por RBA en España en 2009- de la trilogía del escocés Phillip Kerr,  Berlín Noir, o que hubiera trabajado incluso brevemente para el MI5 británico como en la novela El Informe Müller -editorial Umbriel, 2013- del  escritor español Antonio Manzanera.

Pero Heinrich Müller no llegó tan lejos, apenas a unos pocos metros del búnker de la Cancillería de Berlín en donde Adolf Hitler pasó los últimos días junto a su gabinete antes de suicidarse el 30 de abril de 1945, ante la invasión del Ejército Rojo.  

Así lo expone una investigación de Johannes Tuchel, director del centro de la Memoria de la Resistencia Alemana en Berlín, publicado por el diario alemán Bild, en el que se detalla el destino final de Heinrich Müller, que no fue un retiro en Argentina u otro páis de sudámerica, ni un pasaporte para trabajar como agente secreto de la URSS o EE.UU.

Müller murió cerca de los cuarteles de la Lufftwaffe poco después de salir del búnker, probablemente tras cometer suicidio, la otra explicación que quedaba, donde fue enterrado en una tumba improvisada.

Según los nuevos datos aportados por Tuchel, el cuerpo de Müller fue encontrado por una cuadrilla de limpieza que retiraba cadáveres de la ciudad  tres meses después de que se desmoronase el Tercer Reich y fue trasladado a una fosa común en un cementerio judío.

Aunque no se ha identificado el cuerpo, los documentos hallados, entre los que se encuentra la identificación del cádaver como el del  jefe de la Gestapo por parte de uno de los enterradores que trasladó el cuerpo al cementerio judío, situado entonces en la zona del Berlín este controlada por los soviéticos, avalan esta teoría.

A falta de pruebas científicas concluyentes, la investigación de Johannes Tuchel apuntala la posibilidad menos novelesca y quizás una de las más plausibles, que no apareciera nunca porque sencillamente murió inmediatamente después del colapso del Tercer Reich y su cuerpo quedó sin identificar propiamente durante el caos de la caída de Berlín.

No obstante, el Dr Effraim Zuroff, director de la oficina de Jerusalén del centro Simon Wiesenthal y encargado del programa para encontrar a los antiguos nazis advierte que a menudo los ex jefes del Tercer Reich simularon su muerte con documentos falsos y que utilizaron sus uniformes con otros cádáveres para que fuera más creíble.

Julio MARTÍN ALARCÓN