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lunes, 1 de mayo de 2017

STALIN AÚN PROYECTA UNA LARGA SOMBRA SOBRE RUSIA

La doctrina comunista de Marx, Lenin y Trotski rotularía a Stalin como contrarrevolucionario. Traicionó el espíritu de libertad y de una sociedad igualitaria y sin clases que prometía la revolución rusa..

domingo, 1 de marzo de 2015

LA PSICOLOGÍA DE MASAS DEL FASCISMO

¿Cómo es posible que en Alemania, el país con el movimiento obrero más organizado de Europa, millones de trabajadores apoyaran a Adolfo Hitler a pesar de su carácter reaccionario? Una respuesta interesante pero controvertida a esta pregunta la ofreció Wilhelm Reich en su libro “La psicología de masas del fascismo”: el apoyo masivo al nazismo habría sido consecuencia de la represión sexual propia de un modelo de familia autoritario muy extendido entre las clases medias y entre gran parte de los trabajadores. La represión de los instintos sexuales más profundos y desde la más tierna infancia habría creado individuos con grandes carencias y frustraciones que habrían tratado de compensar participando en un movimiento autoritario y obedeciendo a un líder que reproducía a nivel político esas mismas estructuras autoritarias de la familia...



martes, 4 de noviembre de 2014

LOS FRANCOTIRADORES SOVIÉTICOS

Los francotiradores alcanzaron su mayoría de edad en el frente estático de las trincheras de la Primera Guerra Mundial, un entorno ideal para mostrar toda su valía. Cuando acabó la lucha, los principales combatientes olvidaron rápidamente las lecciones tan duramente aprendidas, descuidando el equipamiento y el entrenamiento de sus francotiradores. Tan sólo la Unión Soviética continuó reconociendo su importancia, hasta el punto de que, cuando comenzó la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Rojo tenía unos 60.000 francotiradores entrenados, más que los demás contendientes juntos..



viernes, 23 de mayo de 2014

DIVISIÓN 250

Estamos ante una obra que recoge la historia de la 250º División de la Werchmatch, la División Azul, de forma novelada. Resumir en un único libro la historia de los divisionarios españoles en el frente del Este puede resultar dificil y por obligación, ha de ser de forma resumida, pero dudo mucho que haya un libro que la exponga con la fuerza y la tensión que un veterano de la División, Tomás Salvador, nos transmite en esta obra...



Más allá de los datos técnicos, estadísticos y oficiales, lo que más me gustaría resaltar del libro es el valor humano, el valor de la camaradería dentro de la División, tanto de los veteranos meses después de estar en el frente como de los nuevos reemplazos que van llegando. La permanente situación “especial” de los españoles allá por donde van, admirados por su valor y su entrega en la lucha por los alemanes e incluso por los propios rusos al ver como tratan a a los prisioneros o como esquivan cualquier tipo de acción contra la población civil.

La acción comienza desde la creación de la División. Como se recorren en tren toda España y luego pasan por toda la Europa ocupada para llegar a Alemania para su adiestramiento. Ya, nada más cruzar la frontera los cambios se hacen notar, el tren al que se suben en Francia para ellos es de lujo comparado con los que hay en España, y no digamos cuando llegan al cuartel de la Werhmacht donde les entregan todo el material Alemán; hasta piensan que es demasiado y que les sobran cosas, que hay elementos del material que no van a tener que usar, aunque luego se demuestre que todo era necesario, y más en Rusia. Cabe destacar que no hacen nada por conocer y hablar el Alemán, eso sí, para relacionarse con las lugareñas germanas se las ingenian para que les entiendan sin problemas.

El ímpetu por entrar en acción y los efectos de la guerra hacen que sean trasladados al frente antes de lo previsto. Los alemanes siempre los agasajan por donde van y los van recibiendo como a unos aliados especiales. Tanto es así, que en los ranchos que les dan a los divisionarios siempre hay algo distinto al del resto de la tropa alemana, algo que siempre mantenga el recuerdo vivo de España. Y es que esto es una constante, estén donde estén, el recuerdo y la añoranza hacia España es constante y diaria.

Aunque la idea principal es que iba a ser una división motorizada, y para ello se habían reclutado muchos conductores y mecánicos, luego se quedó en una división a tracción a sangre, es decir, sin tanques ni transportes, eso sí, con muchos caballos. Son enviados al cerco de Leningrado y porfín comienza la acción, la primera impresión; el intenso frío.

Todos los personajes que aparecen en el libro son inventados pero todos los hechos narrados son absolutamente reales. Tantos recuerdos, tantos conocidos y el año de edición del libro, 1954, obligó a Tomás Salvador a no dar nombres reales, unas veces por ser imposible el acordarse de quién hico esto o aquello y otras por preservar la intimidad de los protagonistas.

Los españoles se ganan un hueco y una fama por su forma de desarrollarse en el frente. Ya no solo en las ofensivas, sino también en la forma de defender, de establecer los cercos y defensas, las trincheras. Todo con sustanciales variaciones sobre la forma de proceder alemana, hay que decir que las líneas hispanas en muy contadas ocasiones fueron rebasadas por los rusos y si estos llegaban a colarse duraban poco hasta que eran eliminados. Todo esto hizo que los alemanes mirasen a los españoles con auténtica admiración, tal era así que los mandos alemanes pedían a toda costa que no se retrasasen o llevasen a los españoles de sus zonas ya que el tenerlos allí mantenía la moral de la tropa alemana alta. Estaban muy valorados los zapadores y los artilleros, estos últimos con una precisión y cadencia de tiro superior a los alemanes. Los fusileros con ametralladoras eran muy valorados también, los alemanes, (y los rusos), se quedaban perplejos al ver lo que los españoles eran capaces de hacer con las ametralladoras.

El libro, como ya he comentado, habla del día a día y a veces se centra  en otro plano distinto al de las batallas, fechas o cifras; el plano humano. El plano de los hombres que no dejaban nunca atrás a ningún compañero, de los hombres que siempre pedían las misiones y las zonas del frente más conflictivas, de los hombres que bebían y fumaban como cosacos y cuyos oficiales y suboficiales eran los que más morían de la División, siempre por el ímpetu de hacer méritos en acciones de guerra. En general, fue una División muy condecorada.

El libro recoge multitud de situaciones y de vivencias, de emociones y de acción. Tenemos hasta alguna historia de amor incluída. Al final, cuando la División se repatrió, se quedó un grupo que se llamó La Legión, eran un grupo de soldados cuyo lema fue: Sin idea de relevo y a extinguir en el frente , creo que poco más hay que añadir de lo que ocurrió con estos soldados que se negaron a volver.

Tomás Salvador
Edición de 1954.

sábado, 21 de diciembre de 2013

EL JEFE DE LA GESTAPO SUPUESTAMENTE ENTERRADO EN BERLIN

Un día después del suicidio de Adolf Hitler, el 1 de mayo de 1945, Heinrich Müller, el jefe de la Gestapo, la policia secreta de la Alemania nazi, y uno de los arquitectos del Holocausto en la Conferencia de Wannsee (20 de enero de 1942),  fue visto por última vez en el búnker de la Cancillería de Berlín. Nunca más se supo de él, lo que impulsaría toda clase de teorías durante los siguientes años, desde que huyó a Argentina u otro país de Sudámerica, como hicieron otros nazis, hasta que fue reclutado por los servicios de inteligencia de la URSS o incluso de EEUU y Gran Bretaña.

Buscado durante años por el Mosad y EE.UU tras su desaparación, un día después del sucidio de Adolf Hitler, se teorizaba sobre su posible huida después de la caída del III Reich. Un nuevo estudio reclama que murió en Berlín ese mismo día y fue enterrado en un cementerio judío


Un caso similar al de Martin Bormann, jefe administrativo del partido nazi y presidente de la Cancillería, además de secretario personal de Adolf Hitler, quien también salió del búnker ese día y fue visto por última vez en las vías del tren de la estación Lerther. Su cuerpo, a pesar del testimonio de Artur Axmann, que dijo haber visto su cadáver en las vías, no se encontró nunca. 

En la época inmediatamente posterior a la guerra algunas personas dijeron haber visto a Müller en Sudámerica, y en otros lugares, informes que llevaron siempre a un callejón sin salida, pero que sirvieron para que durante años estuviera en el punto de mira de los servicios de inteligencia de Israel -el Mosad-,  la Oficina de Investigaciones Especiales de EE.UU -como demostrarían varios documentos desclasificados- y más tarde en la lista del centro Simon Wisenthal de criminales de guerra nazis, hasta que por su edad se le consideró fallecido. 

Durante todos esos años, Heinrich Müller se convirtió  en uno de de los personajes del Tercer Reich junto a Bormann y el Dr Josef Mengele más retratados en la ficción -todos ellos teóricamente vistos en diversos lugares-.

Varias novelas teorizaron sobre las posibilidades más habituales: que hubiera escapado a Sudámerica -El mandato Jericó, 1979, de JamesPatterson- o que hubiera sobrevivido a los últimos días del Reich ejerciendo como espía de la URSS, como en Requiém alemán (1991) -editado por RBA en España en 2009- de la trilogía del escocés Phillip Kerr,  Berlín Noir, o que hubiera trabajado incluso brevemente para el MI5 británico como en la novela El Informe Müller -editorial Umbriel, 2013- del  escritor español Antonio Manzanera.

Pero Heinrich Müller no llegó tan lejos, apenas a unos pocos metros del búnker de la Cancillería de Berlín en donde Adolf Hitler pasó los últimos días junto a su gabinete antes de suicidarse el 30 de abril de 1945, ante la invasión del Ejército Rojo.  

Así lo expone una investigación de Johannes Tuchel, director del centro de la Memoria de la Resistencia Alemana en Berlín, publicado por el diario alemán Bild, en el que se detalla el destino final de Heinrich Müller, que no fue un retiro en Argentina u otro páis de sudámerica, ni un pasaporte para trabajar como agente secreto de la URSS o EE.UU.

Müller murió cerca de los cuarteles de la Lufftwaffe poco después de salir del búnker, probablemente tras cometer suicidio, la otra explicación que quedaba, donde fue enterrado en una tumba improvisada.

Según los nuevos datos aportados por Tuchel, el cuerpo de Müller fue encontrado por una cuadrilla de limpieza que retiraba cadáveres de la ciudad  tres meses después de que se desmoronase el Tercer Reich y fue trasladado a una fosa común en un cementerio judío.

Aunque no se ha identificado el cuerpo, los documentos hallados, entre los que se encuentra la identificación del cádaver como el del  jefe de la Gestapo por parte de uno de los enterradores que trasladó el cuerpo al cementerio judío, situado entonces en la zona del Berlín este controlada por los soviéticos, avalan esta teoría.

A falta de pruebas científicas concluyentes, la investigación de Johannes Tuchel apuntala la posibilidad menos novelesca y quizás una de las más plausibles, que no apareciera nunca porque sencillamente murió inmediatamente después del colapso del Tercer Reich y su cuerpo quedó sin identificar propiamente durante el caos de la caída de Berlín.

No obstante, el Dr Effraim Zuroff, director de la oficina de Jerusalén del centro Simon Wiesenthal y encargado del programa para encontrar a los antiguos nazis advierte que a menudo los ex jefes del Tercer Reich simularon su muerte con documentos falsos y que utilizaron sus uniformes con otros cádáveres para que fuera más creíble.

Julio MARTÍN ALARCÓN

sábado, 17 de agosto de 2013

LA MANIPULACION DE LOS NIÑOS DE LA GUERRA

Los bombardeos y el sitio al que fue sometida la zona republicana, tras el levantamiento de julio de 1936, obligó a las autoridades a evacuar a los niños. Primero a lugares alejados del frente y posteriormente a paí­ses como Francia, Inglaterra, Bélgica, México… todos ellos solidarios con la República y aliados como la URSS.
 
La URSS, en una mezcla de solidaridad y propaganda, fue el destino de unos cinco mil niños. A su llegada, el Estado se hizo cargo de ellos: se ocupó de su enseñanza, incluso con profesores en español, de su educación, de su alimentación… en definitiva, de su infancia.
Pero las cosas iban a cambiar; el “pacto de no agresión” (25 de agosto de 1939) firmado por URSS (Molotov) y Alemania (Ribbentrop), paí­ses que apoyaban a los republicanos y nacionales respectivamente, cambiarí­a su “placentera” vida. Su educación dejó de ser un prioridad y comenzaron a ser utilizados como “ayuda” en diversas actividades (sobre todo agrí­colas). La mala alimentación, la escasez de medicinas y los trabajos fí­sicos comenzaron a hacer mella en su salud. Las enfermedades, como la tuberculosis o el tifus, los diezmaban.
 
La cosa empeoró en 1941, Hitler invade URSS. Salieron de una guerra civil y se ven involucrados en guerra mundial. El Estado abandonó a los niños, muchos ya adolescentes, a su suerte: alistados en el ejército Rojo de Stalin para poder comer (muchos de ellos murieron en el frente), convertidos en raterillos que darí­an con sus huesos en la cárcel o en campos de trabajo (Gulag), niñas que se prostituí­an… Niños sin futuro que, desesperados, incluso preferí­an regresar a la España de Franco.
 
 
 
 
¿Cuál serí­a el grado de desesperación para querer volver, cuando España está sometida a la dictadura del causante de su exilio?
 
El sistema soviético y las fuerzas vivas del PCE (Pasionaria) no permitieron su salida, ya que no serí­an “buenos vendedores” del comunismo. Las palabras de la Pasionaria, según Jesús Hernández (dirigente del PCE y exiliado en la URSS), fueron: "no podemos devolverlos a sus padres convertidos en golfos y en prostitutas, ni permitir que salgan de aquí­ como furibundos antisoviéticos".
 
Terminada la contienda, en 1939, los niños del resto de paí­ses habí­an comenzado a regresar, excepto los de México y la URSS (que no mantení­an relaciones con el Régimen de Franco).
En los años 50, tras la muerte de Stalin, Franco también quiere sacar partido de los niños evacuados hace veinte años a la URSS. A través de la Falange, comienza una campaña para conseguir la repatriación de los niños/hombres que quisieran regresar; aparecerí­a como “el salvador de los niños perdidos”.
En el año 1957 llegó el primer gran grupo a Castellón,  en el buque Crimea regresaban 412 españoles. En total regresarí­an la mitad de los cinco mil. El resto, muertos o habí­an decidido quedarse en la URSS.
 
Unos y otros quisieron sacar rédito polí­tico y propagandí­stico de los niños.
A partir de los años 90 se comenzaron a reconocer sus derechos: recuperar la nacionalidad, pensiones, prestaciones económicas, cobertura sanitaria…
 
Javier Sans
Foto: Portal de Exilio