ABRE EN ÁFRICA EL PRIMER HOSPITAL PARA REPARAR MUTILACIONES DE CLÍTORIS

Una ONG que lucha contra la ablación, creada por el movimiento raeliano, lanza en Burkina Faso el Hospital del Placer, donde cirujanos expertos reconstruirán el clítoris de mujeres mutiladas. La secta, que defiende la liberación sexual, asegura que no usará el centro para hacer proselitismo.

Ilustración: Robert Carter


El próximo 7 de marzo, la vida de miles de mujeres africanas puede cambiar para siempre. En una región en la que al 82% de las mujeres se les ha arrancado el clítoris en su infancia, se alza al fin el primer centro hospitalario dedicado íntegramente a reparar la mutilación genital femenina, mediante una técnica quirúrgica que pretende devolver la dignidad y sobre todo el placer sexual a algunas de las 125 millones de niñas y mujeres que han sido víctimas de esta salvaje tradición. La semana que viene, en Burkina Faso, comenzará a funcionar el que llaman el Hospital del Placer...


No obstante, esta feliz inauguración tiene un aspecto controvertido: el centro, que cuenta con algunos de los más renombrados cirujanos en la materia, no ha sido financiado por la Organización Mundial de la Salud, un gobierno o una ONG sanitaria cualquiera. La organización que después de varios años ha logrado recaudar los 400.000 dólares (290.000 euros) necesarios para levantar el centro es Clitoraid, una ONG dedicada a combatir la ablación que fue fundada por el líder de la secta de los raelianos.

Ubicado en Bobo-Dioulasso, la segunda ciudad más grande de este país de África occidental, el Hospital del Placer evitará que las mujeres mutiladas tengan que exponerse a operaciones arriesgadas con cirujanos inexpertos o a gastarse el salario de dos años para viajar hasta centros médicos de Europa o EEUU. Las primeras pacientes que ya tienen concertada cita vienen tanto de Burkina Faso como de otros países de la región como Malí o Guinea “e incluso de países más lejanos como Kenia”, explica una portavoz de Clitoraid.

El centro pretende avanzar en una nueva dirección en la lucha contra la ablación clitoriana: más allá de las imprescindibles campañas de prevención y educación, aspira a mejorar la vida de las mujeres mutiladas en todo el mundo, esencialmente 29 países de África y Oriente Medio. No en vano, este centro ofrecerá las operaciones de manera gratuita para las víctimas.

Sin embargo, esta buena obra que adelantaba la prestigiosa revista The Lancet en su último número tuvo su peculiar origen en la mente de Claude Vorilhon, el líder de este movimiento que fundó en 1974, que es considerado una secta peligrosa en Francia y una simple religión en EEUU. Conocido como Raël, tuvo la visión de construir este hospital en cuanto supo de la existencia de una nueva técnica quirúrgica capaz de devolver el placer sexual a las mujeres víctimas de la mutilación genital.

Una secta peculiar

Los raelianos, que creen que la vida en la Tierra fue creada por extraterrestres y que la inmortalidad es posible a través de la clonación, consideran el placer sexual uno de los pilares de su movimiento y siempre han apoyado el reconocimiento y los derechos de las minorías sexuales. Y es algo que llevan a gala frente a otras religiones: según explica a Materia la directora de comunicación de Clitoraid, Nadine Gary, el principal problema para obtener fondos para el hospital ha sido la moral religiosa y “el tabú de la sexualidad que el cristianismo y otras religiones han perpetrado durante siglos”.

“Hasta el momento”, asegura Gary, “la mutilación genital femenina sólo se ha combatido con campañas de prevención, pero hasta ahora ninguna otra ONG se ha ofrecido nunca para ayudar a los millones de mujeres que ya están mutiladas genitalmente y que buscan desesperadamente recuperar su identidad, su dignidad y el placer sexual”. Desde su perspectiva, el mensaje de que la ablación es reversible podría desalentar a los partidarios de esta cruel práctica.

En Clitoraid no entienden que su origen raeliano deba destacarse en esta noticia, ya que consideran que el objetivo del hospital, que cuenta con una lista de espera de cientos de mujeres, es trascendental y ajeno a las actividades del movimiento. “Para ser claros”, defiende la portavoz de Clitoraid, “los raelianos han sido los principales actores para la recaudación de fondos pero contamos con muchas más personas involucradas que no son raelianas. Nuestra cirujana jefe no es raeliana. Este hospital es un lugar para sanar y el proselitismo se queda fuera de las instalaciones”.

Eso sí, Gary considera la existencia misma de este hospital como una importante declaración de intenciones. Del mismo modo que los misioneros cristianos reparten víveres junto a la iglesia, es fácil suponer que este hospital pueda funcionar como reclamo. No obstante, como explicaba una experta en el movimiento raeliano en Wired, sería una forma excesivamente cara de atraer vocaciones en comparación con otras religiones.

La jefa del equipo médico de la que habla la portavoz es Marci Bowers, una cirujana experta en cirugía reconstructiva, pélvica y ginecológica, una de las más reconocidas especialistas en operaciones de reasignación de sexo (ella es transexual): según advierten por email al contactarla, la lista de espera para acudir a su clínica de EEUU supera el año. Según explica Bowers a esta redacción, ella será la cirujana jefe y también quien realizará el 2 de marzo la cirugía inaugural del Hospital del Placer, donde permanecerá dos semanas operando y posteriormente adiestrando a otros especialistas en esta técnica de reconstrucción del clítoris mutilado.

Cirugía y proselitismo

“La sexualidad debe ser considerada como uno de los sentidos humanos básicos”, asegura Bowers. Y añade: “La ablación es como llevar a nuestros hijos a que les arranquen los ojos o su sentido del oído. Es una barbaridad y todos debemos reaccionar indignados ante la mutilación genital femenina: lo importante es hacer lo que podamos para devolver ese sentido”.

Su trabajo de cirugía se basa en un método ideado por el cirujano francés Pierre Foldès: el clítoris como órgano es un iceberg, y a pesar de mutilarlo en la vulva queda buena parte del tejido nervioso, que se aprovecha para reconstruir esta función y las sensaciones placenteras. Foldès, que también asesorará al equipo médico del hospital, publicó los resultados de su técnica el año pasado en The Lancet con números espectaculares: de las casi 3.000 mujeres operadas (la mayoría de África occidental), el 81% aseguró haber experimentado una mejora de su vida sexual y el 51% había experimentado el orgasmo. Otros colegas británicos consideran exageradas sus cifras.

“Es una cirugía delicada pero, con todas sus limitaciones, funciona”, defiende Bowers. “La ablación no acaba con todo el clítoris, contrariamente a lo que se cree, lo cual es un reflejo del desprecio histórico por la sexualidad femenina y la falta de conocimiento del tamaño y extensión de las zonas erógenas femeninas”, explica.

En cuanto al origen raeliano de Clitoraid, Bowers lo tiene claro: para ella lo único que importa es mejorar la vida de las mujeres y está segura de que no se le daría la misma importancia a los impulsores si pertenecieran a otro credo. “El respaldo raeliano a la iniciativa es noble por la causa que representa. El hecho de que el raelianismo sea una religión extraña o inusual influye tanto en la cirugía como si hubiera sido apoyada por judíos o por el Sacro Imperio Romano”, zanja.