EUROPA: EL GRAN ERROR ESPAÑOL

La idea europea de los derechos humanos y la fraternidad de los pueblos se aleja diametralmente de lo que su historia y engranaje institucional ponen de manifiesto. El apaño institucional europeo, que está haciendo aguas de manera vergonzosa y humillante para muchas familias, no es capaz de garantizar materialmente ni el bienestar, ni la paz, ni la concordia de sus súbditos.


Por poner un ejemplo que nos permita comparar fácilmente el arreglo institucional de Europa, diremos que la UE ni es EE.UU ni es Suiza. La UE no tiene más identidad política que la de la prolongación de la guerra fría por otros medios y el mantenimiento del superávit comercial alemán, lo que la lleva a ser un bloque en expansión perpetua y a promocionar la política de la secesión nacional para crear unidades sin anclaje histórico a las que poder someter de forma más fácil...



Su otra característica es la de apoyar, financiar e incorporar a gobiernos corruptos en el sur de Europa para mantener a la población de estos países alejada de sus preferencias de organización comunales. Para saber de dónde viene la UE bastara con conocer la verdadera biografía de su primer presidente pues ni siquiera la crisis económica ha hecho avanzar institucionalmente lo más mínimo a esta enorme organización burocrática capturada por las grandes corporaciones. Walter Hallstein fue el primer presidente de la comisión europea. Un abogado, académico de su tiempo, que ascendió al poder con Adenauer tras la fundación de la RFA, junto a otros miembros destacados del partido Nazi. El Dr. Hallstein, durante los años del nazismo en Alemania fue profesor de derecho alemán y derecho del trabajo entre otras ramas. 

Muchos podremos imaginarnos en qué consistía el derecho del trabajo bajo el régimen nazi pero para los que no sepan cual era el derecho alemán bajo aquel régimen podemos citar a Hans Frank ministro de justicia de Hitler en Bavaria y ejecutado tras los juicios de Núremberg: “El papel del juez es salvaguardar el orden concreto de la comunidad racial, para eliminar los elementos peligrosos, para enjuiciar todos los actos perjudiciales para la comunidad, y para arbitrar en los desacuerdos entre los miembros de la comunidad. La ideología nacional-socialista, especialmente en lo que se expresa en el programa del Partido y en los discursos de nuestro Líder, es la base para la interpretación de fuentes legales.” 

En 1941, el Dr. Hallstein pasaría a la Universidad de Frankfurt desde donde posteriormente seria movilizado como oficial encargado de insuflar la ideología nazi a los jóvenes reclutas alemanes que ya caían como moscas en el frente. Fue capturado por los EE.UU y trasladado al Fort Getty donde entró en un programa secreto de reeducación “democrática” de los elementos anticomunistas que pudieran servir para la reconstrucción alemana una vez aniquilado el régimen nazi. Lo que ocurrió, sin embargo, es que el régimen nazi sobrevivió dentro del funcionariado alemán al tímido impulso desnazificador de los EE.UU, que para 1947 temían una grave crisis económica que extendiera el comunismo por toda Europa. 

Para entonces, se decidió conservar y potenciar  la supremacía industrial de la Alemania nazi a lo que los franceses solo pudieron responder mediante la creación de la comunidad del carbón y el acero, alarmados por el crecimiento exponencial de la reciente vencida potencia enemiga. Cuando el primer ministro Británico, el laborista Clement Attlee  se enteró de aquello, declaro: “Es algo profundamente antidemocrático”.

Mientras la estrella diplomática del Dr. Hallstein ascendía a hombros de la bestia con cabeza  nuclear, la orientación ideológica de Europa quedaba cimentada por la potencia de la democracia cristiana alemana. En su discurso al Bundestag del 3 de Diciembre de 1952, Adenauer proclamaba: “Aquellos que rechazan Europa, entregara a los pueblos europeos y a Alemania en particular a la servidumbre del bolchevismo. Aquellos que rechazan Europa abandonan la forma de vida cristiana y humana de Europa Occidental.” 

Para entonces, tal como dijo el padre del psicoanálisis alemán de postguerra, Alexander Mitscherlich, en Alemania todos habían despertado tras la guerra siendo demócratas de toda la vida. Alexander Mitscherlich y Walter Hallstein, dos académicos de su tiempo con recorridos muy dispares. 

Culminado el proyecto alemán de reunificación nacional, la UE ha sido una plataforma supranacional a la que Alemania se ha subido como potencia nacional para pilotar la desintegración nacional e industrial de los países del sur de Europa salientes de dictaduras fascistas, como España, mediante la financiación de la clase política del nuevo régimen monárquico del 78. La prioridad, de  acuerdo con Washington, fue su incorporación a la OTAN, eliminando los elementos nacionales que pudieran poner pegas, y financiando a los elementos socialdemócratas que serían capaces de competir con el comunismo.

Esta debacle post-westfaliana llego a la caricatura durante la crisis financiera, en la que Merkel llamó por teléfono a Zapatero para que de acuerdo con Rajoy modificara la constitución española para imponer el déficit 0 como medida para asegurarse el pago de la deuda contraída con los bancos alemanes que reciclaron su superávit mediante la creación de una monstruosa burbuja inmobiliaria. En este punto, los europeístas deberían preguntarse por qué Los Estados Unidos de Europa, como reclamo Churchill en su discurso en Zúrich de 1946 o la federación Europea del manifiesto de los líderes de la Resistencia de Ginebra de 1944, ha sido paralizada por Alemania. 

La respuesta es obvia si se conserva la unidad histórica que la guerra fría supuso para las fuerzas supremacistas alemanas. Para España, las fuerzas que convergen en su destrucción, no son solo de carácter europeísta, aunque el europeísmo las proteja, fundadas sobre el mito de la cultura o incubadas al calor de los excedentes del Euro alemán. Un fuerte componente religioso, encarnado en la poderosa secta del Opus Dei que gobierna desde el PP, de carácter universalista que busca la creación de su rebaño universal, a costa del Estado laico y napoleónico, se une al impulso internacionalista de una izquierda desubicada que desprecia el cuerpo político nacional, habiendo sido uno de sus mayores creaciones durante la Revolución francesa, en favor de unas nacionalidades de carácter etnicista y a la corriente ideológica del anarco-capitalismo, que retoma la moralidad de la fábula de las abejas de Mandeville como principio de justicia para garantizar el pago de la deuda a quien tiene el privilegio de crear el dinero y destruirlo, endeudar y esclavizar a las naciones, que no es otro que el cartel bancario privado. 

Radio Gramsci