LA RED : UNA TRAMPA VIRTUAL


¿CRISIS DE VALORES?

Corría el año 1965 cuando una niña de cinco años se despertó súbitamente ante la presencia de la policía franquista viniendo a detener a su padre.

Su padre hacía varios años que viviendo las injusticias sociales que padecían los ciudadanos, decidió incorporarse a la lucha clandestina; siendo su delito editar, imprimir y difundir propaganda informativa entre la población con el fin, tal vez utópico, de acabar con el régimen del General Franco.
Le condenaron a quince años de prisión, y a pesar de caer sobre su cuerpo todo tipo de torturas para desarmar la presunta red a la que pertenecía, no soltó ni palabra, no delató a nadie. Entonó el "mea culpa" y preso le llevaron.

La madre se quedó sola con la niña en una época que las madres eran amas de casa, y sin más salario que el del marido. No había televisión, y si la había era en blanco y negro. La niña vió llorar muchas veces a su madre, y la acompañaba siempre que no tenía escuela, a las torres del barrio en donde la madre hacía limpieza, en aquella época la niña aprendió a escribir.

La niña recorrió en numerosas ocasiones los larguísimos pasillos de la cárcel de La Modelo en Barcelona y la de Carabanchel en Madrid, con la ilusión de ver a su padre y enseñarle sus cromos de picar y sus recortables, se los enseñaba desde lejos, ya que habían dos rejas separando un pasillo con guardias. En una ocasión pudo ver a su padre de cerca y sentarse en sus rodillas, incluso comió con él, ya que la generosidad de la patrona de Barcelona "La Merçé" hizo posible el encuentro.

A pesar de las dificultades económicas que habían en la casa y en aquella sociedad, un desconocido venía a traer un sobre con un poco de dinero, tal vez cada mes y medio; ni el padre, ni la madre, ni la niña supieron nunca como se llamaba el hombre, ni de donde provenía el dinero.
En el transcurso de los dos años siguientes fallecieron unos personajes importantes del régimen franquista y  la gratitud de los fallecidos se convirtió en indultos que  fueron acortando la condena del padre.

La niña siempre creció rodeada de valores muy claros: humildad, respeto, libertad, solidaridad y honradez.

Tras haber sido liberado el padre, la niña le acompañó en ocasiones a reuniones clandestinas, en los sótanos de la iglesia del barrio, que el cura progresista ponía a disposición de los vecinos y con extrema cautela, para debatir sobre las operaciones de lucha anti-franquista. La madre reñía con el padre, aquello era muy arriesgado.

El dictador murió en la cama, nunca nadie consiguió echarle, pero por fin murió y la niña se afilió a las Juventudes Comunistas. Fueron tiempos complicados, pero con expectativas de futuro brillantes. La niña se relacionó con personas adultas conocedoras de asuntos políticos y económicos, pero observó que discutían constantemente, que querían tener todos la razón, que querían mandar unos por encima de los otros, que se diversificaban y no atendían los razonamientos de los demás , que hablaban de libertad, pero prohibían planteamientos ajenos, siendo lo más curioso que todos pretendían el mismo fin : mejoras sociales e igualdad para todos. La transición de los años fue dejando a cada uno en su lugar.

Y con los años llegó internet y la niña quiso conocer el mundo a través de una pantalla y navegar por él.
También con los años la herencia del franquismo se hizo latente entre la sociedad, y a través de esas redes era muy fácil informarse de la situación, una situación cada vez más desalmada debido nuevamente a la  maldad de dictadores sin escrúpulos.

La niña conoció el mundo virtual, a mucha gente  convertida de la noche a la mañana en políticos, economistas, sociólogos, filósofos y sobre todo periodistas. Unida a muchos grupos de debate e información, montones de grupos, repletos de miembros,  todos cuestionando lo mismo, todos pretendiendo lo mismo. Las noticias volaban por la red incluso dentro de un ranking de audiencia. La niña asistió a la creación de montones de partidos políticos, montones de eventos, pero al igual que en aquellas juventudes comunistas unificadas catalanas, la discusión, la diversificación y la lucha por la hegemonía les distanciaban del objetivo final.   

Lejos quedaban las miserias del 65, aquellas que unían a la gente en una sola causa, aquellas que a pesar de la falta de medios, estaban capacitadas para dotar a los individuos de sentido de la colectividad y  amparo tanto emocional, como económico. Lejana quedaba la clandestinidad, en donde imperaba la fiabilidad y el compromiso. Y lejos lo subversivo,  donde la individualidad y el egoísmo no existían como calificativos.

La niña siempre pensó que la unión hace la fuerza, que una comunidad de hormigas es un ejército estructurado y perseverante, donde reina la disciplina y el sentido del deber, donde cada cual ejecuta su tarea persiguiendo el mismo objetivo.


La niña muchas veces recuerda a su madre llorar.

   


Ana Berges Estellés
@Esgreb60