REFLEXIÓN SOBRE LA CRISIS FINANCIERA MUNDIAL

La crisis económica mundial en curso llega después del quiebre de importantes bancos de Estados Unidos, cuyos negocios se extendían en todo el mundo. Varios estudiosos están hablando de un fenómeno muy grave, comparándolo a los acontecimientos de 1929; otros dicen que se trata del proceso final del capitalismo que no logra seguir su trayectoria; todos están de acuerdo que se precisarán muchos años para salir de este problema. Que la dificultad sea importante lo demuestran las medidas que están tomando los países más desarrollados del mundo en América y en Europa, hasta llegar a entregar a estos institutos miles de millones de dólares. Un editorial del "Osservatore Romano", el diario del Vaticano, ponía justamente en evidencia que las medidas que se están votando y tomando por los parlamentos del mundo para salvar a los bancos, nunca fueron pensadas para salvar la vida de millones de personas que viven por debajo del nivel de pobreza, en la miseria extrema: es decir que lo que se hace para salvar una institución símbolo de la riqueza, no se hace para los pobres cuya situación no es más un secreto para nadie.


Pocos hablan, sin embargo, de las causas de la crisis económica. En realidad, es una crisis financiera, que tiene que ver con el movimiento del dinero: la crisis económica (disminución de riqueza y disponibilidad de dinero, falta de lugares de trabajo, de nuevos emprendimientos…) será la consecuencia, en el caso que los gobiernos no lleguen a resolver el problema.

Es una crisis financiera consecuencia de la falla del sistema del crédito. Este sistema es lo que está en la base (para hacer ejemplos de la vida cotidiana) de las tarjetas que permiten a los trabajadores comprar con el sueldo que todavía no cobraron y de los préstamos que permiten comprar hoy lo que sería el fruto de meses de ahorro (sin considerar en este momento el desperdicio de materias primas que este estilo de vida implica, ya que en muchos casos lo que se compra resulta al final inútil). 
Pasa a menudo encontrar personas que al momento de cobrar el sueldo se quedan con muy poco dinero, porque lo demás ya está comprometido para pagar cuotas de distintos préstamos que le sirvieron para comprar una moto, para hacer una fiesta, para tomarse dos días de vacaciones o para comprarle el celular al hijo; al endeudado le quedan dos opciones: comer y no pagar las cuotas (por ejemplo perdiendo el empleo) o intentar otro préstamo que le permita pagar y comer, por un tiempito más (calesita). 
El mismo sistema se usó para construir casas que después se compran en cuotas de varias décadas. Los bancos se especializaron en prestar dinero por finalidades inmobiliarias. Pero cuando las sociedades inmobiliarias llegan a la condición del endeudado del que se habló, ahí explota la crisis actual. Lo que tratan de hacer los gobiernos es prestar más dinero a los bancos para que aguanten la falta de pagos de cuotas sin parar sus negocios: de otra forma se da el quiebre de bancos y negocios. 

Llama la atención el paralelismo entre lo cotidiano y el sistema mundial: en realidad la crisis encuentra sus orígenes en actitudes que normalmente se indican como malas a los niños: querer tal juguete enseguida; no saber esperar; llorar si no se consigue rápidamente lo deseado; no aguantar que falte lo que tiene el compañero; no aguantar las frustraciones. ¿Por qué sufrir si es tan sencillo conseguir el dinero prestado para realizar los sueños? Es decir que estamos hablando de una crisis moral, de interpretación y aceptación de la vida por lo que es y no por como se quiere vivirla. Capaz la mejor forma para contribuir a la solución de la crisis es preguntarse por qué tengo una deuda (si la tengo) o por qué he pensado en algún momento pedir un préstamo.

Francesco Bottacin