ENVEJECIMIENTO Y SEGURIDAD SOCIAL

El envejecimiento de la población en los países del centro, se utiliza para avalar la idea de que los gobiernos no podrán mantener el gasto necesario para atender la creciente demanda de atención médica y pagar las pensiones de la población envejecida.


La Seguridad social en España se financia a través de un fondo (caja única) que si bien se integra en el presupuesto, dispone de su propio mecanismo de financiación.

Los beneficiarios de este fondo, son, mayoritariamente, las personas que cotizaron a lo largo de su vida laboral contribuyendo en su momento a financiar las prestaciones que la seguridad social ha pagando en el pasado. Estas cotizaciones, son, precisamente, las que dan derecho a acceder a una pensión, cuando a causa de la edad o por situación de invalidez, alguien queda fuera del mercado laboral.

Es evidente que atender a estas personas y garantizarles una pensión digna, es una responsabilidad del Estado. Lo que ocurre es que esta responsabilidad ahora no se quiere asumir y por esto se buscan excusas de todo tipo.

Durante años, los ingresos de la Seguridad Social han sido suficientes para atender sus obligaciones con los pensionistas e incluso se ha acumulado un excedente, que mayoritariamente ha sido invertido en deuda pública. La Seguridad social, por lo tanto, no sólo no ha generado el déficit presupuestario sino que ha ayudado a financiarlo.

Es cierto que en determinadas situaciones, los ingresos recaudados con las cotizaciones pueden ser insuficientes. Pero llegado a este extremo, el gobierno siempre puede aprobar una transferencia de dinero hacia la caja única con lo que se crearían las condiciones necesaria para pagar todas las pensiones. De hecho, resulta difícil imaginar que esta transferencia superara, en ningún caso, a las astronómicas cantidades en concepto de intereses, que el Estado está pagando ahora por su deuda pública.

La riqueza material de un país, depende, en último extremo, de la cantidad de bienes y servicios que es capaz de producir. Con el tiempo, el crecimiento de la productividad proporciona los medios necesarios para mejorar el nivel de vida, ya que permite que la población pueda acceder a más recursos trabajando el mismo número de personas con el mismas número de horas o incluso menos.

Por otra parte, si analizamos la situación demográfica a nivel internacional descubriremos que nunca en la historia de la humanidad la población había sido tan numerosa y nunca fue tan fácil desplazar a las personas de un lugar a otro. Desde este punto de vista, el llamado problema intergeneracional no existe.

Pero si tenemos en cuenta que la nuestra es una economía capitalista, entonces las cosas se complican.

Bajo este sistema los patronos usan todos los métodos a su alcance para reducir los salarios, incluso en los llamados buenos tiempos.
De hecho, no existe, como algunos dicen, falta de mano de obra joven para sustituir a los trabajadores que se jubilan y financiar sus jubilaciones. Existe justamente lo contrario: un gran ejercito industrial de reserva compuesto por personas de todas las edades, sexos y profesiones.

El problema no proviene del envejecimiento de la población en los países del centro. El problema está en que los empresarios han utilizado y utilizan la deslocalización junto con la tecnología y la explotación de los trabajadores inmigrantes para promover un empeoramiento de las condiciones laborales y un recorte de los derechos adquiridos, incluyendo el derecho a una pensión digna.

Existe aún otro elemento a tener en cuenta:  el capitalismo tiende a mercantilizar todo aquello que las personas necesitan y que pueda reportar un beneficio. Esto forma parte de su ADN. Las pensiones y la atención sanitaria, pueden reunir estos requisitos. Por esto se busca eliminar su actual contenido público para convertirlas en mercancías.