SE BUSCA LIDER Y ANARQUISTA

A la hora de preguntarnos sobre qué es un/a líder, el diccionario asegura que es la persona que dirige un movimiento. Es decir, quien dice lo que hay que hacer, y los demás llevan a cabo de buena gana. Por ejemplo, el señor Abdullah Öcalan se hace libertario, y sus seguidores absorben las nuevas ideas y las adaptan a sus circunstancias: les añaden algo de ecologismo, algo de municipalismo, algo de análisis…, y transforman el marxismo leninismo en el confederalismo democrático . Ahí tenemos a un líder, alguien que orienta, alguien que saca a los suyos del atolladero teórico, alguien que es capaz de gritar lo que todo el mundo piensa, pero nadie sabe cómo decirlo...





Porque no creáis que si mañana al señor Öcalan se le ocurre hacerse mormón, los kurdos de Rojava se harán mormones. No. Para que el liderazgo funcione, de alguna manera hay que representar el pensamiento colectivo. Las ansias de democracia, de igualdad, de colaboración entre etnias, de independencia, tienen que estar presentes. El líder, en este caso, lo que hace es articular el discurso, darle coherencia, y gracias a ello, esa sensación de ser un mosquito ante un soplete encendido, da paso a la posibilidad de cambiar el mundo.

Desgraciadamente, en el mundo libertario civilizado, no es que haya pocos líderes. Es que directamente, nadie quiere serlo. Tenemos gente muy preparada que podría liderar este tinglado, pero se encuentra ante dos obstáculos formidables.

El primero es que la tradición cultural libertaria desde el mayo del 68 francés, abomina de los líderes. Eso de señalarse, de significarse, de poner rostro, cuerpo y palabra al movimiento tan grande que tenemos, parece obsceno al anarquista, que procura mantenerse en la sombra y en el anonimato mientras lleva a cabo sus acciones manumisoras.  El segundo obstáculo es que en cuanto alguien empieza a destacar por su discurso y militancia, se le desuella vivo a base de acusaciones de vanguardismo, de que impide el funcionamiento asambleario, o de que se hace solo lo que él o ella dice, con lo cual de inmediato el protolíder se inhibe y ocupa posición secundaria.

En fin, que necesitamos líderes anarquistas, personas que, tal como he explicado, sepan articular todas esas ideas que tenemos en el ambiente: ese desdén por los partidos; ese rechazo a la política profesional; esa exaltación de la asamblea; ese impulso a la participación política de todos; ese igualitarismo que exige el fin del saqueo; esas necesidades insatisfechas en vivienda, educación, sanidad, alimentación; esa indignación ante la explotación y el abuso… Ese anhelo de una sociedad diferente, y tal y cual.

Necesitamos a líderes dispuestos a dar la cara, a señalarse, a ser reconocidos y conocidos…, y capaces de aguantar lo que les caiga encima . En el siglo de la organización libertaria, lo que es de uno es de todos, lo que es de todos es de nadie, lo que es de nadie es de uno.

Acratosaurio Rex