EL ISLAMISMO COMBATIENTE Y LA INTERVENCIÓN AMERICANA EN SIRIA

No hay nada que extrañar en la actitud del régimen sirio respecto a las posibilidades de una intervención militar norteamericana, pues la historia, en su opinión, se repite por enésima vez, aunque con más ruido. El régimen sirio siempre trató sus crisis con los americanos de similar manera; primero poniendo sobre la mesa una oferta atractiva para los intereses o temores de los americanos a cambio de que éstos suavicen sus presiones, esta vez fue aceptar, con rapidez y urgencia, la ágil propuesta rusa de poner el arsenal químico sirio bajo supervisión internacional, un plan que sin duda gusta en Washington. La segunda es amenazar con hacer saltar por los aires toda la región a la vez que utilizar, de puertas para dentro, el mismo tono amenazador y bravucón de siempre; que si Hezbollah ocupará todo el norte de Palestina si EEUU ataca, que si el ejército sirio puede hundir todo buque que se atreva a entrar en el Mediterráneo oriental, que si Irán va a cerrar el estrecho de Ormuz antes de escupir fuego y acero contra las monarquías del Golfo. Todo un repertorio histérico que no para de repetirse en los medios afines al régimen, ya sean oficiales o “privados”.




El régimen sirio teme un ataque americano que pueda, por lo menos, dejar muy mermada su capacidad de ataque aéreo y balístico, pero no es el único actor temeroso de una intervención occidental en el país. Es fácil encontrar mucha retórica antioccidental en el lenguaje de los grupos más integristas que operan en siria, tanto Jabhat Al-Nusra (una milicia de carácter salafista- yihadista, con manifiesta alineación con Al-Qaeda) como el Estado Islámico en Irak y Siria (Da'esh, por sus siglas en árabe. Una escisión de Al-Nusra muy radicalizada y violenta, y que alberga la mayor parte de los yihadistas extranjeros. Sus relaciones con los otros grupos combatientes va desde la tensión hasta el enfrentamiento abierto, como es el caso de las brigadas del Estado Mayor del Ejército Libre de Siria), y sus mensajes no paran de recordar el peligro de una invasión occidental para cortar el paso hacia su gran y definitivo proyecto: El Estado islámico del califato. Estos dos grupos no reconocen ningún tipo de división territorial dentro de la Nación islámica (es decir, no reconocen a Siria como país), ni reconocen el término Revolución sino que consideran que su lucha es Yihad contra el “tirano infiel”, y tampoco reconocen cualquier simbología nacional (banderas, escudos, himnos).

Para la lógica de estos grupos, occidente, Israel, Irán, y los regímenes árabes son lo mismo, y se les reparte enemistad por igual. Buena parte de los asesinatos y secuestros cometidos por estos grupos integristas llevaban el pretexto de que su víctima era un agente de la OTAN, o de EEUU, o de Israel, o de Francia, etc. Un tipo de acusaciones y un lenguaje muy del estilo del Eje de Rechazo en general, y del régimen sirio en particular.

Este rechazo islamista a la intervención estadounidense no se encuentra solo en los grupos más extremistas. El Frente Islámico de Siria, una coalición político-militar que une a algunas de las fracciones islamistas salafistas más potentes y extendidas (Ahrar Al-Sham, por ejemplo), y que, normalmente, se le considera más pragmática y política que Al-Nusra o Da'esh, sin formar parte del Ejército Libre ni reconocer a la Coalición Nacional como representante político, emitió un comunicado denunciando que el posible ataque americano no responde más que a intereses particulares de Washington, y que pretende imponer un plan para Siria que nada tiene que ver con lo que Frente considera justo. El comunicado termina llamando a la unidad de las fracciones opositoras como “única vía para la victoria”.

Aparte de estas dos posturas, un vídeo colgado en internet hace unos días certificó el rechazo de un conglomerado de grupos combatientes islamistas en la periferia de Damasco a la intervención americana. El anuncio, leído por un combatiente rodeado por compañeros en medio de una escena de destrucción, recordó el “comportamiento criminal” de EEUU y sus aliados en Palestina, Irak, Afganistán, Chechenia, etc.. y llamó a los grupos favorables a la intervención americana a recapacitar, con la amenaza de considerarlos “traidores a Dios, a su profeta, y a la sangre de los mártires”.

Los grupos islamistas de tendencia salafista no se fían de la acción occidental, ya que se consideran a sí mismos objetivos de tal intervención tanto o más que el régimen de Bashar Al-Asad. El ejemplo de los Drones de Yemen y Pakistán son una buena razón, entre muchas, para su lógico temor.

Estos grupos cuentan con redes independientes y sólidas de financiación y armamento, en las cuales uno no puede dejar de ver huellas de servicios secretos árabes, regionales y occidentales. El propio régimen sirio es un gran jugador en este campo, con un historial que va desde principios de los 80 en Líbano hasta la última década iraquí. El Ejército Libre, en cambio, depende más de las decisiones políticas de las potencias regionales e internacionales para poder armarse, y una prolongada duda occidental sobre armar o no a la “oposición” llevó a que los grupos islamistas, con mejor armamento y preparación, ganasen terreno.

La Coalición Nacional opositora se pronunció a favor de la intervención americana, también lo hizo el Estado Mayor del Ejército Libre que representa a bastantes brigadas y batallones de la resistencia armada, y cuenta con reconocimiento regional e internacional, pero no llega al nivel de representar realmente a toda, ni a la mayor parte del movimiento armado contra el régimen. Son dos órganos que se mantienen, económica y políticamente, gracias a sus vínculos con regímenes árabes y potencias regionales, y que no mantienen, en general, buena relación con las fracciones islamistas salafistas.

En una de las muchas capas de relaciones, enfrentamientos, y alineaciones que se amontonan formando la cuestión siria, se pude diferenciar un triángulo de fobia conformado por EEUU y sus aliados, el régimen sirio y sus aliados, y el islamismo integrista. Cada vértice espera que los otros dos se debiliten luchando entre ellos para jugar sus cartas, todo esto con el fondo de un levantamiento popular contra una tiranía empobrecedora y extremadamente violenta, y la forma de infinidad de focos de insurrección repartidos en un escenario pos apocalíptico. Este pequeño plano sirve para explicar las diferentes posturas en este momento más que la simplicidad de que “EEUU va a hacer una guerra a favor de Al-Qaeda”, una simplificación que se convierte en demagogia cuando al que la afirma se le atribuye una supuesta sabiduría magnífica de oriente próximo.

http://networkedblogs.com/OULVp