'ELS CASTELLERS' : TORRES HUMANAS

La construcción de torres humanas no es exclusiva de los habitantes de la región catalana de España; existen referencias a este tipo de construcciones humanas a lo largo y ancho de todo el mundo. Desde Marruecos a la India, de Italia a Alemania, se puede encontrar que este tipo de actividad todavía se produce hoy en día de una forma u otra. Esta tradición, que se encuentra en otras culturas, ha influido sin duda la creación de lo que hoy conocemos como el castell (castillo en catalán).

Hoy en día, se cree que el origen de los castells es el resultado de algunas danzas populares que datan del siglo XV. Esos bailes, conocidos como las Balls De Valecians (la Danza de los valencianos) y los Moixigangues son danzas que incorporan la construcción de torres humanas, pero en lugar de tratar de maximizar la altura de la estructura, estas danzas enfatizan la flexibilidad de la misma junto a un importante elemento religioso...



A finales del siglo XVIII se registra el primer castell en la localidad de Arbós y a principios del siglo XIX los castells fueron cada vez más populares y la creación de collas (equipos) fue en aumento. Los collas son similares a las cofradías que son tan comunes en torno a la Semana Santa. En parte club social y en parte equipos deportivos, se reúnen regularmente durante todo el año para practicar la construcción de la torre, competir en concursos y participar en exhibiciones de castells.

La localidad catalana de Valls es considerada la cuna de los castells, ya que en 1805 se formaron los primeros grupos de castellers. Durante este tiempo, Tarragona fue también muy activa levantando castells, pero no tendría sus primeros equipos organizados hasta que un par de años más tarde. Las primeras collas que se organizaron estaban relacionadas con los oficios de la gente del pueblo: con menestrals (artesanos) y pagesos (agricultores) son los dos primeros grupos organizados que se establecieron, con las pescadors (pescadores) que formaron su grupo más tarde. Durante este tiempo de creciente popularidad las alturas de los castells también aumentaron con rapidez vertiginosa. Hacia 1846 los castells alcanzaban alturas de siete y ocho niveles o casi diez metros. En 1851 se levantó el primer castell que alcanzó una altura de 9 niveles (alrededor de 11 metros). Las alturas alcanzadas en esta edad de oro no se repetirían de nuevo hasta 1981.

Esta época dorada duró hasta 1889 y luego experimentó un declive importante. Con la plaga de la filoxera que asolaba los viñedos, que eran un componente importante de la economía local, junto a la apertura de una nueva línea de ferrocarril que unía Valls con Barcelona, se produjo un éxodo masivo de la Cataluña rural hacia las grandes ciudades. Esto afectó la actividad castell tanto que muchos equipos se disolvieron o se volvieron inactivos y ciudades como Valls y Tarragona vieron poca o ninguna actividad castell durante años.

Con Europa recobrándose de la Gran Guerra y España con un cierto grado de estabilidad durante los años veinte, los equipos de castellers comenzaron a disfrutar de una tímida recuperación. Los equipos antiguos empezaron a crecer en número y se empezaron a formar otros nuevos en toda Cataluña. La actividad castell aumentaba lentamente con competiciones ocasionales y un creciente número de exhibiciones que se realizaban en torno a Cataluña. Por desgracia, esta recuperación sería de corta duración, con la llegada de la Guerra Civil Española. Durante este tiempo todas las collas desaparecieron.

Poco a poco, la actividad castell volvió a la vida y con el consentimiento de la dictadura los equipos de castellers comenzaron a volver a estar en forma y durante los siguientes 30 años se celebraron concursos de castells y exhibiciones por toda toda Cataluña, pero no con la misma cantidad de intensidad que había existido durante la edad de oro de cien años antes. Finalmente, en la década de los 80 algo cambió.

Los castellers se dieron cuenta de que la fuerza bruta no es suficiente para llegar a las alturas que estaban buscando: la técnica, el peso y la altura también juegan un papel fundamental en la realización del potencial de lo que estaban tratando de hacer. La incorporación de la mujer fue clave para que esto sucediera. Aunque las mujeres habían participado en ocasiones en las collas, no fue sino hasta la década de 1980 cuando fueron realmente recibidas y aceptadas en las collas como miembros activos. La colla Minyons de Terrassa, fundada en 1979, fue la primera en reclutar abiertamente a mujeres en el equipo. Con este cambio fundamental en la mentalidad de los grupos de castellers, las torres de 9 niveles se hicieron comunes y la creación de equipos de castellers aumentó.

Hoy en día, la tradición casteller está viviendo una "edad de platino" de la popularidad y la innovación. La popularidad del castell se está expandiendo a zonas de Cataluña donde no existía una fuerte tradición casteller como Lérida o Gerona, así como se está ampliando a las Islas Baleares y a países como Chile y Brasil.

Aunque la tradición de la torre humana puede ser global, la tradición casteller es exclusivamente catalana y símbolo de esta región de España. Este icono cultural representa una historia y patrimonio, en el que la confianza, el trabajo en equipo y el esfuerzo mutuo se combinan para hacer algo realmente especial que incluso ha sido reconocido por la UNESCO. En 2010 a esta tradición se le concedió el estatus de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.