ACCIÓN DIRECTA POR LA VIVIENDA : LAS NUEVAS OCUPACIONES

 
  • Cada vez hay más familias desahuciadas que pasan a la acción ocupando viviendas vacías de bancos nacionalizados y forzando a los poderes públicos y privados a negociar un alquiler social.
  • La PAH en Cataluña y el 15M en Sevilla están liderando esta lucha que se aleja del tópico okupa.
  • “Son realojos reivindicativos”, explican.


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    La corrala Utopía es un experimento pionero. Vecinas realojadas en pisos vacíos que quieren negociar un alquiler social. Hay ya 10 en toda Sevilla. Las ilustraciones forman parte de un reportaje que hizo en octubre de 2012 Inma Serrano.
     
     
    En Vallecas, uno de los barrios más combativos de Madrid, hay un bloque de viviendas que lleva años vacío. Bueno, vacío no. “Allí se está dando uno de los procesos de ocupación más interesantes de Madrid, al ser transversal y variado. Así se logra que gente con más dificultades para ocupar –familias con niños o ancianos, gente sin papeles– puedan hacerlo”, comenta Gonzalo, un activista de la Asamblea de Vivienda de la capital que acaba de llegar de Sevilla, donde pasó una semana aprendiendo del movimiento de las Corralas, un experimento reivindicativo que se extiende como mancha de aceite. Un año después de que 20 familias (hoy son 36) se realojaran en un piso vacío del barrio de la Macarena, ya son 4 corralas más en Sevilla, otras 5 en la provincia y, desde hace un par de meses, tres más en Málaga (que se suman a Er Barko, de 2009). Casi todas tienen nombres tan importantes como la Utopía, palabras que permiten alumbrar que otro mundo es posible: Ilusión, Esperanza, Liberación, Unión, Libertad, Alegría…
    Si las cifras que hunden el país son alarmantes (26% de paro, 21% de pobreza), en Andalucía superan lo catastrófico, con un 36% de paro y un 31% de pobreza. La tasa de desempleo juvenil roza el 65% y un tercio de los empleados son eventuales, o sea, precarios. Además, es la comunidad con más ejecuciones hipotecarias y acumula medio millón de casas vacías (3,5 en todo el Estado). “Allí la cosa está más jodida”, comenta Gonzalo. “En Madrid la gran mayoría de afectados por la hipoteca o el alquiler no ha traspasado la línea. Antes se prefiere ir con los padres o el hermano que hacer público tu caso y optar por la ocupación. Pero de aquí a un año, el colchón familiar se acabará rompiendo”.
    Para este activista, hay otra razón por la que en Andalucía se están dando estos procesos que podrían tener un equivalente en Cataluña, donde la Obra Social de la PAH ha “liberado” ya ocho bloques de viviendas en Sabadell para familias desahuciadas que piden alquiler social (incluso abren cuentas corrientes para depositar un 30% de sus ingresos y negociar uno de los tres puntos de mínimos de una ILP pisoteada en el Congreso, con la reforma de la ley hipotecaria que ahora se debate en el Senado).
    “En Andalucía”, explica Gonzalo, “el movimiento por la vivienda está muy coordinado. Llevan luchando desde los años 80, mucho antes que V de Vivienda. En la Intercomisión de Vivienda [alma del 15M sevillano] trabajan muchos grupos [la Plataforma de Derechos Humanos –PDH–, la Liga de Inquilinos, los Puntos de Información de Vivienda y Encuentro –PIVEs–, la PAH, formada allí en 2012], cada uno centrado en un solo aspecto, y cuentan con planes anuales, mientras que aquí estamos debatiendo qué hacer mañana. Cada realojo de las corralas se prepara con cinco meses de antelación. Se debate de manera horizontal qué se permite y qué no, cómo comportarse, cómo repartir las tareas y convivir”.
    El proceso de realojo de las corralas tiene en la ocupación de San Bernardo, 52 un referente claro (aquí un docu contando la historia). Antonio Buenavida, impresor en paro, fue uno de los promotores. No fue una okupación con k, de tipo cresta. Lo llevaron a cabo familias que malvivían en casas ruinosas por la desidia de los caseros en un barrio céntrico sevillano (San Bernardo) muy jugoso para la especulación inmobiliaria. Por ello, los poderes iniciaron en los 90 un proceso de gentrificación para desalojar a los vecinos de toda la vida y vender los pisos a gente con más dinero. Pasó décadas antes en Triana, de donde desalojaron a cientos de gitanos que fueron a parar a las 3.000 viviendas, una barriada donde convive el arte flamenco, la droga y las mafias que controlan pisos enteros. En San Bernardo, además de dejar morir las casas, la presión tuvo un cruel protagonista: los asustaviejas, gente de promotoras haciendo mobbing inmobiliario, presencial y por teléfono. De esta forma, el barrio en 2005 sólo contaba con dos bares de siempre (en uno de ellos se rodó Solas) que terminaron cerrando, y con 200 personas de toda la vida. El resto se había ido. Ese año, Antonio, que acababa de montar la Liga de Inquilinos, maquinó la ocupación del nº52, que llevaba años vacío, tras cruzarse una mañana con su vecino Paco, que leía el periódico en una terraza. “Cómo está la cosa… ¡Terminaremos instalándonos en el nº 52!” Esa noche, Antonio no pudo dormir. Y empezó a organizarse. Llamó a activistas para apoyar la acción y ocupó el edificio con 11 familias de renta antigua cuyas casas, apuntaladas con barras metálicas, se caían a pedazos.
    “Mi casa también era de renta antigua”, comenta Antonio en la terraza con plantas y huerto urbano del piso que ocupó en 2005. “Pero pagaba 242 € por 40 metros cuadrados que se caían a pedazos. Estas cosas pasan con la renta antigua desde la ley Boyer de 1987”. Por la casa de este histórico activista por la lucha de la vivienda (protagonizó a finales de los 70 otro mítico realojo en Palma de Mallorca, Salvem El Puig, donde vivía a los 19 años), ha pasado mucha gente. Ha sido centro de reuniones de un sin fín de activistas, desde Ada Colau al abogado creador de los PIVEs (José Ignacio Aguilar) o a Ramón Fernández, el autor de El tsunami urbanizador, toda una biblia para los militantes de la vivienda.
    Antonio recuerda con nostalgia la última lucha del barrio que le vio nacer. “Los primeros días fueron preciosos. Vino todo el mundo y trabajamos los medios con mimo, en ruedas de prensa con sus perejiles… Hasta instalamos una pantalla donde poníamos cine para el barrio, películas como La estrategia del caracol… Y aunque hayamos ganado, pues no hubo desalojo y la mitad de las familias tienen su caso normalizado y pagan alquiler social, el barrio se perdió. Antes era obrero y cohesionado, y ahora es más bien de élite. Nada que ver. Los vecinos entran y salen en coche de sus garajes y apenas hay vida comunitaria”.
    Del salón, donde suena flamenco, saca a la terraza una inmensa carpeta azul con todos los recortes de una lucha, la del nº 52, que la prensa bautizó como la de las “abuelas ocupas”. Desgrana anécdotas de estos ocho años. “Simpatizo con la k de okupa pero a esto lo llamamos realojo reivindicativo. ¡Ya nos llamarán ellos okupas!”. Cree que habrá más procesos de ocupación en España como el de las corralas (al que le rechina algo su independencia y que “no naveguen todas por igual”) pero sabe que será complicado. “Hace falta mucha capacidad de comunicación e inteligencia emocional. Que la gente se empodere y haga suya esta lucha. Pero es difícil porque estamos hechos polvo”.


    
    Ella es IRMA y vive en el tercero derecha, en la corrala Utopía, hace seis meses. Es asistente social y la que se encarga de las negociaciones como portavoz de la corrala.


    Comunicación e inteligencia emocional se ven a raudales en la corrala Utopía. Nada más llegar a este bloque aislado ­–vacío desde que se construyó hace tres años– se vislumbran sábanas que cuelgan de los balcones con mensajes de lucha. En el portal hay un cartel con el horario de limpieza y otro donde se detallan las reuniones semanales de sus comisiones: organización, comunicación, convivencia, dinamización, limpieza, acción política, recursos y mantenimiento. Te cambia el ánimo rodear el edificio y leer los graffitis que iluminan este símbolo que ha salido en periódicos de todo el mundo. “Ladran, luego cabalgamos”. “Chávez no ha muerto”. “Pueden cortarnos el agua y la luz, pero jamás las alas”. Un largo poema de Benedetti. O este último: “El poder de la fuerza o de la comunicación. ¿Elegimos?”. Y para comunicar con verbo ágil las razones de este realojo, baja a abrir la puerta Irma, asistente social en paro que vive en el 3º derecha con su amiga Montse, asistente social en paro.


    Ella es MONTSE. Comparte piso con Irma. También es trabajadora social. También en paro. “Esto aparte de nuestro piso es el cuartel general. Es tímida y lo pasa mal mientras la retrato. “Nunca nadie me ha hecho un dibujo”.


    A principios de 2012, un grupo de afectados que se reunía en torno al PIVE del barrio de Macarena planteó la estrategia de realojo que se concretó en mayo. A los 15 días les cortaron luz y agua. “Al ser un edificio aislado nos vimos sitiadas. Cada vecino se las arregló con hornillos, generadores o velas. Y en verano lo pasamos fatal, imagínate, con ese termómetro marcado 49 ºC. Tras mucha presión, pusieron una fuente abajo. Es como un centro social, allí hablamos de nuestros problemas cuando bajamos con las garrafas”.


    MANOLI habla muchísimo. Irma me ha traído a verla. “¿Qué capítulo quieres que te cuente de mi vida? Este es uno de muchos…”. Me cuenta sin pestañear todo lo referente a la historia de su piso en la corrala. Es el segundo derecha. Su hija también está en Utopía. “Sé desde el principio la situación en que nosotros nos encontramos. Yo no estoy aquí empeñá. Pero, hija, hay que vivir sin miedo. Si me llevan los municipales, pues que me lleven. Yo no he hecho ná malo. Pero hay que echarle coraje a la vida, y aquí estamos”. Manoli vive con sus dos hijos y su nieta Ainhoa. “Yo busqué de tó de tó pa que no subastaran el piso de mi hija. Pero nos quedamos sin dinero. La abogado del 15M nos dijo que nos teníamos que ir… y cuando vinimos sabíamos a lo que veníamos. Había luz y agua pero los albañiles habían picado las tuberías y hecho destrozos en las casas porque no habían cobrado un duro. Nosotros hemos arreglado los desperfectos, yo he puesto la encimera sola. Pero no pongo cortinas hasta que no tenga papeles por delante. Esto no es mío. Pero es absurdo que ellos me quiten mi casa y yo no pueda venir a una casa que está cerrada. Aquí me meto de momento”. Me da la sensación de que este capítulo de la vida de Manoli no es el primero ni va a ser el último. Es una mujer que lucha, acostumbrada a tirar p’adelante con lo que sea. Habla de política, de leyes, de las cosas de todos los días. Tiene opinión formada y clara. Si le vienen muchas más de estas, va a enfrentar la vida como hasta ahora. “Al toro por los cuernos".


    En el año que llevan los ataques no han cesado, sobre todo del Ayuntamiento (PP). Intentos de dividir a las vecinas ofreciendo a algunas otro realojo o amenazando con quitar ayudas o la custodia de los hijos. “Con tanto miedo y necesidad, las vecinas han sido de una firmeza maravillosa”, cuenta Irma (35 años). “Elegimos llamarla corrala porque no queríamos replicar una forma de vida sin reconocernos por los pasillos. Como decía una amiga, practicamos la revolución de la yerbabuena: poder pedirle azúcar o una ramita a tu vecina. Aquí vivimos 36 familias del barrio. Hay de todo: familias de tres generaciones (las de Ana y Manuela, las matriarcas), desahuciados con hipoteca, amigas como nosotras que no puede acceder a una vivienda, gente sola, desalojados de vivienda pública que pagaban 450 €… Quisimos hacer pública la ocupación para visibilizar este problema social que deja a la gente en la calle habiendo tantas casas vacías”. Y, para ello, tras ocupar el bloque se repitieron los escritos, manifestaciones y encierros para poder negociar con el Ayuntamiento, la Junta e IberCaja, propietaria del bloque tras quebrar la inmobiliaria. Han sido meses de tira y afloja que ahora parecen ver la luz tras la promesa del defensor del pueblo de que tendrían un año de alquiler social y tras las declaraciones a la SER del presidente de la entidad: “Preferimos que las viviendas estén ocupadas pagando una renta de 100 € que tenerlas deshabitadas”. Pero aun así (y aunque pactaron que no se adelantarían los trámites judiciales) los 56 vecinos declaran esta semana como imputados ante la jueza.


    AINHOA es nieta de Manoli. Cuando llego está haciendo los deberes. Me hace gracia porque es viernes por la tarde. Me abraza sin conocerme de nada. Luego me pregunta: “¿Tú quién eres?”. Está esperando que la dibuje después de dibujar a su abuela. Pregunta todo el rato sobre lo que estoy dibujando. Dice que no le gusta el cole pero sí dibujar. Ella es una de los 70 niños que habitan la corrala. En el tiempo que llevan ahí, han nacido dos chiquillos. El último la semana pasada.


    Hay nervios, claro, pero saben que cuentan con la fuerza de la unión. Y no se van a rendir. Están presionando a la Junta andaluza (PSOE+IU) para que se declare el estado de Emergencia Habitacional (“que en el país haya un tsunami en el tema de vivienda es un marrón internacional” –cuenta Gonzalo en Madrid– “y judicialmente abre muchas posibilidades”) y por la presión de gente como ellas la Junta ha cambiado las leyes, estableciendo sanciones a los bancos con viviendas vacías por más de 6 meses o llegando a la expropiación. En Canarias (CC) han calcado esta reforma legislativa pues allá, asegura Irma, el movimiento ciudadano por la vivienda también es muy potente. “Nos van a tener de chivatos por la vida para que bancos e inmobiliarias sientan nuestro aliento en la nuca”, dice. “El decreto es un respiro importante. Hará que bajen los alquileres y abre nuevos campos de trabajo. Pero aún queda mucho para que la vivienda sea un derecho y no un negocio”.

    Marcos Rebollo Fidalgo
    Desobedientes
    Periodismohumano