CONTRA TODO, CONTRA TODOS


" Desde el punto de vista económico, la inmanejable deuda del Estado fue exacerbada por un sistema de extrema desigualdad social y de los altos impuestos que la nobleza y el clero no tenían obligación de pagar, pero que sí oprimía al resto de la sociedad ". Así define la Wikipedia el cuadro socio-económico que arrastró al Antiguo Régimen al basurero de la historia de la mano de la Revolución Francesa.

Resulta sorprendente la analogía entre el sistema que se resistía a morir en 1789 y el que padecemos en España (y en buena parte de Europa) más de doscientos años después.

Una deuda ilegítima impresionante (entonces por las guerras, ahora por la especulación), una élite social (antes la aristocracia feudal, ahora la plutocracia financiera) que no tributa por sus riquezas, y una gran mayoría social sometida a una fuerte exacción (antes por los impuestos, ahora además por las rebajas salariales).

Pero existen más similitudes.

Las aduanas interiores, los peajes y los derechos señoriales que hace dos siglos impedían la libre expansión de la producción y el comercio, en éstos tiempos se han transmutado en unos oligopolios privados (en la energía, el agua, la banca y la distribución) que imponen tarifas y precios que, al mermar considerablemente la capacidad adquisitiva de la gente, retraen la actividad económica. 

En lo político, el paralelismo es igualmente importante. El poder entonces lo detentaba no más del 2% de la población ( nobleza y alto clero). Actualmente no es mayor el porcentaje conformado por la aristocracia financiero-empresarial y la élite política que sistemáticamente gobierna contra más del 90% restante. 
Ha sido una constante a lo largo de la historia que los gobiernos conservadores se dedicaran a machacar al movimiento obrero y a sus aliados políticos, pero preservando la lealtad de amplias capas medias, pequeños propietarios y miembros de los aparatos del Estado.

Pero hoy la lista de agraviados por los recortes del gobierno no parece tener fin. Un día son los rectores de todas la Universidades quienes arremeten contra la situación  de la enseñanza superior. Al día siguiente, son todas las asociaciones de jueces, independientes de su adscripción ideológica, las que denuncian el tijeretazo en la justicia. Funcionarios de todos los niveles muestran su indignación por los ataques a sus salarios y a los servicios públicos. Los médicos se movilizan contra las consecuencias de la privatización de la sanidad. Los autónomos, en una decisión sin precedentes históricos, se suman a la última huelga general del movimiento sindical. Hasta los policías, en Madrid y otras ciudades, hacen circular octavillas en la que se lamenta de no proceder al arresto de los grandes delincuentes de la sociedad: banqueros y políticos. 

Exactamente como hace dos siglos, cuando burgueses, comerciantes, obreros, campesinos y artesanos se alzaron contra una nobleza improductiva que vampirizaba a toda la sociedad e impedía el desarrollo de las fuerzas productivas. Hasta el trato que los de arriba dispensan a los de abajo es equiparable. Los aristócratas exhibían burla y desprecio hacia las reivindicaciones sociales, por justificadas y masivas que éstas fueran. 

Ahora ocurre otro tanto : a las movilizaciones de colectivos enteros, los dirigentes del Partido Popular responden con la porra, el cinismo y la criminalización. Temerosos de que el estallido social se los lleve por delante, desempolvan estrategias represivas, inspiradas en el miedo, que nos retrotraen a los momentos más tenebrosos de la dictadura franquista : multas desmesuradas a gentes que han participado en manifestaciones, encarcelamiento durante semanas de participantes en piquetes, apaleamientos de ciudadanos pacíficos... En la misma dirección, sepultan la división de poderes y el parlamentarismo queda reducido a una pantomima, gobernando sistemáticamente mediante decreto-ley.

De golpe (y nunca mejor dicho) nos llevan hasta más de dos siglos atrás : ciudadanos empobrecidos y sin derechos, mientras que los recursos económicos son acaparados por una oligarquía parasitaria que los deposita en los paraísos fiscales. Aquella época concluyó con la afilada hoja de la guillotina. Algunos debieran conocer  cómo terminó el Antiguo Régimen que con tanto afán y esmero pretenden restablecer.


http://www.tercerainformacion.es/spip.php?article46075
José Haro Hernández