sábado, 30 de agosto de 2014

'ELS CASTELLERS' : TORRES HUMANAS

La construcción de torres humanas no es exclusiva de los habitantes de la región catalana de España; existen referencias a este tipo de construcciones humanas a lo largo y ancho de todo el mundo. Desde Marruecos a la India, de Italia a Alemania, se puede encontrar que este tipo de actividad todavía se produce hoy en día de una forma u otra. Esta tradición, que se encuentra en otras culturas, ha influido sin duda la creación de lo que hoy conocemos como el castell (castillo en catalán).

Hoy en día, se cree que el origen de los castells es el resultado de algunas danzas populares que datan del siglo XV. Esos bailes, conocidos como las Balls De Valecians (la Danza de los valencianos) y los Moixigangues son danzas que incorporan la construcción de torres humanas, pero en lugar de tratar de maximizar la altura de la estructura, estas danzas enfatizan la flexibilidad de la misma junto a un importante elemento religioso...



A finales del siglo XVIII se registra el primer castell en la localidad de Arbós y a principios del siglo XIX los castells fueron cada vez más populares y la creación de collas (equipos) fue en aumento. Los collas son similares a las cofradías que son tan comunes en torno a la Semana Santa. En parte club social y en parte equipos deportivos, se reúnen regularmente durante todo el año para practicar la construcción de la torre, competir en concursos y participar en exhibiciones de castells.

La localidad catalana de Valls es considerada la cuna de los castells, ya que en 1805 se formaron los primeros grupos de castellers. Durante este tiempo, Tarragona fue también muy activa levantando castells, pero no tendría sus primeros equipos organizados hasta que un par de años más tarde. Las primeras collas que se organizaron estaban relacionadas con los oficios de la gente del pueblo: con menestrals (artesanos) y pagesos (agricultores) son los dos primeros grupos organizados que se establecieron, con las pescadors (pescadores) que formaron su grupo más tarde. Durante este tiempo de creciente popularidad las alturas de los castells también aumentaron con rapidez vertiginosa. Hacia 1846 los castells alcanzaban alturas de siete y ocho niveles o casi diez metros. En 1851 se levantó el primer castell que alcanzó una altura de 9 niveles (alrededor de 11 metros). Las alturas alcanzadas en esta edad de oro no se repetirían de nuevo hasta 1981.

Esta época dorada duró hasta 1889 y luego experimentó un declive importante. Con la plaga de la filoxera que asolaba los viñedos, que eran un componente importante de la economía local, junto a la apertura de una nueva línea de ferrocarril que unía Valls con Barcelona, se produjo un éxodo masivo de la Cataluña rural hacia las grandes ciudades. Esto afectó la actividad castell tanto que muchos equipos se disolvieron o se volvieron inactivos y ciudades como Valls y Tarragona vieron poca o ninguna actividad castell durante años.

Con Europa recobrándose de la Gran Guerra y España con un cierto grado de estabilidad durante los años veinte, los equipos de castellers comenzaron a disfrutar de una tímida recuperación. Los equipos antiguos empezaron a crecer en número y se empezaron a formar otros nuevos en toda Cataluña. La actividad castell aumentaba lentamente con competiciones ocasionales y un creciente número de exhibiciones que se realizaban en torno a Cataluña. Por desgracia, esta recuperación sería de corta duración, con la llegada de la Guerra Civil Española. Durante este tiempo todas las collas desaparecieron.

Poco a poco, la actividad castell volvió a la vida y con el consentimiento de la dictadura los equipos de castellers comenzaron a volver a estar en forma y durante los siguientes 30 años se celebraron concursos de castells y exhibiciones por toda toda Cataluña, pero no con la misma cantidad de intensidad que había existido durante la edad de oro de cien años antes. Finalmente, en la década de los 80 algo cambió.

Los castellers se dieron cuenta de que la fuerza bruta no es suficiente para llegar a las alturas que estaban buscando: la técnica, el peso y la altura también juegan un papel fundamental en la realización del potencial de lo que estaban tratando de hacer. La incorporación de la mujer fue clave para que esto sucediera. Aunque las mujeres habían participado en ocasiones en las collas, no fue sino hasta la década de 1980 cuando fueron realmente recibidas y aceptadas en las collas como miembros activos. La colla Minyons de Terrassa, fundada en 1979, fue la primera en reclutar abiertamente a mujeres en el equipo. Con este cambio fundamental en la mentalidad de los grupos de castellers, las torres de 9 niveles se hicieron comunes y la creación de equipos de castellers aumentó.

Hoy en día, la tradición casteller está viviendo una "edad de platino" de la popularidad y la innovación. La popularidad del castell se está expandiendo a zonas de Cataluña donde no existía una fuerte tradición casteller como Lérida o Gerona, así como se está ampliando a las Islas Baleares y a países como Chile y Brasil.

Aunque la tradición de la torre humana puede ser global, la tradición casteller es exclusivamente catalana y símbolo de esta región de España. Este icono cultural representa una historia y patrimonio, en el que la confianza, el trabajo en equipo y el esfuerzo mutuo se combinan para hacer algo realmente especial que incluso ha sido reconocido por la UNESCO. En 2010 a esta tradición se le concedió el estatus de Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad.

viernes, 29 de agosto de 2014

MAQUIS : LOS ÚLTIMOS GUERRILLEROS

Dicen que todo español lleva un guerrillero dentro. La lucha de la guerrilla antifranquista, los llamados "maquis" es un epígono de la guerra civil. Los que la escribieron fueron gente del pueblo, variopinta, y como en toda lucha cometieron errores, se dejaron llevar a veces por la rabia o la desesperación. Pero en su mayoría, tenían muy a gala ser los últimos defensores de la república...


Cuando la guerra civil acabó en 1939, muchas personas de ideología republicana marcharon al monte y emprendieron una lucha desde las sierras españolas. Otros lo hicieron por el acoso sufrido por las fuerzas del orden. La lucha guerrillera duró hasta 1952, pero sus coletazos alcanzarían hasta los años sesenta. Los guerrilleros se sentían una prolongación del Ejército republicano. Sin embargo, la historia oficial hasta el momento los considera como "bandoleros".

La realidad de aquellos años estaba compuesta de contraseñas, complicidades, disimulo y miedo. Era un heroísmo cotidiano, hecho de claves y de miradas, de palabras a media voz y protagonizado por guerrilleros de la montaña y sobre todo por los guerrilleros del llano, los enlaces. Porque si los que combatían al régimen franquista en los montes y sierras de España aún tenían armas para defenderse, los enlaces, muchas veces mujeres o niños, estaban inermes ante la dictadura. Frente a unos 7.000 guerrilleros, el número de enlaces fue diez, veinte veces mayor. Según cifras oficiales hubo 20.000 enlaces detenidos. Otros murieron a manos de las fuerzas de la Guardia Civil, que les aplicó la "ley de fugas", les torturó o les fusiló. Entre los enlaces algunos se convirtieron en delatores para salvar la vida. La guerrilla es una historia de héroes y villanos que tiene numerosas zonas grises.

Las zonas de actividad guerrillera fueron aquellas que tenían unas características geográficas que la hacían posible, como las cadenas montañosas. Esa fue su cara y su cruz. Si por un lado permitió la supervivencia de partidas con mucha movilidad, por otro redujo la actividad guerrillera a territorios poco poblados y aislados. La guerrilla en España no fue homogénea, no hubo una, sino muchas guerrillas. Hay diferencias no solo regionales, sino hasta provinciales.

Franco mandó silenciar los informes sobre la oposición armada y los esfuerzos que se hacían para combatirla. Sin embargo, lejos de las ciudades y de la realidad que se vivía en muchas zonas, en lo más escarpado de los montes, un grupo de hombres y mujeres, a pesar de todo, siguieron luchando. Para muchos, fueron los últimos románticos. Para el régimen, nada más que bandoleros.

sábado, 23 de agosto de 2014

FÁBRICAS RECUPERADAS EN ESPAÑA, ¿PORQUÉ NO?..

Corría marzo de 1969. De un día para otro, nada menos que la mitad de Torrecilla de Cameros, en La Rioja, unas 144 familias, se vio obligada a emprender un éxodo hacia Viana, en Navarra, donde se había trasladado la empresa de muebles para la que trabajaban. Allí, siete bloques de pisos fueron construidos para albergar a las 640 personas emigradas. Unos pocos años después, Fermín Peña, con apenas 14 años, empezó a trabajar en la empresa. Y lo sigue haciendo ahora, 38 años después. A punto estuvo, junto con el resto de la plantilla, de quedarse en la calle hace dos años, tras el cierre de Muebles Salcedo. Ahora ya no se llama Muebles Salcedo, sino Muebles Viana. Y la empresa es de los trabajadores...




La compañía se había ganado fama de combativa en repetidos ciclos de huelgas. No iba a ser tan fácil terminar con ellos. “Empezaron a decir que las cosas iban mal y los dueños decidieron cerrarla”, cuenta Peña a Diagonal. Al igual que otras 250.000 empresas desde el inicio de la crisis, Muebles Salcedo se veía obligada a echar el cierre.

Las perspectivas para los 132 trabajadores no podían ser peores. “En la época en la que estábamos y con los años que tenemos... había que agarrarse a algo. Si no era ahí, ¿dónde íbamos a trabajar? Salvo dos o tres, todos tenemos ya más de 50 años”, dice Fermín. Con el dinero adelantado que obtuvieron de la capitalización del desempleo, los trabajadores compraron la empresa y la convirtieron en cooperativa.

Una historia que se ha repetido desde el inicio de la crisis, en 2008, con diferentes nombres: Mec10, Profinox, Zero-Pro, El Nou Rals, Tafinox, Curvados Alzania... El número exacto de empresas ‘coope­rati­vi­za­das’ se desconoce, pero todos los que han estudiado el fenómeno coinciden en señalar que son cientos y que cada vez son más. Sólo en 2012, último año del que hay datos, los trabajadores se hicieron con el control de 150 empresas en quiebra o en riesgo de quiebra en Europa. La mitad de ellas se encontraba en España, según la Confederación Europea de Cooperativas de Trabajo.

Empresas ‘cooperativizadas’
“Cuando se habla de fábricas recuperadas, lo que viene automáticamente a la cabeza es la experiencia argentina”, dice Mariana Vilnitzky, periodista de la revista Alternativas Económicas. En España, comenta esta periodista de origen argentino, “existen otras fórmulas”.

Muchas de las empresas cooperativizadas surgen de la capitalización del paro o de las indemnizaciones de los trabajadores despedidos, que deciden hacerse con la empresa. En otras ocasiones, la plantilla pacta con el propietario la transformación de la empresa en una cooperativa para evitar el cierre. Éste fue el caso de Cuin Factory, en Vilanova i la Geltrú (Barcelona), donde el mismo dueño se convirtió en uno más de los miembros de la cooperativa, cobrando lo mismo que todos los demás: 900 euros. En otros casos, los trabajadores víctimas de un ERE crean un nueva entidad y se quedan parte de los clientes o usuarios, como ocurrió con Musicop, una cooperativa creada por los 35 trabajadores despedidos de la Escuela de Música de Mataró (Barcelona), dependiente del Ayuntamiento. La nueva cooperativa no sólo se ha mantenido, sino que ha creado nuevos puestos de trabajo.

A pesar de este auge de empresas cooperativizadas, el fenómeno sigue sin ser significativo en relación a la destrucción de empleo provocado por la crisis. Según comenta Vilnitzky, las consultas para iniciar nuevas cooperativas se han triplicado en muchas comunidades autónomas. Pero a veces es demasiado tarde. “Cuando llegan a preguntar, es porque ya se han comido todo el paro, cuando ya estuvieron buscando y buscando trabajo... Entonces es cuando generalmente empiezan a pensar en armar algo propio. El problema es que cuando llegan a ello ya no tienen forma de financiarlo”, dice. “En Argentina no tienes paro, no tienes nada –continúa– en el momento en que te vas a quedar sin trabajo, la necesidad de luchar por tu puesto de trabajo es mucho mayor. El problema es que todavía en España hay gente que piensa que, si se queda sin trabajo, igual de aquí a unos meses consigue algo”.

Mejores resultados
“Las cooperativas son las que están aguantando mejor la crisis”, afirma a Diagonal Juan Antonio Bernabéu, autor del libro Las cooperativas de trabajo asociado como solución a la reestructuración empresarial en épocas de crisis económica. “Las cooperativas mantienen el empleo, son capaces de generar empleo, de evitar el cierre de empresas. Esto se demuestra con las cifras”, argumenta Bernabéu. Hasta 2013, las cooperativas se habían limitado a destruir empleo con un ritmo ligeramente inferior al resto de empresas, pero el año pasado cambió la tendencia: por primera vez desde el inicio de la crisis, el número total de cooperativas crecía, un 23% más que el año anterior, confirman desde la Confederación Española de Cooperativas de Trabajo Asociado (Coceta).

Bernabéu argumenta que esta mayor resistencia de las cooperativas frente a las empresas tradicionales se debe a que tienen mayor capacidad de adaptación: “No son empresas al uso, son empresas participativas, democráticas, en las que todos los cooperativistas son dueños de la empresa, algo que les permite una agilidad de adaptación que no tiene ninguna empresa estándar”. Una capacidad de adaptación, reconoce, que tiene su reverso oscuro en la autoexplotación y formas muy diversas de entender el cooperativismo, en una gama que va desde empresas de tres empleados hasta un grupo como Mondragón, que en 2012 daba trabajo a más de 80.000 personas.

El motivo último de este crecimiento del cooperativismo y de las empresas ‘recuperadas’, resume Bernabéu, se halla en que se trata de un “modelo que en estos momentos está funcionando mejor que la empresa clásica”. También “de la necesidad de la gente, que no quiere quedarse sin trabajo”. Como el caso de Muebles Viana. “La empresa se iba cerrar... y nos agarramos a esto para poder tener trabajo. Y parece que hemos acertado”, dice Fermín Peña.

domingo, 17 de agosto de 2014

¡ QUÉ VUELVA EL MURO DE BERLIN !

Durante años, los medios de comunicación capitalistas han difamado libremente sobre la ya extinta República Democrática Alemana y principalmente sobre el Muro de Protección Antifascista, popularmente conocido como "el muro de Berlín". 



Desde la separación de Alemania, el oeste abiertamente declaró la intencionalidad de anexión de la parte este, practicando constantemente actos de sabotaje, propaganda, engaño y espionaje, así mismo, tensaron la cuerda de la guerra constantemente agitando el polvorín que en ese momento era Berlín. Tal es así que quien en su momento fue alcalde de la parte oeste de Berlín, Willi Brandt, declaró que el Berlín oeste era "una espina en el costado de la República Democrática Alemana" y por ende del campo socialista en su conjunto. De esta manera, vemos las intentenciones desleales y traicioneras que mantuvieron los dirigentes de la República Federal Alemana en la cuestión alemana...


En cualquier caso, antes de analizar más acerca del muro en sí, es conveniente hacer un pequeño esbozo de la coyuntura histórica que acabo con la creación de este muro, el proceso que condujo a ello.

En 1945, habiendo sido derrotado el nazi-fascismo en Berlín por el Ejército Rojo a la par que las potencias capitalistas aliadas avanzaban presionados por el avance soviético en Europa, Alemania queda dividida en cuatro sectores: el soviético, el francés, el británico y el norteamericano, lo mismo ocurriría en concreto con la ciudad de Berlín, que se encontraba en medio de la zona soviética.

Por un lado se encontraba la Unión Soviética, la cual instaba a un gobierno de concentración nacional dotado de un carácter antifascista y fuera de influencias extranjeras. Por otro lado los países imperialistas que solo querían de Alemania un tapón contra el avance del comunismo, manteniendo, una vez más, su ya habitual postura antipopular y antidemocrática con tal de defender sus intereses. Es pues nuevamente una pugna entre las potencias lideradas por EE.UU y la URSS, así como el pistoletazo de salida de la llamada "Guerra Fría". Finalmente, el 23 de mayo de 1949 de manera unilateral las potencias capitalistas aliadas, al haber unido sus respectivos sectores de influencia del oeste, crean la denominada República Federal Alemana (RFA). Se convierte así mismo una frontera entre sectores en una frontera entre dos Estados. Es entonces cuando el 7 de octubre de 1949 la parte este responde constituyendo otro Estado: la República Democrática Alemana (RDA).

Además de la separación artificial de Alemania por una frontera estatal, la RFA se integra en la OTAN, así, EE.UU y la RFA crearon una frontera no solo entre estados, sino también entre dos bloques militares, ya que la RDA más tarde ingreso en la alianza militar del bloque socialista: el Pacto de Varsovia. Luego, ¿quién levantó realmente el muro?

Más allá de los hechos anteriormente citados, las autoridades del oeste, una y otra vez, azuzaron a saboteadores, bandas fascistas, revanchistas y espías para que constantemente hicieran trabajo de zapa en la joven RDA. Es bastante paradigmático el hecho de que solo en Berlín oeste se encontraban alrededor de 90 organizaciones de espionaje. A todo ello podemos sumarle el hecho de que la RFA no reconocía a la RDA como Estado soberano y sistemáticamente efectuó provocaciones, violaciones intencionadas de las fronteras, etc. Era pues Berlín un polvorín al que EE.UU y la RFA no paraban de echar cerillas encendidas.

Estando así las cosas, y siendo la RDA y principalmente el este de la ciudad de Berlín objeto de constantes ataques y provocaciones la madrugada del 13 de agosto de 1961 los obreros berlineses comenzaron la construcción del muro que habría de frenar el avance de las bandas neohitlerianas y las aspiraciones belicistas de la OTAN hacia el este de Europa. El muro fue un portazo en la cara a los EE.UU semejante al de Corea, Vietnam o Cuba y por eso mismo lo aborreció y calumnio de esa manera la prensa capitalista durante los últimos años. ¿Realmente podemos acusar de algo a un granjero que cerca su terreno? O ¿A una persona que cierra la puerta de su casa con llave para que no le roben?

La República Democrática Alemana, una y otra vez, dio pie a su vecino para mejorar las relaciones interalemanas e incluso para la reunificación y la retirada bilateral de todos los pactos militares internacionales y la retirada del armamento nuclear de los dos lados. Estas propuestas fueron tumbadas una y otra vez desde la Casa Blanca y Bonn (Capital de la RFA). De hecho, la RDA abrió oficinas en la parte oeste del metro de Berlín, allí expedía visados para entrar a la República, sin embargo, estas oficinas fueron cerradas por las autoridades del oeste ¿Quién no deseaba realmente la reunificación? ¿Con qué legitimidad acusa el gobierno de Bonn a la RDA de romper lazos humanos?

La RDA era un país relativamente pequeño, tranquilo, pero muy vivo. Este país con sus alrededor de 20 millones de habitantes llegó a ser el décimo país más industrializado del mundo. El nivel de vida en la RDA era bastante alto, no existía el desempleo, ya que al estar toda la economía en manos de la clase obrera se organizaba y planificaba con tal de producir según las necesidades de la población y las necesidades del mismo avance económico. La RDA fue una de las demostraciones prácticas de la superioridad de la economía planificada sobre el modo de producción del capitalismo. Además del bienestar de los trabajadores en general, es de mencionar que se hicieron grandísimos avances en lo que a los derechos reproductivos, sexuales y demás respecta, por ejemplo, mientras que en la RFA la homosexualidad fue ilegal hasta los años 90, en la RDA la población gozaba de libertad sexual. La juventud tuvo siempre un papel capital. Muchos jóvenes fueron representantes electos y parte de muchas estructuras políticas, económicas, sociales,.. Además, aparte de la presencia que tenían los jóvenes en la vida política, es reseñable el gran desarrollo que tuvo la música popular moderna. Mediante festivales de música como el "Ostrock" la juventud disfrutaba de un tiempo libre festivo a su medida, a su gusto. Por otro lado la cuestión de la mujer trabajadora también tuvo un gran adelanto, las mujeres estaban presentes en los trabajos "masculinos" por igual, prácticamente su totalidad trabajaba, era pues una igualdad real. La educación, sanidad, vivienda, trabajo, ocio, transporte, energía, agua, cultura, deportes, vestimenta, y un largo etcétera eran también derechos fundamentales que todas las personas tenían en la práctica.

La República Democrática Alemana fue el primer Estado alemán antifascista. Fue el primer Estado alemán Socialista. Un país que cometió errores, pero los cometió honestamente. Muchas de las personas, antiguas ciudadanas de la RDA con las que podáis hablar, seguro que os cuentan con nostalgia su época de pionero, su trabajo asegurado, el ocio, el deporte, la hermandad y la paz que se vivían en ese país... El muro de contención antifascista fue erigido para proteger a esa sociedad de aquellos que hoy nos expulsan de nuestras casas y puestos de trabajo. De aquellos que hacen la guerra en países lejanos y masacran a la población civil para conseguir los recursos que necesitan. ¿Quién construyó, pues, realmente el muro?

TintaRoja - Jakes Iñarra

CARTA DE LOS OBISPOS ESPAÑOLES EN 1937

A estas alturas de la vida, resulta un ejercicio de apestosa inutilidad dirimir si la Iglesia jerárquica y, por tanto, como institución, se mantuvo neutral ante la guerra civil. La única verdad histórica es que recibió la República como un cataclismo, y la guerra civil como una bendición de Dios. Luchó de manera tan sutil como eficazmente contra la primera y no dudó un instante en sumarse a la segunda desde el momento en que Mola publicó su bando de exterminio y de terror.



El texto de la “Carta colectiva de los obispos españoles a los de todo el mundo con motivo de La Guerra de España” publicado en agosto de 1937 es la prueba escrita concluyente de que la Iglesia se comportó de manera tan beligerante como el belicista “Diario de Navarra”. Curiosamente, sería este papel quien publicase dicho documento, al que calificará de «página magnífica de la iglesia española», recalcando en ella valores como «firmeza, valentía, elevación y claridad». (“Diario de Navarra”, 5-VIII-1937).

lunes, 4 de agosto de 2014

LAS BRIGADAS VASCAS EN LA OFENSIVA DE OVIEDO

A finales de enero de 1937 el Estado Mayor del Ejército del Norte, bajo el mando del general Francisco Llano de la Encomienda, planeaba una nueva ofensiva contra las fuerzas rebeldes que resistían en Oviedo, prácticamente cercadas salvo por un pasillo que comunicaba con Grado. Llano, cuyas relaciones con el Gobierno de Euzkadi se habían deteriorado gravemente a causa de la frustrada ofensiva sobre Vitoria, quería el concurso de dos brigadas vascas y una santanderina. La falta de un mando único en el Norte era consecuencia del cantonalismo de las tres provincias norteñas leales a la República y tuvo su punto de inflexión cuando el lehendakari Aguirre dejó a Llano sin jurisdicción en Euzkadi, acusándole de incompetente y de no entender “la singular idiosincrasia del Pueblo Vasco”...



EL ORIGEN DEL PATRIARCADO

Es innegable; que no quiere decir aceptable, el camino andado en cuanto a los conocimientos y saberes adquiridos en relación a las mujeres en el pasado. Pero la gran mayoría de estas investigaciones se retroalimentan de presupuestos claramente patriarcales. Mucho se ha criticado (y con razón) la sociedad patriarcal, el poder masculino y el papel de la mujer (y el conjunto de los transgéneros). Es ese papel, el que ha sido cuestionado muchas veces, la mayoría sin argumentos, y que culpabiliza y hace responsable a la mujer de la propia opresión padecida. La existencia de un mutuo acuerdo entre hombres y mujeres, una especie de “comunión” en la que las mujeres contribuyeron a establecer y sustentar, implicándose en su propia opresión. Esta situación de complicidad, en el imaginario colectivo se llevaría a cabo en condiciones en las que las mujeres eran libres de coerción y sin padecer ningún tipo de violencia, represión ni tan siquiera alineación. Todas estas afirmaciones sitúan a la mujer como sostenedora y transmisora de la institución del Patriarcado...


No se nos ocurren mayores muestras de insolidaridad hacia lo femenino que negar o justificar esa opresión. Al margen de una mayor o menor participación (que no cooperación) en la reproducción del patriarcado, la mayoría de las mujeres no han contado con las herramientas suficientes para hacer frente al poder masculino. Fundamentalmente porque no comparten las mismas condiciones objetivas (trabajo, participación, producción) ni están inmersas en el mismo proceso de socialización (conocimientos, formación, cuidados recibidos, padecimientos sufridos, etc.). Por lo tanto ese tipo de discursos son altamente peligrosos, ya que tienden, por el contrario a anular toda responsabilidad por parte de los opresores.
En el plano histórico, al analizar los orígenes de la dominación masculina sobre las mujeres, se nos plantea la duda de que si sexuar el pasado es necesario o no, es decir, ¿porque consideramos necesario saber quien hacía cada cosa y porqué?..

Porque nos permite conocer como el ser humano pasó de una clara diferencia biológica a una división sexual del trabajo y la posterior dominación. El hecho de dar vida, esta primera división del trabajo en función del sexo, no implica la explotación de un sexo sobre otro ya que puede paliarse evitando la existencia de disimetrías en el reparto de trabajo. Ha sido el patriarcado quien legitima e institucionaliza una relación de dominación, inscribiéndolo en una supuesta naturaleza biológica. Son las mujeres las que al criar, producen los futuros sujetos sociales destinatarios del trabajo humano.

¿Cómo surge esta desigualdad? El origen del Patriarcado.

Se conoce que la sexualidad surge hace 3.000 millones de años y la reproducción sexual hace 1.000 millones de años. El sexo crea variación de descendencia, propagación de características ventajosas y elimina los rasgos desfavorables, aunque también es conocido que en la naturaleza se dan casos de descendencia a partir de un solo sexo, o de que aunque existan dos, uno solo tiene la capacidad de crear vida(Partenogénesis) , en el ser humano es necesario el encuentro entre dos sexos para la reproducción sexual. Los primeros encuentros sexuales de los que tenemos constancia son entre Neardenthales y Sapiens, que beneficio el sistema inmunitario (Hace 65.000 años).

Aunque es muy difícil conocer a ciencia cierta cómo eran las relaciones económicas, sexuales, sociales en las primeras etapas del ser humano, hay muchas pruebas que indican que a diferencia de lo que nos han enseñado del Cisgenero “de toda la vida” el transgénero existe desde hace miles de años.
Si nos remontamos al Paleolítico la autosuficiencia era igual en hombres y en mujeres, con una repartición similar entre todos los miembros del grupo.
Existía cooperación. La educación de las crías era asumida por el grupo; aunque es muy probable que la aparición del protolenguaje fuese gracias a las mujeres. Apenas era conocida la paternidad; las relaciones sexuales no eran controladas por la comunidad, eran relaciones más o menos libres y aunque existían implicaciones emocionales, debido por ejemplo a la forma de mantener relaciones cara a cara (único en bonobós y en humanos) y que las relaciones no eran duraderas en el tiempo, el único parentesco conocido era la maternidad. Las hembras copulaban con varios machos y no se conocía la relación entre coito y embarazo (Muchas tribus actuales creen que las relaciones sexuales sirven para preparar a la mujer para que el espíritu del hijo/a entre en sus cuerpos).
Las relaciones de poder se limitaban en algunos casos al poder temporal de los chamanes (ha quedado demostrado el uso de las drogas para este fin).

Se tiene constancia de que la recolección fue vital para el grupo, y la caza, al contrario de lo que se cree, fue en la mayoría de las ocasiones para complementar la ingesta de vegetales. Sobre la caza también se ha dicho mucho, como que era cosa de hombres. Ni era la actividad más importante ni estaba asumida solo por hombres. Las mujeres y los hombres, en un principio carroñeaban, ya que no se tenía un metabolismo adaptado para cazar. Y conforme sus cuerpos se fueron adaptando ambos sexos compartían la tarea de conseguir alimento matando a otros animales.

Distintos aspectos, como que los animales podían oler la menstruación de las mujeres y huir o atacar, el hecho de que las hembras criasen, etc. condujo a que conforme fueron conscientes de su importancia para el grupo y al ser peligroso para el embarazo ciertas actividades como cazar, explorar, luchar , la exposición a las inclemencias del tiempo etc. Poco a poco sus labores pasasen a ser la de la recolección.

Con el paso de mucho tiempo y tras perfeccionar la caza, esta paso a ser la actividad principal para conseguir alimento en épocas de escasez de recursos. La recolección paso a ser necesaria para alimentar a los machos en sus expediciones para conseguir alimentos, con lo que las mujeres alimentaban a los hombres, y los hombres al grupo entero. Además los machos se convirtieron en personas entrenadas y vigilantes que acostumbraban a expresar agresividad.

Del sexo sin necesidad de monogamia, pasamos a una sociedad basada en parejas, debido al conocimiento de la paternidad. Ya en el Neolítico; con la ganadería, las sociedades apreciaron como cuando separaban a las hembras de los animales machos, estas no se quedaban embarazadas (Jacques Dupuis).
Ahora, que los hombres sabían quiénes eran sus hijos/as, y con la agricultura asentada, la propiedad privada cobra más fuerza. Les interesa aprovechar la fuerza de trabajo de sus hijos/as para cultivar sus tierras y explotar sus recursos. Todas las investigaciones apuntan a que la mujer o inventó o perfeccionó la agricultura. Cuando sus cultivos agotaban los suelos, estos tenían que trasladarse de sitio, por lo que el registro arqueológico demuestra como el Patriarcado se asentó antes en sociedades asentadas cerca de los deltas de los ríos, que autoregeneraba el suelo, ya que para trasladarse era un inconveniente cargar con crías, así que retrasaban el parto. Sin embargo, en las sociedades con recursos interesaba que la mujer tuviese hijas/os. La familia (De famulus; conjunto de bienes del patriarca), aparece, y debido a su potencial económico destierra a las sociedades que apostaban por huir de la monogamia y que practicaban la cooperación de todas las personas. La simbología es muy importante en todo este proceso. Los antepasados de estas sociedades ya conocían el ciclo menstrual y lo relacionaban con la luna. A partir del asentamiento del patriarcado se le comienza a dar más importancia al sol (por su relación con la agricultura). Es decir, esta simbología nos muestra la importancia de la economía y del poder en el desarrollo de las sociedades.

Mayor trabajo para la mujer en el Neolítico. Dominación en sociedades sin Estado.

Al analizar esqueletos de individuos de estas sociedades, comprobamos como los dedos del pie de la mujer, sobre todo el dedo gordo, ha sufrido la pérdida del cartílago (debido a la postura que ejercían al agacharse a moler grano).
Y si observamos a muchos individuos, es curioso como en los hombres aparece una hendidura en la rotula, lo que indica que pasaban mucho tiempo con las rodillas flexionadas (sentados) ;que casi no aparece en las mujeres: debido a que después de la jornada laboral estos podían descansar, mientras que la mujer tenía en encargarse de otras labores.
El fémur humano desarrolla una protuberancia ausente en personas sedentarias. Restos del sureste de Arizona muestran que los hombres tienen estas marcas, pero las mujeres no, es decir que mientras los hombres realizaban un comportamiento nómada, el fémur de las mujeres muestra una actividad sedentaria (obviamente la agricultura).
Un gran error a la hora de criticar la dominación del hombre hacia l mujer, y su limitación al plano domestico, es ver estas actividades como el mantenimiento de los hijos/as, solamente como necesario para la subsistencia, pero no como lo que verdaderamente es; una actividad económica. La mujer trabajaba tanto dentro como fuera de casa, aunque las unidades domesticas no eran iguales a como son ahora, sería muy injusto considerar estas actividades simplemente como “actividades familiares o domesticas”. En esta nueva de organizar la sociedad, tenemos constancia de que los niños/as con 10 años ya trabajaban en el campo, y que conocían métodos para que la mujer tuviese más hijos/as. (Se han encontrado figuras que mostraban a dos individuos imitando posturas sexuales que observaban en los animales).
La agricultura dio lugar a nuevas formas de relacionarse, y a la acumulación de bienes (animales, utensilios, etc.) lo que llevó a la aparición de rangos y jerarquías( A mayor acumulación de bienes mayor peso social).

Feminismo Libertario

El término anarco-feminismo, tal y como lo conocemos hoy día, nace en el siglo XIX haciendo referencia a las mujeres anarquistas que actuaban dentro de los movimientos feministas y anarquistas. Entre las pioneras en este ámbito encontramos a Mary Wollstonecraft y la comunera Louise Michel, que fue la primera mujer en empuñar la bandera negra característica del movimiento anarquista, que fue curiosamente confeccionada con una falda negra.
Lxs anarco-feministas señalan que los rasgos autoritarios, la agresividad, la competición, la desensibilización, etc. son tradicionalmente señalados como “masculinos” y que se entiende socialmente intrínseco en los hombres. Mientras que, por otro lado, los rasgos no autoritarios como la cooperación, compasión, la sensibilidad, etc. Son valores considerados “femeninos” y socialmente desvalorados. Estos roles impuestos por la sociedad son los que se trabajan en su erradicación en las organizaciones anarco-feministas.
Otra de las cuestiones que el anarco-feminismo aborda son las relaciones sentimentales entre personas: se promueve las relaciones de responsabilidad compartida, amor libre y sexualidad responsable mientras se opone a la institución estatal-eclesiástica del matrimonio, la concepción tradicional de familia, la educación, etc.
A mediados de los años 70 nace el llamado, feminismo de la diferencia que pretende, no buscar la igualdad de género, si no que busca crear una identidad propia de la mujer, reconociendo la distinción en cualidades y preferencia entre un sexo u otro. Debemos considerar que existen diferencias, y que estas no tienen porque ejercer dominación, si no derivar en reciprocidad y cooperación. El pretender conseguir la igualdad es algo absurdo, ya que dentro de la igualdad nos encontramos con homogeneidad, estandarización y una normalidad (la normal ideal).

Espacios de mujeres, grupos no mixtos.

Con la evolución del feminismo nace la necesidad de crear espacios solo de mujeres para la lucha feminista, algo que se ha cuestionado y se cuestiona en todas las organizaciones. Sin embargo, este movimiento tradicionalmente se lo planteado al revés: ¿Podemos acabar con el patriarcado diferenciándonos entre sexos?
Está claro que sólo las mujeres no podríamos hacer la revolución para acabar con el patriarcado, ya que este es muy poderoso, penetra en cada aspecto de nuestra vida y en una revolución social debemos participar toda la sociedad, sin hacer ninguna diferencia.
Pero debemos cuestionarnos, ¿Por qué la mayoría de los grupos que trabajan en el movimiento feminista están compuestas mayoritariamente por mujeres? Principalmente por el principio de autoorganización. Está claro que el oprimido no se reúne con su opresor para tomar conciencia de su opresión y para decidir las líneas de actuación contra el mismo.
¿Es que debe ser un hombre quien nos muestre hasta qué punto el género masculino, al que pertenece, nos está oprimiendo? Además de ser de un paternalismo flagrante, no quiero ni pensar cuál podría ser la reacción de cualquier mujer. Si alguien ha de descubrirme el grado de opresión que sufro, prefiero que sea una igual, entre otras cosas porque me entenderá mejor y me sentiré más cómoda cuando tenga la necesidad de despotricar contra mi opresor.

Los espacios no mixtos son espacios propios dónde la mujer nos hacemos fuerte contra el mundo patriarcal que nos oprime. Durante los años 70, con el feminismo radical, tuvo un gran crecimiento los grupos de autoayuda, dónde las mujeres podían reunirse para encontrar apoyo mutuo y expresar su malestar y preocupaciones, como por ejemplo perder el miedo a intervenir la vida política.
Todxs sabemos que en España hace poco que las mujeres tenemos acceso a la educación, al trabajo, métodos anticonceptivos, etc. Por tanto, participar políticamente en cualquier movimiento supone un gran reto, ya que es un mundo de hombres, con unos esquemas y unas formas totalmente masculinas y en donde, por el hecho de ser mujer, parece que tu opinión tiene menos valor. En un grupo de mujeres es más fácil perder el miedo a opinar, a hablar en público, a tomar iniciativas y también a equivocarse: se trata de un entorno menos hostil.

El movimiento libertario se cree tener superado este tema, pero si rascamos un poco la superficie, nos daremos cuenta que todavía existen desigualdades dentro de las organizaciones, que las mujeres no participan por igual, que no todos los valores del feminismo estás asumidos por los hombres y que, incluso, se tiende a repartir tareas según el género, de ahí la necesidad de crear grupos de trabajos no mixtos al igual que trabajar el feminismo con mas periodicidad. 
   
Otro factor importante es la existencia de una contracultura femenina. Romper con el patriarcado y construir un nuevo mundo implica reconocer unos valores femeninos, hasta ahora ignorados, desprestigiados o explotados. Esta contracultura se hace del todo necesaria ya que lo cuestiona todo.
En la lucha contra el patriarcado es necesario el cuestionamiento por parte de los hombres de sus privilegios, y el trabajarse las masculinidades, es decir, abordar como afecta el género masculino a los hombres y como eliminar los roles de dominación, no interfiriendo en la lucha feminista sino empatizando y apoyando esta lucha mediante su propia lucha contra los roles patriarcales.

Escrito por Manifiestoalalocura y Virginia:

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martes, 29 de julio de 2014

CONTRA LA TORÁ

El núcleo de la crisis del mundo cristiano-occidental está localizado en su secularización, es decir, en un avance ya casi irreversible de la “erosión de la Fe”. El mundo cristiano-occidental ha perdido la Fe, y a partir de allí surgen las políticas sin el hombre (o a partir de un hombre desalmado o desespiritualizado, que es lo mismo): surge el “crecimiento económico” al margen de las necesidades humanas, surge un “mundo virtual” que promete goces sin límites al margen de los sufrimientos reales del mundo real. Surge, en definitiva, lo que es hoy la cultura occidental: un hecho aberrante que se mantiene en base a una posición de fuerza material, exclusivamente. 


Asimismo, la influencia judía sobre Occidente produce una evidente distorsión sobre su percepción en torno a lo que ocurre en el mundo árabe y musulmán. A partir de su extraordinaria influencia lograda con el control de los sistemas informativos occidentales (prensa, radio, televisión, cine, editoriales, etc.), el judaísmo distorsiona la visión de Occidente, que es impulsado a pensar que los movimientos islámicos practican la “violencia terrorista” y no son más que “residuos del pasado” dentro de un “nuevo orden mundial”. 


La política europea sobre el mundo árabe y musulmán está particularmente afectada por esa distorsión lograda por la creciente influencia del judaísmo sobre Occidente. Es por ello que en estos momentos es tan importante clarificar la posición del Islam en Occidente como reforzar la propia historia y cultura occidental contra la influencia judía. Occidente y judaísmo no son la misma cosa. Por el contrario, durante largos períodos históricos fueron realidades antagónicas. Cuando hablamos de diálogo entre el Islam y Occidente nunca debemos olvidar que ambos mundos, el cristiano-occidental y el islámico-oriental, sufren en estos momentos crisis importantes. La ventaja del mundo islámico-oriental es que su cultura -a pesar de haber pasado y de estar pasando por gravísimas crisis- no ha perdido el enorme valor humano de la religiosidad. 

La cultura islámica no se ha secularizado y ese hecho permite planificar una resistencia política y militar ante el hegemonismo occidental, cuya vanguardia es indudablemente el Estado de Israel y su ideología de Estado oficial: el nacional-judaísmo. No olvidemos en ningún momento que estamos hablando de la existencia de un cáncer en el interior del mundo islámico que se llama Estado de Israel. Esa realidad geopolítica, ideológica y religiosa lleva al límite, casi al paroxismo, la crisis de la cultura árabe-secular que se inicia con el triunfo de la modernidad en Occidente. 

La modernidad occidental se manifiesta como superioridad respecto de Oriente en todos los campos, desde la tecnología militar hasta las doctrinas políticas. Esa superioridad, que luego se transforma en hegemonía, se inicia con el fracaso del ejército musulmán otomano ante las puertas de Viena, en 1683. Es indudable que la actual guerra entre el mundo musulmán y el Estado de Israel es una guerra de supervivencia, es decir, una guerra religiosa. Quien caiga derrotado en esta guerra sucumbirá durante un muy largo período histórico. Esta realidad realza la importancia de la religión en tanto ideología, en general; y del Islam, en tanto ideología resistente no secularizada, en particular, frente a un judaísmo instrumentalizado en función política y estratégica por el Estado de Israel y por los Estados Unidos de Norteamérica. 

Pero otro proceso se desarrolla en paralelo. Desde hace varias décadas el judaísmo trata de absorber teológicamente al cristianismo y, en especial, al catolicismo, trata de convertirse en la ideología hegemónica del mundo occidental. En ese sentido, el mundo occidental ya no es “evangélico-católico”, sino judeo-cristiano. El deterioro que produjo la secularización del cristianismo -tanto en su versión evangélica (protestante, o luterano-calvinista) como en su versión romano-católica, no fue un fenómeno ajeno a esta progresiva hegemonía ideológica que el judaísmo está alcanzando en Occidente. Así, mientras el mundo islámico mantiene una guerra de religión defensiva contra las agresiones de la interpretación imperialista del judaísmo, que hoy hace la dirigencia judía en Oriente Medio y en el resto del mundo occidental, esa misma dirigencia judía pretende y avanza hacia la hegemonía religiosa e ideológica en el seno del propio Occidente. 

Pero además hay otro factor que incide sobre el mundo árabe-musulmán. Es la corriente del progresismo laico europeo que sostiene que los graves problemas que hoy debe afrontar esa región del mundo no encontrarán soluciones mientras esas sociedades, las árabe-musulmanas, no adopten sistemas políticos democráticos. Los principales ideólogos de esa corriente del orientalismo europeo ignoran -o fingen ignorar- que la crisis de la democracia entendida como sistema de representación política, es uno de los núcleos de la decadencia cultural del Occidente como un todo, en los tiempos actuales. ¿Cuál es la lógica subyacente de esta intención de “exportar” un sistema que ya está en crisis irreversible allí mismo donde nació?. Criticar esa exportación no significa negar el hecho de que las sociedades árabe-musulmanas carecen de espacios individuales de libertad. 

Es indudable que la práctica inexistencia de lo que en Occidente se llama “sociedad civil” es uno de los máximos escollos ante los que la historia parece tropezar en los tiempos actuales, en esa región del mundo. Es necesario crear y/o desarrollar esos espacios de libertad en los planos individual, familiar y social. Pero sería una catástrofe traducir “espacios de libertad” para el mundo árabe y musulmán en términos neoliberales de cultura occidental. Ni siquiera en Occidente, hoy, la “libertad” es sinónimo de “democracia”. Sino más bien todo lo contrario. Tenemos planteado, entonces, los elementos básicos, aislados como simple operación de laboratorio, que integran un cuadro de situación extremadamente complejo: la situación religiosa, política, cultural y militar que vive el mundo árabe y musulmán dentro de un planeta en avanzado proceso de globalización económica. 

Primer elemento. En el interior de ese espacio (empleamos la palabra “espacio” en su estricta significación geopolítica) árabe y musulmán se vive una crisis de tanta gravedad que si no se la soluciona en plazos históricos razonables entrará en una curva de decadencia irreversible. 

Segundo elemento. El cristianismo (cultura) occidental está en una fase de alto deterioro secular, lo que posibilita la estrategia del judaísmo -en su versión actual de nacional-judaísmo, es decir, de imperialismo teológico y racista- tendente a apropiarse de esa cultura. En definitiva esa estrategia está orientada a transformar la cultura cristiano-occidental en cultura judeo-cristiana-occidental. En Occidente existe asimismo una relación cada vez más estrecha entre el neoliberalismo globalizante y la instrumentalización imperialista del judaísmo, lo que pervierte a la casi totalidad de los “grandes” valores occidentales, como por ejemplo, la idea de “democracia”. 

Tercer elemento. La guerra defensiva que el mundo árabe y musulmán tiene planteada ante el Estado de Israel, es cada día más una guerra de religión, como lo fueron todas las grandes guerras de la historia. Estamos hablando, sobre todo, de interpretaciones revolucionarias del Islam, como el chiísmo. A todo lo largo de la historia musulmana surgieron sistemas intelectuales contradictorios entre sí. Algunos fueron elaborados para legitimar el poder establecido; otros, para combatir ese poder. Sería deseable que en la actualidad pueda lograrse una convergencia cada día más intensa entre los distintos sistemas intelectuales dentro del Islam. 

Cuarto elemento. El Islam aparece en el escenario internacional cada vez más en su exacta dimensión original: no sólo como religión sino como ley revelada. En ese sentido constituye la única cosmovisión sagrada que es al mismo tiempo libre y liberadora. Las luchas políticas y militares que mantiene hoy el Islam contra lo que definimos como “nacional-judaísmo” –para diferenciar la etapa actual de la del clásico sionismo laico- lo diferencia radicalmente del resto de las confesiones que se refieren sólo a la “vida espiritual del individuo solitario”, dejando de lado no sólo la vida social: abandonando asimismo la “vida material” a influencias extrañas a la Fe. Este cuadro de situación, muy simplificado, exige respuestas políticas, militares y estratégicas –en general- extremadamente complejas, tanto en su concepción cuanto en su ejecución. 

RESPUESTAS A OCCIDENTE 
Es absolutamente vital comprender que el proceso de absorción teológica e institucional que el judaísmo desarrolla sobre el cristianismo (y sobre el catolicismo romano en particular) conlleva agresiones múltiples contra importantes sectores del propio mundo occidental, muchos de los cuales en estos momentos están reaccionando contra ellas, bajo diferentes formas, muchas veces solapadas. La estrategia de respuesta árabe y musulmana debería partir del hecho obvio de que Occidente no es una unidad, sino que por debajo de un ligero manto que finge unidad, se desarrollan procesos contradictorios. Esas contradicciones que sacuden hoy al mundo occidental por debajo de una delgada superficie de falsa unanimidad, son de naturaleza económica (conflictos intercapitalistas); nacionales (luchas de los Estados para sobrevivir a la globalización); geopolíticas (Estados Unidos de América versus Europa, y “América profunda” contra la “costa este”, por ejemplo); culturales (defensa de cada una de las identidades contra una mundialización indiferenciadora), y religiosas (reacciones cada vez más definidas del catolicismo popular, por ejemplo, contra una cúpula eclesiástica romana asociada a la globalización y a la judaización de Occidente). 

La clave de la política del mundo árabe y musulmán respecto de Occidente radica en saber desarrollar su capacidad para distinguir estas fisuras cada vez más definidas que existen en el mundo occidental. Esto quiere decir que la estrategia a implementar no puede desconocer lo que realmente sucede por debajo de la superficie de Occidente. Ante cada situación específica la respuesta tiene que ser también específica. La indiferenciación de situaciones conducirá al fracaso, y ése será tal vez el último fracaso. Las agresiones del nacional-judaísmo no se limitan al mundo árabe-musulmán. Existen innumerables agresiones contra numerosos Estados y culturas occidentales: algunas de esas agresiones: en Europa occidental (Alemania, España, Francia), en Iberoamérica (Argentina) y en Rusia. Cada una de esas culturas y de esos Estados es agredido por el nacional-judaísmo en sus intentos por impulsar una globalización económica bajo su hegemonía teológica. Ese universo agredido es el aliado natural del mundo árabe y musulmán. Con esos fragmentos agredidos de Occidente el mundo árabe y musulmán debería articular una política y, en su conjunto, una estrategia basada en la diferenciación: es decir, en una evaluación exacta de las dimensiones particulares de cada agresión. 

La guerra religiosa defensiva que el mundo árabe y musulmán mantiene en estos momentos contra Israel, que ha adoptado una ideología de Estado basada en una interpretación teológica perversa, no debe hacer perder de vista que hay otras guerras -muchas veces ocultas o disfrazadas- en otras partes del mundo contra el mismo enemigo. Como en toda guerra, ésta exige disponer de un sistema de inteligencia estratégica. Es decir, de algo que en la actualidad el mundo árabe-musulmán carece en absoluto. Digamos de paso que un sistema de inteligencia estratégica es algo muy distinto de un “servicio” de inteligencia táctico. Ya hemos dicho que el desarrollo de una estrategia basada en la diferenciación, aplicada sobre Occidente, y sobre Europa en particular, no quiere decir, en absoluto, tener que adoptar los valores occidentales que actualmente se encuentran en crisis profunda. Muchos arabistas u orientalistas occidentales hoy hablan de la necesidad de producir una “segunda modernización”, como elemento central para una salida a la crisis que vive el mundo árabe y musulmán. En mi opinión ello contribuiría a incrementar aún más esa crisis. Sería suicida buscar los necesarios “espacios de libertad” en un intento de “modernización democratizadora”. 

Como lo ha demostrado hace pocos años la catástrofe soviética, existe una distancia esencial y abismal entre “democratización” e “individualización”. La búsqueda y la consolidación de los “espacios de libertad”, de individualización, es una tarea que se puede y se debe desarrollar dentro del propio Islam, entendido como lo hemos planteado hasta ahora, como una religión libre y liberadora, y como la única confesión en el mundo entero aún no deteriorada por la secularización occidental. En el Islam el hombre -el hombre individualizado- está en el centro de un mundo creado por Dios, que ha hecho de él su representante en el Universo, y que por lo tanto está dotado de facultades y capacidades especiales. En el origen de la crisis del comunismo soviético estuvo la cuestión religiosa; y en la decadencia de ese sistema, la “cuestión democrática”. En términos reales, en el origen estuvieron un grupo de “judíos revolucionarios” (la mayoría de ellos no rusos) y, sobre todo, marginales (no asimilados, y despreciados por los judíos asimilados alemanes, franceses e ingleses), que explotan una revolución realizada en nombre de un proletariado (ruso) inexistente. En el medio de esa revolución existió un importante proceso de rusificación (Stalin) frustrado por una distorsión ideológica localizada en el nacionalsocialismo alemán. En la decadencia del proceso existió otro grupo de judíos “reformistas”, que emergen del mismo seno del PCUS (más concretamente, del Komsomol), que comenzaron a construir la sociedad burguesa en una sociedad sin burguesía, y la “democracia”, en una sociedad sin tradiciones democráticas en absoluto. 

Hoy son ellos, esos banqueros judíos producidos por el PCUS, los que controlan casi en exclusiva los destinos de Rusia. El llamado “socialismo real” no fue más que un socialismo pagano. Esto es, una forma política correspondiente a una cultura “primitiva”. El mundo pagano -no religioso- no puede sino generar un Estado primitivo, carente de las complejidades del mundo posindustrial; incapaz de procesar esas complejidades. Lo que produce no sólo una cultura no-democrática. El Estado pagano-primitivo fija en el tiempo una sociedad sin individualización. Así, la vida social y la individual transcurrieron, durante la época del “socialismo soviético”, en dos planos separados y opuestos. Lo general (Estado, sociedad) y lo particular (individuo), discurrieron en niveles y en compartimientos estancos. Hubo un conflicto insuperable entre los dos niveles de la existencia. El Estado primitivo-pagano excluye la particularidad: la vida individual es un crimen, es decir, una oposición activa de lo particular a lo general. A partir de allí se buscó la “democracia” como forma de superar esa dicotomía, que sin embargo no hizo más que agudizarla. El Islam no necesita de la “democracia” para encontrar la individualización de las personas que integran la comunidad (Umma). 

La grandeza y la trascendencia histórica de la Revolución islámica en Irán, así como el enorme significado que asume la Resistencia Nacional Libanesa de Hezbollah, consiste en que constituyen hechos que emergen cuando la idea de revolución -es decir, de justicia- parecía una idea vencida en el mundo entero, y cuando la idea de dignidad y de libertad nacional parecía un mero recuerdo perteneciente al pasado. La lucha por la justicia y por la dignidad de los hombres y de los pueblos comenzó a adquirir una nueva dimensión, justo en el momento en que esa lucha parecía perdida. A partir de Imam Jomeini queda claro que no hay revolución sin eternidad. Que el hombre, el actor revolucionario, no es un simple eslabón en la “mecánica de la historia”. Es el fundamento de un complejo sistema planificado por Dios. Pero en ese “sistema” el hombre tiene una enorme libertad y, consiguientemente, una enorme responsabilidad. Los “espacios individuales de libertad” están dentro de la misma doctrina. Así, la “cultura musulmana” adquiere una independencia y una superioridad casi total respecto de la “cultura occidental”. Y ello provoca que los humillados dentro del mismo Occidente necesitan ahora de algo más que de una simple doctrina social laica, racionalista o humanista para encarar su propia liberación. Para Irán este es un buen momento para iniciar una apertura hacia Europa, sin ceder espacios de poder acumulados y ya consolidados, porque una hipótesis probable del escenario de futuro es la escisión del “mundo occidental”. “Aunque los americanos, solos, dispondrán siempre de medios (militares) más que suficientes para actuar en solitario (….) tendrán menos intereses materiales en el mundo exterior por los que preocuparse, y el hecho de una ruptura con Europa podría hacerles retroceder a su viejo sueño de autosuficiencia hemisférica” (…) “Una ruptura euro-americana cambiaría radicalmente todos los cálculos sobre el futuro”. 

Por otra parte, los europeos -solos- se enfrentarían a una situación mucho más difícil. Europa depende, mucho más que América, del petroleo del suroeste asiático, y está además geográficamente mucho más cerca del mundo islámico…Para enfrentarse a cualquier problema que pueda afectar sus intereses, Europa “no dispone, hasta la fecha, ni de los equipos militares ni de la unidad organizativa para defender sus intereses de forma adecuada”. Y está lejos de cumplir esos requisitos en un futuro previsible. 

EL MENSAJE INTERIOR 
Las “respuestas a Occidente”, anteriormente expuestas, no podrían ser eficaces si en forma simultánea no se elaborara un “Mensaje interior”, de cara al propio mundo árabe y musulmán. En mi opinión, esa estrategia interna debe pivotar sobre dos elementos esenciales: lograr márgenes progresivos de individualización dentro de las sociedades árabes y musulmanas, y desarrollar un liderazgo de nuevo tipo, un liderazgo hegemónico, que ya no puede buscarse en las antiguas formas en que hasta este momento ese liderazgo se ha manifestado. Entre los “acuerdos” de Camp David y los de Oslo, un verdadero cataclismo ha sacudido a la totalidad de las sociedades árabes y musulmanas, ya socavadas por la derrota militar de 1967. En términos de política internacional práctica el principal hecho esperanzador que surje en el horizonte es la Alianza que se está gestando entre Siria, Irán y el sur del Líbano. Será a partir de ella, de su profundización y de su ampliación, que se podrá estructurar un liderazgo de nuevo tipo, capaz de integrar los elementos positivos del arabismo nacionalista con los del islamismo revolucionario. La “arabidad” y la “islamidad” fueron hasta ahora, en muchas coyunturas dramáticas, elementos antagónicos. Sobre su aparente irreconciliabilidad fueron edificadas todas las estrategias tendentes a mantener al mundo árabe y musulmán en un estado de subordinación y de exclusión perpetuas. Por el contrario, sólo la confluencia de la “arabidad” con la “islamidad” corporizadas en Estados y movimientos de envergadura histórica, como son los de Irán, Siria y Hezbollah, podrá demostrar que aún existe capacidad de organización -es decir, de esperanza- en el mundo árabe y musulmán. Y que esa esperanza organizada, consciente de los enormes errores cometidos en el pasado es, en primer lugar, capaz de mantener una guerra de resistencia contra el agresor, en un momento de la historia en que el poder del eje Washington-Israel parece invencible. El poder potencial de la Alianza Irán-Siria-Hezbollah tiene asimismo una trascendente dimensión geopolítica. Representa la soldadura de dos polos geográficos, el del Mediterráneo Oriental y el del Golfo Pérsico-Índico quienes, a lo largo de muchos momentos de una larguísima historia, actuaron “a la tracción” sobre el mundo persa-árabe-turco (y, aún, sobre otros espacios contiguos, como el caucasiano y el del Asia Central oriental). Un espacio político así re-conformado es la respuesta adecuada a ciertos juegos tácticos, de alta peligrosidad, vigentes hoy en día, en los que participa activamente el ejército laico turco, aliado del terrorismo judío. Yo no soy musulmán ni, como es obvio, árabe, ni persa. Mi vinculación con el Islam es de naturaleza sociológica y estratégica. Desde esa perspectiva he leído y leo el Corán, donde se dice, en varias Suras, que el Antiguo Testamento o Biblia Judía (y protestante), o Torah, ha sido falsificado por los escribas hebreos. 

El Corán denuncia la falsificación de un libro que se ha convertido en el fundamento teológico e ideológico de un Estado criminal, el Estado de Israel. La “historia” de Israel que relata el Antiguo Testamento es, en un sentido estricto, una historieta. No es una historia sino una mitología, como siempre fue entendido por el catolicismo tradicional. El mismo método mitificador fue utilizado en este siglo para canonizar al “Holocausto”. La crítica al judaísmo debe incluir al Antiguo Testamento. Debe partir de la Torah. Es decir debe partir de una definición de judaísmo que se atenga a la realidad: él es un hecho totalizador y totalitario: teológico, racial, económico, histórico y estratégico. Y ello, afortunadamente, es muy bien percibido por las corrientes católicas y cristiano-orientales resistentes al posmodernismo. El rol jugado por el judaísmo desde los orígenes del capitalismo finaliza en la construcción del Estado de Israel, que se fundamenta no sólo en ser la expresión regional más elocuente de la globalización del capitalismo, sino en la convicción de que existe no sólo una superioridad religiosa sino, además, una superioridad racial. Entonces la cuestión central es que el judaísmo se percibe a sí mismo no sólo como un hecho religioso, sino como un hecho racial, nacional y social, al mismo tiempo. De allí surge una exigencia básica para el mundo musulmán contemporáneo: ligar más estrechamente al Islam con la histórica y sistemática exclusión-explotación-destrucción sufrida por la “raza árabe-persa inferior”. El Islam reúne muchos elementos para convertirse en el núcleo cultural de un proceso de liberación (de la raza árabe y otras etnias musulmanas contiguas, como la persa y la turca), respecto del hecho judío más trascendente de toda la historia: el espacio geopolítico actualmente dominado por el Estado de Israel. Pero carece de la fractura teológica que existe entre el cristianismo tradicional y el judaísmo: la figura mesiánica de Jesucristo. 

Las palabras de Jesús constituyen una ruptura total con la tradición judía. El misterio de Jesús no debe ser considerado como una tentativa de reformar el judaísmo desde una supuesta secta judía (la de los cristianos): Jesús aporta un elemento absolutamente diferente que no puede ser reconciliado con el judaísmo. Jesús revela un Dios que es esencialmente distinto a Yahvé, al Dios nacional judío que nos muestra el Antiguo Testamento. El hijo de Dios y la Virgen María han sido y volverán a ser la frontera infranqueable entre judaísmo y cristianismo. El espacio islámico es una de las pocas realidades geopolíticas con capacidad potencial para disputarle al imperialismo occidental judeo-cristiano el control sobre los destinos del mundo. Y veo en determinadas interpretaciones del Islam, como la del chiísmo, un sistema de pensamientos y de sentimientos muy cercanos al catolicismo popular, hoy abandonados por la jerarquía de la Iglesia Romana. El “llanto por Hussein” es algo conmovedor para cualquier católico que quiera vivir al lado de su pueblo, en contacto con sus hermanos oprimidos y humillados. 

El chiísmo expresa un sentimiento trágico de la vida muy cercano al sentido del sacrifico de Cristo, y al ejemplo heroico del Che Guevara, que no fue, en ese sentido, un simple mártir laico. Por cierto que la categorización de la raza árabe, y de otras musulmanas, como “inferior”, coincide con el colonialismo, es decir, con el ciclo de expansión del capitalismo. El rol jugado por el judaísmo desde los orígenes del capitalismo finaliza en la construcción del Estado de Israel, que se fundamenta no sólo en ser la expresión regional más elocuente de la globalización del capitalismo, sino en la convicción de que existe no sólo una superioridad religiosa sino, además, una superioridad racial. En este punto coincido totalmente con Bruno Étienne: 
“Israel, contrariamente a lo que dicen los árabes, no es simplemente un hecho colonial clásico, reducible a los casos de Argelia y de África del Sur. Tampoco me parece que Israel sea un peón del imperialismo norteamericano. El Estado hebreo es todo eso a la vez, pero con una dimensión mesiánica, escatológica, ligada a una historia y a unos lugares particulares. 
Los árabes no pueden a la vez conducir la lucha antiimperialista e ignorar la dimensión metafísica de Jerusalén. Pues muy a menudo, en su política de opresión y de anexiones, Israel ha puesto en serias dificultades a sus Aliados” (Bruno Étienne, El islamismo radical). 

Es en el Estado de Israel donde se verifica plenamente la gran intuición expresada por Friedrich Nietzsche, hacia finales del siglo XIX: 
"Los judíos son el pueblo más notable de la historia universal , ya que, enfrentados al problema de ser o no ser, han preferido, con una conciencia absolutamente inquietante, el ser a cualquier precio: ese precio fue la falsificación radical de toda naturaleza, de toda naturalidad, de toda realidad, tanto del mundo interior como del mundo exterior entero. Los judíos son, justo por eso, el pueblo más fatídico de la historia universal: en su efecto ulterior han falseado el mundo de tal modo que hoy incluso el cristiano puede tener sentimientos antijudíos sin concebirse a sí mismo como la última consecuencia judía."

viernes, 25 de julio de 2014

LA POBLACIÓN ESPAÑOLA EN LOS AÑOS TREINTA EN ESPAÑA

La España de los años treinta era un país mayoritariamente rural y poco poblado en comparación con otros estados de la Europa occidental. No obstante, era perceptible una tendencia a la modernización de las estructuras demográficas, que el crecimiento económico del último período de la Monarquía había contribuido a consolidar. El carácter selectivo de tal proceso, condicionado por el desigual desarrollo capitalista de las primeras décadas del siglo, confería a estos impulsos demográficos una capacidad de dinamización y, a la vez, de generación de tensiones sociales, que les convirtió en un factor de cierta importancia en la vida de la República.


domingo, 15 de junio de 2014

LA ALFABETIZACIÓN A TRAVÉS DE LA HISTORIA

La alfabetización es el primer paso para la autonomía personal, la reducción de la pobreza y el ejercicio de la ciudadanía. No saber leer ni escribir cierra numerosas puertas y abre una de las menos deseadas: la puerta de la pobreza y la exclusión social...



Y es que aunque hoy en nuestro mundo occidental nos parezca algo lejano, hubo una época, en que escribir y leer eran habilidades excepcionales e inaccesibles para buena parte de la población. La alfabetización en las sociedades preindustriales se asociaba con la administración civil, el derecho, el comercio y la religión. La educación formal en materia de alfabetización sólo estaba disponible para una pequeña parte de la población, ya sea en instituciones religiosas o para los ricos que podían permitirse el lujo de pagar sus tutores..


Aunque los conceptos actuales de alfabetización tienen mucho que ver con el invento de la imprenta, no fue hasta la revolución industrial de mediados del siglo XIX que el papel y los libros se convirtieron en algo asequible económicamente para todas las clases de la sociedad industrializada. Hasta entonces, sólo un pequeño porcentaje de la población sabía leer y escribir, ya que únicamente los individuos ricos y las instituciones podían pagar los materiales prohibitivamente caros. Incluso hoy en día, la escasez de papel barato y los libros suponen una barrera para la alfabetización universal, en algunos países menos industrializados.

La educación universal de todos los niños en materia de alfabetización se trata de una cuestión reciente, no ha aparecido en muchos países hasta después de 1850. Incluso hoy en día, en algunas partes del mundo, las tasas de alfabetización se encuentran por debajo del 60 por ciento (por ejemplo, en Afganistán, Pakistán, Bangladesh y la mayor parte de África). 


Los antecedentes de la educación 

Durante la mayor parte de la historia de la humanidad la educación se transmitía por vía oral y mediante la observación y la imitación. Los jóvenes aprendían de mano de sus padres y familiares. Con el desarrollo de la escritura, fue por fin posible la redacción de relatos, poesía, conocimientos, creencias y costumbres que se van a grabar y transmitir con mayor precisión que los datos escuchados y de esta forma permanecer accesible a las futuras generaciones. En muchas sociedades, la propagación de la alfabetización se realizó de forma lenta; la tradición oral y el analfabetismo siguió siendo predominante durante gran parte de la población durante siglos e incluso milenios.

El desarrollo de la escritura surgió  aproximadamente a partir del año 3500 AC, desarrollándose en antiguas civilizaciones por todo el mundo. Así por ejemplo, en Egipto, se desarrollaron los famosos jeroglíficos que se podían leer hacía el año 3400 AC.  Más tarde, el alfabeto más antiguo del mundo conocido se desarrolló también en el centro de Egipto alrededor del año  2000 AC a partir de una secuencia de jeroglíficos que se utilizaban en monumentos de piedra, o para escribir con tinta sobre papiros.

En muchos inicios de civilizaciones, la educación se asociaba con la riqueza y con el mantenimiento de la autoridad, o con las filosofías, las creencias o la religión. Sólo un número limitado de personas estaban capacitados para la lectura y la escritura. Sólo la descendencia real y los hijos varones de los ricos y de los profesionales tales como escribanos, médicos, o administradores del templo, iban a la escuela. 

En el antiguo Israel se estima que de la población judía la tasa de alfabetización era aproximadamente del 3 por ciento. En la antigua Grecia algunas ciudades-estado establecen las escuelas públicas. Los niños iban a la escuela a la edad de siete años, o iban a los cuarteles, en caso de que vivieran en Esparta. Las clases se celebraban en recintos privados y las casas, impartiendo materias como la lectura, escritura, matemáticas, canto, juego y la flauta. Las niñas también aprendían a leer, escribir y la aritmética simple para que pudieran administrar el hogar. En Atenas algunos jóvenes mayores asistían a las academias para disciplinas como la cultura, las ciencias, la música y las artes. Terminando la escolaridad a la edad de 18 años.

En la antigua Roma normalmente, los niños y las niñas eran educados, aunque no necesariamente juntos, en un sistema muy similar al que predomina en el mundo moderno. Sólo la élite romana lograba recibir una completa educación formal. Un comerciante o un agricultor basaban la mayor parte de su formación profesional en el trabajo. La educación superior en Roma era más un símbolo de status que de preocupación práctica. Se ha argumentado que las tasas de alfabetización en la época greco-romana estaban en torno al veinte por ciento, y que la alfabetización de las provincias occidentales del imperio romano probablemente nunca superaron el cinco por ciento.

Durante la Edad Media la mayor parte de la población permaneció analfabeta y prácticamente aislada de la cultura letrada de su tiempo, sólo reciben educación los miembros del clero, los cuales tienen acceso tanto a lo religioso como a los demás conocimientos culturales. Los miembros de la nobleza reciben exclusivamente educación militar con el fin de participar en torneos y en actividades guerreras. Por lo general la población es analfabeta. El papel didáctico de los clérigos era entonces inmenso; no sólo enseñaban al pueblo la doctrina revelada, sino también la historia y las leyendas. En la Edad Media la gente se instruía escuchando.


La alfabetización en la Europa moderna

En la Edad Moderna se constata, al igual que en el período medieval, un elevado índice de analfabetismo en el conjunto de la población. Sin embargo, con la llegada de la época moderna se produce un acercamiento, cada vez mayor, entre los analfabetos y la cultura letrada. De esta manera, el sector iletrado de la sociedad intensifica su relación con la lectura y la escritura, siempre a través de la oralidad. Este creciente contacto entre las clases populares y el universo culto está presente en muchas de las obras literarias de la Edad Moderna, como es el caso de El Quijote. La posibilidad de acceder a la cultura, era prácticamente total entre los nobles y el clero. Si bien, un sector, cada vez más amplio, accedió a la alfabetización y a ciertos aspectos del mundo docto. Este es el caso de los comerciantes y los artesanos, cuya labor profesional requirió que aprendieran a leer y escribir. Las ciudades ofrecían unas oportunidades educativas, que en ningún caso se daban en el campo, ya que en ellas era más frecuente la existencia y el mantenimiento de escuelas, así como la presencia de centros universitarios en algunos casos.

Hacia 1680 el espacio mediterráneo de la vieja cristiandad —España, Portugal, Italia—, a partir del cual había ido forjándose Europa, empezaba a quedarse casi totalmente marginado por la nueva Europa de las Luces». El contraste Norte-Sur, claro en Francia, es cada vez más notable a lo largo del siglo XVIII. Europa se escinde en dos: al Norte, la  Europa científica, ilustrada: norte de Francia, Inglaterra y Gales, centro y sur de Escocia, parte de Irlanda, los Países Bajos, parte de Alemania, Suiza, parte de Austria, la Italia del Po y Venecia. Esta es la Europa que lee, la de las Luces: 33 millones de hombres en 1680, 55 millones hacia 1800, con un índice de crecimiento superior al de la Europa mediterránea. Y al Sur, los países católicos, mucho menos alfabetizados, mucho más resistentes a los cambios y a la Ilustración.

Como es sabido, el origen de la alfabetización general se halla en la necesidad de leer la Biblia en lengua vernácula. En su estudio sobre el siglo largo que va de 1550 a 1660, escribe Henry Kamen: «Sólo los países protestantes emprendieron con cierta seriedad el fomento de la alfabetización del pueblo llano. La razón era simplemente ideológica: la Biblia era la base de la fe, y la Biblia había que leerla». El protestantismo fue, en efecto, la religión del libro. Ya decía Hegel, a propósito de la traducción que Lutero hizo de la Biblia, que en los países católicos es raro que el pueblo sepa leer. ¿Pero cuáles son los niveles de alfabetización de las naciones europeas? Según ciertas estimaciones, en 1675 lee y firma en Inglaterra el 45 por ciento de su habitantes; en Francia, entre 1688 y 1720, el 29 por ciento.

En el Reino de Suecia (que incluye a la Suecia moderna, Finlandia y Estonia) la alfabetización del pueblo se consideró una tarea fundamental y para el final del siglo XVIII la capacidad de leer rondaba ya el 100 por ciento, se trata de la primera región del planeta que alcanza la alfabetización plena. Sin embargo, hasta finales del silo XIX, muchos suecos, especialmente las mujeres, todavía no sabía escribir. La situación en Inglaterra fue algo peor que en los países escandinavos, o incluso que Francia y Prusia. En 1841, el 33% de los ingleses y el 44% de las inglesas firmaban sus certificados de matrimonio con su huella dactilar al ser incapaces de escribir (la educación financiada por el gobierno sólo se dio en Inglaterra en 1870, e incluso entonces sobre una base limitada), globalmente en torno al 60% de la población estaba alfabetizada. En Francia la tasa de analfabetismo paso de estar en torno al 50% en la época de la revolución a ser ya sólo del 20% a mediados del siglo XIX. El historiador Ernest Gellner sostiene que los países de Europa continental tuvieron mucho más éxito en la implementación de la reforma educativa, precisamente porque los gobiernos europeos estaban más dispuestos a invertir en la población. La idea de que la educación pública contribuye a los niveles de aumento de la alfabetización es compartida por el mayoría de los historiadores.

En los jóvenes Estados Unidos, sucedía algo peculiar, como bien relató en 1831 el joven político francés Tocqueville. Entre tantas cosas nuevas que llamaron su atención ninguna le sorprendió más que la igualdad de condiciones de los norteamericanos. Al hombre de la vieja Europa le sorprende la igualdad establecida en aquella nación (entonces sólo trece millones de habitantes). «No solamente las fortunas son iguales en Norteamérica. La igualdad se extiende hasta cierto punto sobre las mismas inteligencias. No creo que haya país en el mundo donde, en proporción con la población, se encuentren tan pocos ignorantes y menos sabios que en Norteamérica». No cabe mayor igualdad. Y concluye: «La instrucción primaría está allí al alcance de todos. La instrucción superior no se halla al alcance de casi nadie». Los hijos de los inmigrantes (británicos, alemanes, polacos, italianos, judíos) iban siendo rápidamente alfabetizados y socializados en la escuela, la instrucción fue ingrediente esencial; todos o casi todos leían. En Francia la enseñanza primaria no se constituye en servicio público y gratuito hasta 1881. Y si pensamos en la generalización de la enseñanza primaria en España, entramos en la segunda mitad del siglo XX, muy lejos de la época de las Luces. En 1870, en Estados Unidos sólo el 20 por ciento de la población adulta de raza blanca era analfabeta (el 80 por ciento de la población negra lo era, la brecha del analfabetismo entre los adultos blancos y negros no se igualó hasta bien entrado el siglo XX).


La alfabetización en España

La primera estadística oficial con datos al respecto para todo el país, la de 1841, ofrecía un 24,2 % de población alfabetizada (39,2 % de los hombres y 9,2 % de las mujeres) pero en esa cifra se incluían tanto los que sólo sabían leer (14,5 %: 22,1 % de los hombres y 6,9 % de las mujeres) como quienes sabían leer y escribir (sólo el 9,6 %: 17,1 % de los hombres y 2,2 % de las mujeres). Recordemos que en esa misma época el 60% de la población británica, y casi el 80% de la población francesa ya se encontraba alfabetizada, el espectacular desfase ya salta a la vista.

Curiosamente en lo que a España se refiere, su nivel de alfabetización no era menor –en más de un caso superior– durante el siglo XVI a los de otros países del Norte y Centro de Europa. No obstante, desde finales del siglo XVI, y sobre todo en el XVII, la situación cambiaría. Los niveles de alfabetización y de escolarización se estancan o incluso retroceden. Habría que esperar a la segunda mitad del XVIII para ver elevarse de nuevo la demanda de educación y de material para el aprendizaje de la lectura o la producción impresa, aunque no con la misma intensidad que aquellos países del Norte y Centro de  Europa –Escocia, Suecia, Prusia, Holanda, Inglaterra, Francia, Dinamarca, Suiza, Noruega– en los que la Reforma protestante o el desarrollo comercial, el fortalecimiento y  expansión de la burocracia estatal o las exigencias de un ejército moderno  habían actuado de modo más o menos ininterrumpido como factores favorecedores de la alfabetización y difusión de la cultura escrita. Este estancamiento intelectual hará de la España de fines del XIX uno de los países más atrasados de Europa. De hecho, el más atrasado con Portugal. Piénsese que el analfabetismo femenino llega al 87 por ciento hasta mediados del siglo XIX. Estamos hablando de millares de individuos que en el transcurso de un siglo y medio tuvieron que renunciar a la cultura como medio de ascenso. De 1620-1640 a 1777, seis o siete generaciones esterilizadas. Así se explica en parte la castración intelectual de España durante tantos decenios. Debido a ello España entraba en la segunda mitad del siglo XX, con niveles de analfabetismo y escolarización propios del siglo XIX.

A principios del siglo XX el porcentaje de analfabetismo neto era todavía del 56 % y España ofrecía, junto con Portugal, Italia, Grecia, Rusia y los países de la Europa del Este, los porcentajes de analfabetismo más elevados del continente europeo. En 1910 las mujeres alcanzan el nivel exhibido por los hombres en 1860. A estas alturas existía, por lo tanto, medio siglo de desfase entre ambos sexos.

El número total de analfabetos se estancaría durante la segunda mitad del siglo XIX en los casi doce millones del censo de 1860, no comenzando claramente a descender  dicha cifra hasta los censos de 1920 y 1930, es decir, hasta finales del primer tercio del siglo XX. Cuando de nuevo este lento y débil proceso alfabetizador parecía cobrar fuerza en los años 30 del siglo XX, junto con la escolarización, la guerra civil, la dictadura franquista y la posguerra vendrían a ralentizar de nuevo este impulso durante casi veinte años. Las migraciones y cambios sociales, económicos y culturales de los años 60 y 70, y el crecimiento en dichos años de la población escolarizada, harían por fin posible que el país alcanzara en la década de los 80 los porcentajes de alfabetización, en torno al 95 %, que los países europeos más avanzados ya habían alcanzado treinta o cuarenta años antes. 

En todo caso, la fase conocida con el nombre de “transición de la alfabetización”, aquella en la que el porcentaje de alfabetización de la población adulta pasa de niveles inferiores al 30-40 % a niveles superiores al 70 % –es decir, desde la alfabetización restringida a la casi generalizada–, o supera el umbral intermedio del 50 %, no tendría lugar en España, como en otros países, en las mismas fechas en todas las provincias, grupos o categoría sociales y sexos. Desde el punto de vista territorial, dicho umbral intermedio se había alcanzado ya en 1860 en casi todas las provincias de Castilla-León, en Cantabria y en Álava. A ellas seguirían, en dicho siglo, Asturias, Barcelona, Madrid, Navarra, La Rioja y Vizcaya, es decir, buena parte del Norte del país y los dos núcleos urbanos más populosos. Al empezar el siglo  XX, en 1900, las diferencias oscilaban, nada más y nada menos, que entre el 21% de analfabetismo neto de Álava y el 76 % de Jaén y Almería. Estas dos provincias, junto con Murcia, Cáceres, Badajoz y la práctica totalidad del resto de Andalucía no superarían el umbral del 50 % hasta las décadas de los 30 o 40 del siglo XX, y no entrarían en la categoría de sociedades de alfabetización generalizada hasta los años 70 y 80 de ese mismo siglo (pese a los cual no debemos olvidar que todavía en 1980 en Andalucía nueve de cada cien hombres no sabía leer ni escribir, frente a casi 22 mujeres de cada cien).

En este país habría que esperar a 1963 para que desde el Estado se emprendiera una campaña de alfabetización medianamente exitosa, tras el fracaso y la debilidad de las dos anteriores lanzadas en 1922 y 1950, cuando dichas campañas se conocían ya desde el siglo XVIII en Suecia. En 1797 el porcentaje de escolarización de la población de 6 a 12 años rondaba únicamente el 23,3 % (36.4 % de los niños y 10.4 % de las niñas). A mediados del siglo XIX se incrementaría hasta el 40,6 % para estabilizarse en torno al 50/60 % desde finales de dicho siglo hasta la llegada de la II  República. Durante el curso 1951-1952 sólo la mitad de los niños españoles iba a la escuela; el mismo porcentaje que en 1880. Sólo a finales de la década de los 80 del siglo XX se daría por escolarizada a toda la población de 6 a 14 años.

No obstante, las cifras o porcentajes relativos a la escolarización pueden resultar engañosos. El concepto de escolarización actual no es aplicable más allá, yendo hacia atrás en el tiempo, de mediados del siglo XX. Nos referimos a lo habitual que era, en especial entre las clases populares y en las zonas rurales, la asistencia irregular durante unas horas y no otras, unos días y no otros y unos meses y no otros en función de las exigencias familiares y laborales. Tres, cuatro o cinco años de escolarización no eran tres, cuatro o cinco años de asistencia escolar regular, sino de asistencia intermitente. De ahí lo habitual del analfabetismo por desuso, es decir, del aprendizaje escolar de la lectura y la escritura en sus niveles más elementales y la pérdida de las escasas habilidades adquiridas por el no uso de las mismas. Al fin y al cabo la alfabetización es un proceso no sólo escolar sino también, sobre todo, social. Un proceso ligado al grado de difusión, en una sociedad determinada, de la cultura escrita, es decir, de la lectura y de la escritura como prácticas sociales y culturales.


Al comparar con los datos obtenidos por investigadores británicos y franceses, se llega a la asombrosa conclusión de que «España, en 1900, alcanzaba apenas el nivel ya superado por Inglaterra o Francia en 1675: 45 por 100 de hombres alfabetizados. Es decir —y vale la pena repetirlo porque parece increíble—, que culturalmente había en España en 1900 un atraso de más de dos siglos». Una estadística reveladora que es necesario tener presente a la hora de valorar el espectacular progreso económico y cultural que ha sufrido nuestro país durante el último siglo, y en especial en los últimos cincuenta años, y que ha logrado situarnos como uno de los países europeos con mayor número de estudiantes universitarios en la franja de edad de los menores de 40 años y que en términos económicos, si bien no es ajena a periodos de crisis como el actual, no deja de tener una renta per cápita sólo un 5% inferior a la francesa por seguir con la comparación previa. Y es que a la hora de valorar el presente nunca está de más echar una ojeada a nuestro pasado de cara a valorar más los progresos alcanzados.