MARÍA LUISA ALGARRA: CUANDO LA PRIMAVERA NO DA ESPERANZAS

Tras la guerra civil, muchos fueron los españoles que tuvieron que abandonar la España franquista. Los principales países de acogida fueron Francia, México y la Unión Soviética. Muchos escritores dejaron huella de esta dolorosa experiencia, como Max Aub, que escribió Campo francés, donde se puede observar el periplo de un antifascista español, primero en el campo de concentración improvisado del estadio de Roland Garros, y después en el campo de Vernet en la región francesa de Ariège...





Por Rocío González Naranjo

María Teresa escribió su exilio en Memorias de la melancolía, mientras que su marido recordó su paso por Francia en Vida bilingüe de un refugiado español en Francia (1939-1940), mostrando la persecución de la policía parisina. Cuando la joven escritora catalana María Luisa Algarra se exilió, dejó también huella de su paso por Francia, antes de llegar a México, en su obra Primavera inútil. Gracias a esta obra, podemos conocer un poco más acerca de la misteriosa vida de esta primera mujer juez de España. Además, esta obra es un alegato magnífico de la vida, en un momento difícil no solamente para los españoles, sino para toda Europa y el mundo entero.

María Luisa Algarra (1916-1957) pertenecía a una familia burguesa catalana, y antes de hacerse conocer como dramaturga, estudió derecho y consiguió ser la primera mujer juez de España, en Granollers, en la provincia de Barcelona. Su primera obra, Judith, escrita en catalán y representada en 1936, obtuvo un primer premio del concurso de Teatro Universitario de Cataluña. Durante la guerra, publicó artículos en periódicos feministas, comunistas y catalanistas, participando también de manera activa en el Primer Congreso Nacional de la Dona en 1937. El periodo francés es el que nos resulta misterioso y por ello hemos decidido analizar su obra Primavera inútil.

En los pocos estudios que se le han consagrado, se dice que después de la toma de Barcelona por los franquistas – el 26 de enero de 1939 – Algarra huyó a Francia donde fue arrestada y encarcelada durante un periodo de tres años, alternando prisiones y el campo de Vernet. Consiguió, según estos estudios, huir del campo y llegar a París donde formó parte de la Resistencia francesa, antes de partir hacia México a finales del año 1942. Sin embargo, analizando la obra de la que le hablo, así como documentos encontrados, me hacen pensar que estas informaciones han sido mitificadas por la propia autora, la cual guardaba un celo absoluto por su vida privada además de hacerse una “auto-construcción trágica” de su vida. Para empezar, no creemos que estuviera tres años encarcelada, y menos en el campo de Vernet que era un campo reservado a los hombres. Pudo ser enviada a los campos de Argelès, de Barcarès o de Saint-Cyprien durante los primeros meses de la Retirada, ya que en estos campos sí había mujeres. Por otro lado, en un artículo de Alejandra Herrero, la hija de la dramaturga, Reyes Meza, explica que, después de su fuga del campo hacia París, su madre llegó a Veracruz en el Sinaia, el primer barco que el gobierno de Lázaro Cárdenas puso al servicio de los republicanos españoles. Este barco partió del puerto de Sète el 23 de mayo de 1939 con más de mil quinientos refugiados españoles. Entonces, siguiendo la cronología, las fechas no concuerdan. Como prueba irrefutable, hemos encontrado la ficha de entrada de la dramaturga a México, en la que se muestra su llegada el 29 de abril de 1939, fecha que coincide con la llegada del barco Flandres, el 21 de abril, el cual partió de Saint-Nazaire el 4 de abril.


Incluso en torno a su precoz muerte no hay más que rumores. Pero a pesar de estas confusiones en su vida personal, podemos decir que tuvo una breve, pero brillantísima carrera como dramaturga en México, pues formó parte de los autores que se codearon con Rodolfo Usigli, además de los innumerables guiones de cine que realizó.

Primavera inútil pone en escena a un grupo de antifascistas refugiados en un castillo antes de la capitulación de Francia. El grupo está compuesto por, entre otros, dos alemanes, un austríaco y dos españolas: Laura e Irma. A pesar de sus diferencias, todos tienen en común el exilio. Sin embargo, a pesar de su situación, el castillo supone una especie de heterotopía en la que los personajes viven fuera del tiempo y del espacio, felices y despreocupados.  En este ambiente, surge el amor de algunos de los habitantes. Pero el más apasionado, el de Irma, la refugiada española, por Walter, éste último un exiliado alemán enfermo y depresivo, tal como se encuentra Europa en esos momentos. Irma muestra un amor apasionado queriendo salvar a Walter. Irma tiene la oportunidad de partir a México, pero decide quedarse con Walter en París, donde trabaja en un organismo de propaganda bajo las bombas, mientras que el temeroso Walter sigue sufriendo. Estos sentimientos de Walter e Irma se traducen perfectamente en la situación por la que pasaba Europa cuando la autora escribió esta obra, hacia 1943. Después de una serie de eventos, Irma recibe de nuevo un pase para otro barco y Walter realiza el único acto de amor del que es capaz: se suicida. Sí, acto de amor porque sabe que es un lastre para Irma y que, mientras él siga en vida, ella nunca lo abandonará. De este modo, tras encontrar el cadáver, la protagonista decide partir hacia México.

Si Walter vive algún tiempo feliz, es gracias al amor de Irma, o, dicho de otra forma, si Europa vive esperanzada, es por el amor a la libertad de gente como la protagonista. Podríamos así sugerir que se trata de un retrato de la autora que, como Irma, es una mujer apasionada y defensora de los más necesitados. Como ella, Algarra es una refugiada política que acaba de vivir una guerra y que ha huido de su país, sin saber dónde va a ser acogida; como la autora, Irma afirma haber recibido una educación liberal. El feminismo de Irma está presente en toda la obra, al igual que Algarra en los primeros tiempos de la guerra en España.

Es posible que la autora, como dijimos, pasara por París y trabajara para la Resistencia francesa, como la protagonista trabaja para un organismo de propaganda traduciendo alocuciones o artículos. Esto nos hace pensar en la Radio París Mundial, donde también trabajaron María Teresa León y Rafael Alberti. Irma escribe a unos amigos que viven en París en el primer acto, amigos que le ayudan para los pasajes de barco. Podría tratarse de Picasso, Tristán Tzara y Miró. Este último la puso en relación con Fernando Gamboa (funcionario mexicano del SERE ‒ Servicio de Evacuación de Republicanos Españoles, creado por el gobierno de Lázaro Cárdenas ‒) para obtener un pasaje en barco, según la hija de la dramaturga. Por fin, el segundo pasaje que recibe Irma para partir hacia México es en un barco que sale del puerto de Saint Nazare. ¿Es posible pensar que se trate del Flandres, el barco que coincide con la llegada a Veracruz de Algarra?  Sea lo que sea, sobre la vida de Algarra, no podemos más que hacer hipótesis.

La primavera, época de renacimiento, de amor, de esperanza, se convierte en una estación asesina, detestable, inútil. ¿No fue en primavera cuando se proclamó nuestra efímera Segunda República española? ¿No fue en primavera cuando Algarra vivió sus primeros meses en el exilio? ¿No fue durante esta estación cuando Franco se emparó del poder? El para texto de Primavera inútil indica así el sentimiento existencial no sólo de la autora, sino también de todas aquellas personas que tuvieron que dejar atrás un país en manos de un dictador.

Textos exraídos de la revista cultural 'Los Ojos de Hipatía'