FULGENCIO BATISTA Y EL CRIMEN ORGANIZADO EN CUBA

El 1 de enero de 1959, el dictador Fulgencio Batista huía de Cuba con mas de cien millones de dólares en las alforjas. «El Hombre», como así le denominaban, escapaba en barco de la revolución encabezada por Fidel Castro, el «Che» y sus «barbudos»...



Los primeros rastros del crimen organizado en Cuba tuvieron lugar durante la Ley Seca en Estados Unidos cuando Al Capone comienza a destilar clandestinamente alcohol en Santa Cruz del Norte. Tiempo después comenzó la mayor operación en la historia de la mafia con el levantamiento de Las Vegas en los años 50, y enseguida pensaron en el paraíso caribeño, Ciudad de La Habana, con la aprobación del gobierno de Batista.

En la azotea del Hotel Nacional tuvo lugar el encuentro de los capos empleando como fachada la celebración del cumpleaños de Frank Sinatra. También asistieron el jefe de la policía de Batista y un representante de la ITT, dueña de la cadena de hoteles Hilton. Allí se distribuyeron las partes de aquel suculento pastel que era La Habana. El gobierno del dictador Batista se quedaría con el 15 % de las ganancias que dejaban hoteles, casinos, y la distribución de heroína y cocaína a Estados Unidos.. y el presidente tuvo una comisión extra: un teléfono de oro macizo en agradecimiento por los aumentos de tarifas telefónicas que Batista había aplicado a instancias del gobierno de Estados Unidos.
 
Enrique Cirules, investigador y escritor, fue el primero en escribir acerca de la presencia de la mafia en Cuba, en El imperio de La Habana. El autor otros dos volúmenes escritos al respecto en una significativa trilogía sobre estas feas páginas de la historia de Cuba que bien merecen ser desempolvadas, sobre todo para curar la amnesia de aquellos que desde fuera tratan de embellecer lo que huele a cocaína. Aquella dictadura batistiana organizó un ejército paramilitar de torturadores bajo la elite del tristemente célebre senador Rolando Masferrer.



BATISTA Y EL CRIMEN ORGANIZADO


El régimen corrupto y represivo de Batista se benefició sistemáticamente de la explotación de los intereses comerciales de Cuba, mediante la negociación de las relaciones lucrativas con la mafia americana, quien controló la droga, el juego y redes de prostitución en La Habana , y con las grandes corporaciones norteamericanas multinacionales que habían invertido cantidades considerables de dinero en Cuba.

En un intento de sacar provecho a este entorno, Batista estableció relaciones duraderas con el crimen organizado, en especial con mafiosos estadounidenses como Meyer Lansky y Lucky Luciano, y bajo su gobierno La Habana llegó a ser conocida como "Las Vegas Latina". Batista y Lansky tuvieron una relación de negocios que duró toda una década, recibiendo Batista diversos sobornos a cambio de que Lansky tuviera el control de casinos e hipódromos en Cuba.

Después de la Segunda Guerra Mundial, Lucky Luciano fue puesto en libertad con la condición de volver permanentemente a Sicilia. Luciano secretamente se trasladó a Cuba, donde trabajó para retomar el control de la mafia norteamericana. Luciano tuvo también en su poder varios casinos de La Habana con el beneplácito de Batista, aunque el gobierno estadounidense finalmente tuvo éxito en presionar al dictador para deportarlo.

Batista alentó el juego de azar a gran escala en La Habana. En 1955, se anunció que Cuba concedería una licencia de juego a cualquiera que invirtiera un millón de dólares estadounidenses en un hotel y doscientos mil en una nueva discoteca, y que el gobierno proporcionaría fondos públicos para la construcción de los casinos, una exención fiscal de diez años, y que no se aplicaran los derechos sobre los equipos importados y muebles de los nuevos hoteles. Cada casino pagaría al gobierno 250.000 dólares por la licencia más un porcentaje de las ganancias. El gobierno, de todas formas, omitió los controles, lo que abrió las puertas a inversores con fondos obtenidos ilegalmente. Por su parte, Meyer Lansky se convirtió en una figura prominente en las operaciones del juego en Cuba, y ejerció influencia sobre las políticas de Batista con respecto a los casinos. También convirtió a Cuba en un puerto internacional para el tráfico de drogas.

En 1958, el régimen de Batista estaba luchando contra las fuerzas guerrilleras de Fidel Castro, que consiguieron la renuncia de Batista en la víspera de Año Nuevo, paralizando estructura de poder de Roth. Hubo varios intentos financiados por la CIA. para que retomara el poder, en particular mediante el asesinato de Castro por Carmine Marino, pero todos fracasaron.


BATISTA AL ABRIGO DE FRANCO


Este mulato de orígenes humildes –entre sus antecesores hay españoles, cubanos, negros y chinos– que gobernó con mano férrea la isla caribeña encontró refugio en Madrid (España), donde fue enterrado en agosto de 1973 en el cementerio de San Isidro, en un panteón familiar, junto a su hijo.

Primero se exilió en la República Dominacana, donde no fue recibido con buenos ojos. Por eso, decidió mandar a su familia a Portugal, donde Salazar le ofreció protección, para poco después seguirles él. Se instaló en la tranquila y paradisíaca isla de Madeira y más tarde en Estoril. Aunque donde encontró su verdadero refugio fue en España, al abrigo de Franco. Se compró una vivienda en Madrid y otra en Marbella, donde solía veranear, y donde la muerte le sorprendió.

En su casa de la capital siguió manteniendo reuniones con las fuerzas anticastristas y norteamericanas. Precisamente, fue en Madrid donde pudo ver la intentona anticastrista de Bahía Cochinos. También fue aquí donde vivió de cerca la tensión de la Crisis de los Misiles en territorio cubano, que enfrentó a Estados Unidos y a la Unión Soviética, y que estuvo a punto de llevar al mundo a una Tercera Guerra Mundial.

Una crónica del diario ABC, del 6 de agosto de 1973, da cuenta del infarto de miocardio que causó su muerte mientras disfrutaba de sus tradicionales vacaciones en Marbella: «En una villa de Guadalmina, donde pasaba sus vacaciones, ha fallecido el ex presidente de Cuba, Fulgencio Batista. El cadáver del general será trasladado hoy a Madrid en un avión especial para ser inhumado esta tarde, a las 5, en la Sacramental de San Isidro». Deseaba ser enterrado donde ya se encontraba su hijo Carlos Manuel, un estudiante de derecho de diecinueve años, que en 1969 había fallecido por causa de una complicada enfermedad.

Su mandato, apoyado por Estados Unidos, se caracterizó por la corrupción a gran escala y la represión política, que no impidió el despegue de los movimientos comunistas cubanos, que ya en 1953, habían intentado derrocarlo del poder, sin éxito. La Cuba de Batista, conocida como «Las Vegas caribeña», ha quedado retratada por Francis Ford Coppola en el «El Padrino II» con sus prostíbulos, casinos y su estrecha relación con la mafia.

DATOS DE BATISTA


Fulgencio Batista y Zaldívar nace en Veguita, en el municipio de Banes, en la Provincia de Holguín (Cuba), el 16 de enero de 1901. Sus padres eran trabajadores del azúcar: Belisario Batista y Carmela Zaldívar. Su padre combatió en la Guerra por la Independencia de Cuba de manos del Imperio Español, mientras que su madre moriría cuando Batista tenía catorce años.

Una vez instaurada la República, el ejército se organiza siguiendo el modelo norteamericano en cuanto a mandos y manuales. Una diferencia importante con el resto de América Latina es que los oficiales cubanos se formaban en Estados Unidos y Panamá, no en escuelas militares europeas. Además, con tanto quehacer revolucionario, las tropas se hicieron caudillistas, estuvieron envueltas en todos los alzamientos de la época, y los políticos y la gente adinerada las usaban para cometer arbitrariedades contra el pueblo.

Batista era considerado mulato. Debido a sus orígenes humildes, desde temprana edad desempeñará diversos oficios. Con veinte años partirá hacia La Habana, uniéndose al Ejército en 1921, formando parte de la Guardia Rural en 1923. Batista emergió a la vida política cubana durante la Revolución del 4 de septiembre de 1933 que lideraron los estudiantes y que derrocó la dictadura odiada de Gerardo Machado. Encabezó una rebelión de suboficiales y se apoderó del ejército, convirtiéndose en el nuevo jefe del Estado Mayor. Al día siguiente, el 5 de septiembre de 1933, Batista visitó al embajador estadounidense Sumner Welles, lo que auguraba su futura traición. Welles estaba preocupado por los “elementos sumamente radicales” que acababan de tomar el poder. El gobierno revolucionario de Ramón Grau San Martín, conocido por el nombre de Pentarquía, tenía el apoyo de “la inmensa mayoría del pueblo cubano”, según la embajada estadounidense.

Estados Unidos se negó a reconocer al nuevo gobierno revolucionario y alentó a Batista a ejecutar un golpe de fuerza para derrocar a Grau San Martí. Éste preconizaba, mediante la voz de Antonio Guiteras, verdadera alma de la Revolución de 1933, la soberanía nacional y la justicia social. Welles informó a Batista de que disponía del “apoyo de la inmensa mayoría de los intereses económicos y financieros en Cuba”.

En enero de 1934, con el apoyo de Washington, Batista derrocó al gobierno de Grau San Martín, conocido como el gobierno de los “cien días” (127 días), impuso la figura de Carlos Mendieta y conservó el poder real. El sargento ascendido a general acababa de doblar las campanas de la Revolución de 1933. Washington se alegró de la situación: “El 4 de septiembre de 1933 fue liquidado”.

A pesar de las incesantes conspiraciones, la inestabilidad política crónica y la hostilidad de Estados Unidos, la Revolución de 1933 organizó elecciones para el 22 de abril de 1934, convocó una Asamblea Constituyente para el 20 de mayo de 1934, otorgó la autonomía a las universidades, redujo el precio de los artículos de primera necesidad, dio el derecho de voto a las mujeres, limitó la jornada laboral a ocho horas, creó un Ministerio del Trabajo, redujo las tarifas de electricidad y de gas, acabó con el monopolio de las empresas estadounidenses, impuso una moratoria temporal sobre la deuda y, sobre todo, nacionalizó la Cuban Electric Company, filial de la American Bond and Foreign Power Company.

De 1934 a 1940, Batista reinó entre bambalinas hasta su elección a la presidencia de la República en 1940, gracias a una coalición heteróclita que agrupaba a las fuerzas conservadoras y a los comunistas del Partido Socialista Popular. Según Washington, “el volumen y el tamaño de la corrupción”, su alineamiento con la política exterior estadounidense y su dependencia del mercado estadounidense marcaron su gobierno. Batista permitió también que Washington utilizara el espacio aéreo, marítimo y terrestre, dispusiera de varias bases aéreas y navales con uso exclusivo durante la Segunda Guerra Mundial, sin reciprocidad, poniendo así la soberanía nacional entre paréntesis.



Así encajó la isla entonces en el diseño de gobiernos pro-norteamericanos y represores sangrientos, como también los hubo en otros países del continente, como copias de originales diseñados bajo el auspicio del Tío Sam. De ahí que fueron apoyados y defendidos Somoza en Nicaragua; Duvalier en Haití; Rojas Pinilla en Colombia; Pérez Jiménez en Venezuela; Trujillo en República Dominicana; Stroessner en Paraguay; Videla en Argentina; Ernesto Geisel en Brasil y Pinochet en Chile..


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