LAS MUJERES Y LA GUERRILLA

Hoy trataremos de aportar nuestro pequeño grano de arena en el peculiar y a veces espinoso tema de la participación de las mujeres en la lucha guerrillera. Si en el tema de apoyo a la misma y en su actuación como enlaces su participación fue indiscutible e indispensable, cifrándose su número en cerca del 40 por ciento, llegando hasta el 50 en regiones como Galicia o Asturias, no deja de ser sorprendente que su paso a la guerrilla nos deje unas cifras de alrededor de un dos por ciento, siendo la cifra total, cercana a las 150, o quizás no sea tan sorprendente, si echamos un ojo a la situación del colectivo femenino en el estado español, ligera excepción hecha de los años republicanos, valga como muestra este artículo de la Vanguardia de finales del siglo XIX: 
Desde su inteligencia a su estatura, todo en ella es inferior y contrario a los hombres…En si misma, la mujer no es como el hombre, un ser completo; es solo el instrumento de la reproducción, la destinada a perpetuar la especie; mientras que el hombre es el destinado a hacerla progresar, el generador de inteligencia, a la vez creador y demiurgo del mundo social. Así es que todo tiende hacia la no igualdad entre los sexos y la no equivalencia...



Son las mujeres de la guerrilla doblemente olvidadas, por un lado por la losa de la desmemoria y la difamación implantada por el franquismo sobre todo el movimiento guerrillero, pero además por el peso de la dominación masculina que las ha marginado a lo largo de los tiempos. Desde el primer momento fueron denigradas por el franquismo por romper el supuesto rol que se les había impuesto de cumplir con los preceptos católicos, obedecer a la autoridad patriarcal y apegarse a las labores del hogar. 

Desde los altavoces del régimen fueron tratadas de “las queridas de los bandoleros”, “las putas de los rojos”, “barraganas del monte”, “marimachos”, “tiorras” o como escribió el teniente coronel Aguado Sánchez “interesante resaltar que el comunismo, procuró en las situaciones críticas facilitar el desahogo sexual de sus militantes con compañeras, aunque un poco en comunidad”, siempre reducidas a la mera condición sexual. Otro ejemplo lo tenemos en la descripción de una enlace de Cantavieja “Perteneció a las Juventudes Libertarias y también hacía la vida licenciosa; en resumen, una persona de todo peligro y muy degenerada en todos los ordenes de su vida”.



Menos comprensible es, que desde el bando propio, también se las difamara, excluyera y se reprodujeran muchas de las actitudes machistas que habían  intentado empezar a cambiar durante el periodo republicano. A esto hay que sumar la incomprensión de muchos de sus compañeros de lucha. Entre otras perlas dedicadas a la mujer y su relación con la guerrilla, destacamos por ejemplo a Santiago Carrillo, quien justificaba el fracaso de la lucha guerrillera con las siguientes palabras:

Aparecieron también elementos de corrupción: mujeres, bebida, derroche de dinero, particularmente en el tiempo que menudeaban los golpes económicos”, cuando detuvieron a Dolores González en Málaga, comentó que: “no le daban ningún trabajo dentro del Partido por ser mujer, ya que tenían la opinión de que la mujer tiene poco de discreta”. En su gira por las agrupaciones guerrilleras del centro del estado, “Fermín”, uno de los máximos responsables de la guerrilla, cuando visito la 1ª Agrupación, lo que más le disgustó fue la presencia de mujeres en la sierra, prohibiendo su presencia en el monte, no solo por cuestiones de seguridad, sino por la rivalidad sexual que provocaban y socavaba la solidaridad del grupo. En una carta al comité regional del PCE de Madrid, exponía: “que había mujeres en la sierra, que sin ser las esposas de los guerrilleros, se unieron a estos en plan de concubinaje y ello imposibilitaba a cinco de los mejores guerrilleros con buenas armas y, además, por conocer de antaño las andanzas de los guerrilleros de la Agrupación, así como la mayoría de nuestros puntos de apoyo, su caída en manos del enemigo (cosa muy fácil) suponía el poner al descubierto la organización”
Respecto a los libertarios, que decir, la organización Mujeres Libres siempre fue bastante ninguneada por sus compañeros varones, quienes vieron la emancipación de la mujer como una lucha secundaria. Si miramos el número de mujeres en los grupos de acción que pasaban desde Francia descubriremos su falta absoluta, respecto a los grupos que operaban en el estado de una forma fija, encontramos ya unas cuantas, pero siempre de manera muy minoritaria.



También desde el ámbito de los historiadores se las ha tratado en repetidas ocasiones como “las hermanas de…”, “las compañeras de…”como queriendo minimizar  tanto  su componente ideológico como su actividad en la sierra.  La mayor parte de las mujeres que se echaron al monte, lo hicieron en circunstancias muy parecidas o idénticas a las de los hombres, cierto número con la caída del frente norte o el final de la guerra civil, otras huyendo de los castigos, vejaciones y las represalias que sufrían en sus pueblos o tras ser descubiertas en su labor de enlaces. Aquí tenemos que comentar, que la mayoría de los enlaces varones que iban siendo descubiertos se incorporaban a las partidas guerrilleras, mientras que muchas de las mujeres, en vez de subir a la sierra, o cambiaban de región para intentar pasar desapercibidas o eran ocultadas en casas o lugares más o menos seguros, aunque la mayoría de ellas eran detenidas en los meses o años posteriores.

Una vez en el monte, su vida distó de ser fácil, algunas de ellas dieron a luz en la sierra, aunque generalmente se entregaba al recién nacido pocos días después a familias que pudieran ocuparse de ellos o a cabreros por su proximidad a la guerrilla. Fueron mayoritariamente destinadas a labores secundarias como la intendencia o la vigilancia.