LA DIGNIDAD DE SER INFANTA DE ESPAÑA

En las monarquías de la Edad Media, concretamente en la castellana, leonesa, aragonesa o navarra, todos los hijos de los reyes, incluidos los herederos, recibían el título de infante o infanta. La palabra infante deriva del latín infans, infantis (el que no habla). Es por este motivo por el que se les comenzó a llamar así a los hijos de los reyes desde su nacimiento. Como dato curioso, comentaré que a los soldados que procuraban protección a los infantes se les denominaba infantería. Con el tiempo se nombró así a todos los ejércitos que iban a pie.


El título de Príncipe de Asturias fue creado por Juan I de Castilla en el siglo XIV con motivo del enlace matrimonial de su primogénito el Infante don Enrique con Catalina de Lancaster, nieta de Pedro el Cruel. Este nuevo título fue concedido a partir de entonces a todos los herederos de la Corona.

Los hijos de los infantes, desde que nacen, adquieren la dignidad de Grandes de España mientras que los de los Príncipes de Asturias obtienen la de Infante. El hijo o hija primogénito/a de los príncipes tomará, desde el momento que se produzca el hecho de llamamiento, el título de Príncipe de Asturias junto con los demás vinculados tradicionalmente al sucesor de la Corona de España...


¿Se puede perder o retirar el título de Infante de España?

La dignidad de Infante de España, como he comentado al inicio de este post, viene dada por nacimiento aunque Su Majestad el Rey puede retirar las dignidades nobiliarias. Existen antecedentes no muy lejanos, cuando el Rey Alfonso XIII retiró a su primo Don Luis Fernando de Orleans y Borbón, apodado el Infante Maldito, el título de Infante de España por llevar una conducta poco adecuada; si bien es cierto que don Luis Fernando no era hijo de reyes: la dignidad de Infante de España la adquirió por expreso deseo de su tía la reina regente doña María Cristina.

Según narra José Carlos García Rodríguez en su libro La biografía de Luis Fernando de Orleans, el más depravado príncipe Borbón, el Rey Alfonso XIII, cansado de los escándalos de su primo, llegó a gritar: “¡No pagaré nada más que por su entierro!”. En septiembre de 1924 en París, el Maldito se vió involucrado en la muerte de un marinero. A los pocos días, el Rey Alfonso XIII decidió decretar retirarle la dignidad de Infante y de todos los honores que conllevaba. La respuesta de éste a su primo el Rey, según García Rodriguez, no deja indiferente a nadie: “Me retiras lo único que no puedes ordenar, pues nuestros títulos son inherentes a nuestras personas. He nacido y moriré Infante de España, como tú has nacido y morirás Rey de España, mucho tiempo después de que tus súbditos te den la patada en el culo que te mereces”. Realmente, Alfonso XIII nació y murió siendo Rey aunque, al final de sus días, sin reino. Discrepo, sin embargo, que la dignidad de Infante de don Luis Fernando de Orleans y Borbón fuese inherente a su persona, pues fue una gracia que le concedió la Reina Regente, doña María Cristina, por ser hijo de la Infanta doña Eulalia.

¿Pueden renunciar los Infantes de España a sus derechos dinásticos?

Lógicamente, sí. Como ya publiqué en uno de mis pasados artículos -La Infanta Cristina: crónica de una renuncia anunciada-, puede darse el acto de renuncia voluntaria e unilateral, dirigiendo primero un escrito formal a Su Majestad el Rey anunciando la decisión en firme de renunciar. Seguidamente, el Rey lo trasladaría al presidente del Gobierno para que este lo notifique a las Cortes; es decir, al Congreso de los Diputados y al Senado. A partir de ahí se debería aprobar con carácter de urgencia, si no se ha hecho antes, una ley orgánica para resolver dicha situación.

Para terminar, aprovechando que el asunto está relacionado con una Infanta, doña Cristina en este caso, me gustaría aclarar que el título de Duque de Palma de Mallorca no debe aplicarse a su marido, don Iñaki Urdangarin, sino que es titularidad exclusiva de la Infanta. Esto se hace así por una tradición social que se viene siguiendo desde tiempos atrás en España: tratar a los consortes de igual forma que a sus esposas, que son las legítimas poseedoras de los títulos nobiliarios.

El experto Amadeo-Martín Rey y Cabieses, doctor en Historia y académico correspondiente de la Real Academia Matritense de Heráldica y Genealogía, explica a un conocido diario: "Es una costumbre que en Europa solo existe cuando el titular es un varón, pero no cuando es una mujer". Con el permiso de los nobles y expertos: si no lo son unos, tampoco deberían serlo otras.