CARTA DESDE GRECIA : ¿ POR QUÉ PROTESTAMOS ?


A los griegos nos encanta ser pioneros. De todo. Algunas veces de lo más absurdo. Pero nos encanta, nos emociona. Por eso esta vez hemos dado un paso más allá. Bueno, rectifico: nosotros mismos no, el Gobierno. Desde hace unos días, la radiotelevisión pública griega se emite desde la clandestinidad. Me explico: las emisiones “públicas” de la radiotelevisión “pública”, la que pagamos entre todos, no se hacen por las frecuencias “públicas” sino a través de la web, mediante blogs y páginas electrónicas de intereses particulares. Me resulta difícil localizar en qué otro país del mundo desarrollado la televisión pública se emite desde la clandestinidad.
 
Con decreto gubernamental, la ERT (la radiotelevisión pública helena) hace unos días que se ha vestido de negro y ha apagado cámaras, micrófonos y emisores. Pero la gente que hemos pasado horas delante de su sede no protestamos porque perdamos unas cadenas de televisión y unas emisoras de radio. No.
En la ERT trabajan actualmente unas 2.900 personas, aproximadamente. De varios colectivos: periodistas, directores, guionistas, ingenieros de sonido, de todo. Sin aviso previo y dándose cuenta de lo sucedido escuchando las declaraciones del ministro, estas 2.900 personas se convirtieron en parados en tan solo unos segundos. Pero los que hemos pasado horas protestando delante de la sede de la ERT tampoco protestamos (principalmente) por eso.
 
No hay quien no reconozca que los programas de ERT han criado toda una generación: producciones de cultura, de ciencia, de música, programas de realmente alta calidad que sirvieron de ejemplo, que establecieron los estándards de cómo debe ser una programación televisiva. Todo esto lo acabamos de perder. Pero los que hemos pasado horas protestando delante de la sede de la ERT tampoco protestamos (principalmente) por eso.
 
La radiotelevisión pública de un país se supone que es una voz independiente, que no queda sujeta de los intereses de las multinacionales, que se atreve, que tiene el valor para expresarse libremente y que da la oportunidad a otros para hacer lo mismo. Aunque, seamos sinceros, todos decíamos que los boletines informativos de la ERT se habían convertido desde hace años en el vocero de cada gobierno. Y es por eso por lo que quienes hemos pasado horas protestando delante de la sede de la ERT tampoco protestamos (principalmente) porque se pierda una voz (que ya no era tan) democrática e independiente.
 
Ni siquiera protestamos por la propia ERT.
 
Entonces ¿por qué protestamos? Pues por que el Gobierno que está actualmente en el poder ha tomado la decisión de cerrar un servicio público sin consultárselo a nadie, sin que la decisión del cierre pase por el Parlamento, sin que se discuta la necesidad de hacerlo, sin basar la lógica de la decisión en hechos y cifras reales sino en mentiras desvergonzadas, sin…
 
Protestamos porque se trata de un servicio público. Un servicio público no se cierra, señor portavoz del Gobierno, porque no es rentable. Un servicio público no hace falta que sea rentable. Pagamos impuestos precisamente para financiar a los servicios públicos, entre ellos la ERT, para poder gozar de una radiotelevisión de todos, que tiene a la ciudadanía como brújula de calidad.
 
Protestamos para que otros servicios públicos no tengan la misma suerte que la ERT. Para que se mantengan operativos los hospitales públicos, los colegios y los transportes y que no se cierren de repente una mañana cuando se descubra que no son rentables. Porque la rentabilidad puede ser un argumento ingenioso cuando se habla de empresas e inversiones, pero se convierte en insulto e infravaloración de la inteligencia común cuando se habla de los servicios públicos.
 
Si la radiotelevisión ha llegado a ser un monumento a la opacidad, la corrupción y los sueldazos desproporcionados, tal como argumentó pomposamente el portavoz del Gobierno, se debe a que los Gobiernos decidieron que fuese así. La administración que gestiona un servicio y que poco a poco lo convierte en el jardín de las delicias de su propia gente, contratando a quien sea, repartiendo salarios escandalosos mientras que otros empleados llevaban meses sin cobrar, echando a gente cualificada, esta administración no fue otra que los “Gobiernos” que ahora hablan de despilfarro del dinero público.
 
Muchos establecen paralelismos entre los actos del Ejecutivo tripartito y las administraciones autoritarias. Incluso algunos se atreven a llamarlo “fascista”. No quisiera compartir esta lógica. Aunque ejemplos de autoridad no faltan, yo no quiero pensar que hemos llegado hasta ese punto.
Seguimos protestando para que los servicios públicos sigan siendo públicos. Hoy es la radiotelevisión, mañana será la educación, la sanidad, el agua, los transportes. Si se cierran las aulas, los quirófanos, los grifos y las puertas de los autobuses, entonces quizá nos demos cuenta de que ya es demasiado tarde.