viernes, 5 de abril de 2013

EL MAYOR ROBO DEL SIGLO XXI : EL EXPOLIO DE LOS BIENES PÚBLICOS

Corrupción y "puertas giratorias"
La ‘puerta giratoria’ (como se denomina a la práctica de pasar desde el cargo público al cargo privado en una empresa que se benefició de nuestras decisiones gubernamentales) no deja de girar. 
El concepto de “Puerta Giratoria” hace referencia, en un principio, al hecho de privatizar un sector público, marcharse de la política y fichar por la empresa que gestiona el sector público que uno mismo privatizó. 
La figura se complementa con los casos de las adjudicaciones de contratos de obras y servicios que debe prestar la Administración a determinadas empresas, de las que luego el político termina formando parte.  
Absolutamente inmoral, en el mejor de los casos, este privilegio de la casta dirigente (formada por empresarios-políticos) se ha convertido en tristemente habitual dentro de la vida pública de muchos países llamados democráticos. 
Mientras este perverso mecanismo exista la intencionalidad real de los gobiernos a la hora de tomar decisiones estará permanentemente bajo sospecha. 
Ya no se trata solo de lo que los dirigentes ingresen en A o en “B” durante sus mandatos sino, sobre todo, de los suculentos beneficios privados y personales que obtendrán cuando dejen de estar bajo los focos mediáticos. 
Por supuesto nadie debería olvidar que tan culpable es el corruptor como el corrompido ya que ambos se benefician por igual del expolio. Aquí un pequeño listado, solo de ministros, de los últimos años:
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Otro caso espectacular es el del Ministro de la Guerra Pedro Morenés, que no figura en esa relación. Si ampliáramos la lista con ejemplos tomados de otros ámbitos de la organización territorial del Estado ésta sería interminable. 
¿Qué intereses les movían a todos ell@s mientras ejercieron sus cargos?... 
¿Buscaban el bien común o simplemente labrarse su propio futuro dorado?.... 
No es imposible luchar contra esto. 
Una organización política horizontal, transparente y democrática de la sociedad, el repudio colectivo de estos personajes, una potente ley de incompatibilidades que entra en vigor tras abandonar sus cargos públicos o, en su defecto, abultadísimas sanciones para las empresas que incurrieran en tal práctica corruptora constituyen vías de solución. 
Algo similar puede ocurrir con los casos de fraude y evasión fiscal. 
A menudo se argumenta que no es posible combatir contra ello porque son decisiones que dependen del acuerdo de muchos países, lo cual trasciende el ámbito de decisión de un solo Estado. 
Pero ¿No podrían expropiarse automáticamente los bienes que el defraudador posee en, por ejemplo, el estado español, sin posibilidad de prescripción del delito?. 
Estas castas solo podrán seguir lucrándose mientras nosotr@s se lo permitamos con nuestra resignación, nuestro consentimiento y nuestros votos. Presión popular y conciencia política son las recetas.  Es posible.

"Todo para nosotros y nada para los demás parece haber sido la ruin máxima de los amos de la humanidad en las diversas épocas de la historia." 
Los grandes propietarios de nuestra época prefieren tener un par de hebillas de zapatos con diamantes o algo igual de frívolo e inútil a proporcionar el mantenimiento o, lo que es lo mismo, el precio del mantenimiento de mil hombres al año. 

"Donde hay una gran riqueza ésta manera de actuar forma parte de la naturaleza de los seres humanos. Así como también forma parte de la condición humana la búsqueda de la justicia, la igualdad y la felicidad para todos.”
  Adam Smith La Riqueza de las Naciones, 1776 
Nos están desposeyendo de todo
Hay que ser muy ingenuos y crédulos para pensar que personas que tienen unos conflictos de intereses tan descarados y una ambición tan desmesurada, tienen algún mínimo interés en gestionar con eficacia los servicios públicos y que sus acciones van a repercutir en el interés general. 
El proceso al que nos enfrentamos ya está muy estudiado, es un proceso de desposesión, robo o su eufemismo más exitoso: privatización. 
La conocida “acumulación por desposesión” que ha analizado el economista David Harvey.
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Este tipo de acumulación no es nueva, ya encontramos uno de los ejemplos más claros en la Inglaterra de los S.XVIII y XIX con las “enclosures”, cercamientos de las tierras comunales que acabaron en manos de grandes terratenientes y supusieron la desposesión absoluta del único medio de vida de los campesinos, que tuvieron que marchar a las ciudades a trabajar en las nuevas industrias por salarios de miseria. 
En el presente, podemos observar la desposesión que sufren los pueblos de África y América a manos de sus oligarquías terratenientes en connivencia con las grandes multinacionales y los países occidentales. 
Pueblos que son riquísimos en recursos naturales viven en la extrema pobreza y sufren una continúa violencia.  Pueblos que mueren de hambre -36 millones de personas son asesinadas por inanición al año-  ven como 500.000 km2 de tierras aptas para la agricultura son vendidas a naciones o empresas extranjeras o, como cientos de miles de toneladas de peces del lago Victoria  – la perca del Nilo, muchas veces vendida como mero – se exportan a los países ricos, mientras en las mismas orillas de ese lago mueren cientos de miles de seres humanos despojados de todo.
La privatización -desposesión- del patrimonio público o común para entregárselo a una minoría a precio de salo que se enriquece -acumulación-, por tanto, no es un fenómeno nada novedoso ni una innovación de la nueva teoría económica neoliberal.
Se pretende vestir de modernidad y moderación lo que no es más que el envoltorio del pensamiento reaccionario de todas las épocas. 
Estas privatizaciones nunca favorecen a la mayoría sino que repercuten, siempre, en la oligarquía terrateniente y capitalista que se encuentra ya en la cima de la pirámide. 
Durante los últimos cuarenta años estas privatizaciones se están llevando a cabo mediante el fenómeno de la puerta giratoria o “revolving door" no siendo, en absoluto, exclusivo de España.”

Este fenómeno se encuadra entro de un movimiento conocido como revolución conservadora -el neoliberalismo y la globalización- que no deja de ser la pretendida moderna denominación de la desposesión y el colonialismo a gran escala.
En los años 50 del siglo pasado empezó a gestarse éste movimiento ultraconservador que ganó la batalla en la década de los 70. 
Los primeros países que pusieron en práctica sus recetas fueron dictaduras – Chile y Argentina  y luego, llegó a los países más desarrollados de la mano de Reagan y Thatcher. Bajo el manto de un nuevo pensamiento innovador, novedoso y moderno, las ideas reaccionarias se vistieron de libertad. Dentro de un concepto de libertad en el que cabía cualquier cosa, incluso, la falta de control, la ausencia de límites y el constante abuso de poder.
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El fenómeno de la puerta giratoria gravita en la continua circulación de los representantes públicos hacia la iniciativa privada y viceversa. Como hemos dicho ni mucho menos es exclusivo de España, puesto que, podemos verlo constantemente en EEUU y Europa. Solo tenemos que visionar el documental “Inside Job” o leer distintos libros de ilustres economistas norteamericanos para conocer el decisivo poder de los lobbys empresariales e ideológicos; las enormes sumas de dinero que se mueven en las campañas electorales, que funcionan a modo de barrera de entrada para cualquier posible cambio político; el control de los órganos reguladores por empleados de la banca, la desregulación del sistema financiero, la deshonestidad y las actividades fraudulentas con que opera el sistema financiero y empresarial, que ha llevado en la últimas décadas al colapso de las cajas de ahorros (Savings & Loan), la burbuja tecnológica, los escándalos de Arthur Andersen, Enron, las “hipotecas basura”, entre otros; el olvido del ciudadano medio y para que decir del más humilde...

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Sin ir más lejos la infame invasión de Irak por un gobierno plagado de políticos con enormes intereses en el mercado petrolero y la industria privada. 
Una guerra que ha sido un desastre en costos humanos y económicos – más de 3 billones hasta 2008 para el ciudadano norteamericano y más de 1 millón de iraquíes asesinados –, pero que ha enriquecido a las empresas de George Bush Jr., Condoleezza Rice, Dick Cheney, Chevron–Texaco, Exxon–Mobil, Blackwater Security, Halliburton, etc. Pero, no sólo ellas, también, las empresas británicas – Shell y BP – de la mano de Tony Blairobtienen suculentos beneficios en Iraq
Los servicios de Tony Blair han sido generosamente pagados por el mundo del petróleo labrándole una fortuna que asciende a 43 millones de euros y obteniendo unos ingresos anuales de 10 millones. 
Al igual que, José María Aznar, que vio premiada su abnegada servidumbre con el reconocimiento de la ultraderecha a nivel mundial y unas ganancias de 1,5 millones al año.
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En Europa, asistimos igualmente a las mismas actuaciones. 
En Italia, ha estado gobernando hasta hace poco un señor que ha legislado a la medida de sus empresas y de él mismo, con el fin de enriquecerse y sortear su ingreso en prisión, Silvio Berlusconi. 
En Europa, con el estallido de la actual crisis financiera vemos como han tomado el poder los empleados de la banca de inversión: Mario Draghi, ex director de Goldman Sachs, que durante su mandato falseó las cuentas griegas, ha tomado el BCE; Mario Monti, otro ex Goldman Sachs, fue impuesto a los italianos.
Asimismo, otros ex compañeros suyos ocupan cargos de la máxima importancia en instituciones nacionales, europeas y multinacionales: Peter Sutherland, Karel Van Miert, Antonio Borges, Petros Chritodolou, Otmar Issing... 
Pero, no sólo ellos, también, están representados mediante sus empleados otras entidades como: JP Morgan, HSBC, RBS, UBS, Credit Suisse, Barclays...
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Así, vemos como los bancos quebrados responsables de la burbuja financiera y la quiebra del sistema financiero y rescatados con dinero público han tomado el control de las instituciones de Europa en connivencia con los actuales dirigentes políticos – es difícil hacer una distinción entre ellos – para hacernos sentir culpables de la situación por ellos creada, para hacernos creer que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades e imponernos unas políticas de austeridad y recortes en derechos sociales, que suponen un inmenso trasvase de riqueza a esa misma oligarquía financiera a la que sirven, de la que forman parte o de la que aspiran a formar parte un día.

Por tanto, las privatizaciones hubieran sido imposibles de realizar sin antes no haber alcanzado la hegemonía ideológica; sin antes no haber impuesto la forma de pensamiento y de vida.; sin antes no haber inoculado el virus del egoísmo, el individualismo, el desprecio y la desvalorización de los bienes comunes, el desprestigio de lo público, la destrucción del movimiento obrero, la desunión entre los trabajadores...

Esto se logró a base de ingentes cantidades de dinero y propaganda, se tomaron al asalto las universidades, se puso en marcha una avasalladora máquina de propaganda que desde todos los medios de comunicación anunciaban el único camino posible: la privatización de todo lo público.

Lo público era ineficiente, corrupto e ineficaz "per se", no porque los grandes monopolios y fortunas pusieran sus peones en contra del interés general.
La ideología neoliberal demostrada su inoperancia e inutilidad durante la Gran Depresión -a base de colosales cantidades de dinero, el engaño y la ocultación de la realidad-, volvía a convertirse en el pensamiento único e indiscutible en beneficio de una poderosa minoría.
No importaba que fuera refutado por la realidad porque el pensamiento mágico, la teología, la escolástica medieval no necesitan de la confrontación con ella para convertirse en verdad incuestionable e incuestionada.
Y ahí tenemos nuestras más preclaras mentes estudiando una ideología que pasa por ciencia económica.

El problema no sería mayor si se admitiera que en verdad lo que se busca es la desposesión absoluta de la totalidad de los seres humanos en favor de una minoría de ellos. Ciertamente, para éste objetivo se están utilizando los mecanismos apropiados, pero nos han hecho creer que son  las herramientas apropiadas para crear empleo, crecimiento, bienestar, riqueza... Y, que si no se consiguen éstos objetivos es por nuestra ineptitud, holgazanería y avaricia por querer tener derechos sociales y una vida digna.

De todas formas, admitamos que tiene mucho mérito haber conseguido que te voten y apoyen millones de personas a las que estas empobreciendo y, además, sientan que lo estás haciendo por su bien. La operación realizada en las mentes de la mayoría de las personas ha sido grandiosa.

El objetivo es crear escasez, crear necesidad y vender esa escasez al mejor postor. Al que pueda pagársela. No es una ley natural, es una construcción humana. Se crea escasez privatizando la creación del dinero, el agua, la energía, la tierra, el conocimiento, las telecomunicaciones, los transportes....
Pero, al mismo tiempo, también se tiende hacia un empobrecimiento generalizado de la sociedad. 
Con esas políticas económicas no se crea riqueza, pero sí se crean ricos.


LOS CABALLOS DE TROYA Y EL SAQUEO DE ESPAÑA

"La unidad industrial gigante, perfectamente burocratizada, no solamente desaloja a la pequeña empresa y de volumen medio y "expropia" a sus propietarios, sino que termina también por desalojar al empresario y por expropiar a la burguesía como clase"
J.A. Schumpeter "Capitalismo, Socialismo y Democracia" 1942

La concentración del poder, la propiedad, el capital y la riqueza siempre han estado en manos de un grupo muy reducido. La desigualdad y la explotación de la mayoría por una minoría han sido la norma de la historia occidental.
Cuando pensamos en las grandes corrientes de pensamiento de las que bebe occidente, tenemos que tener en cuenta, que aunque muchas de ellas han estado plagadas de las mejores intenciones para el género humano, éstas han sido aplicadas a esa reducida minoría que ostentaba el poder o que lo alcanzó. Los preceptos de la democracia liberal durante la mayor parte del S.XIX y bien entrado el S.XX solo fueron efectivos para un 10% de la población. La élite económica y financiera. 
Ese diez por ciento que se consideraba superior al resto y no estaba dispuesto a compartir el poder ni el bienestar. 
Los privilegios del Antiguo Régimen nunca fueron borrados por completo.
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Tanto el capitalismo como la democracia liberal – censitaria en sus inicios – utilizaron a las masas para alcanzar el poder o mantenerlo, pero apartaron inmediatamente a éstas, porque, siempre tuvieron el temor de que quisieran alcanzar algún día los mismos derechos y beneficios de los que ellos gozaban. Hasta principios del S.XX la mujer no podía votar; los negros en EEUU tuvieron que luchar por sus derechos civiles en los años 60 del siglo pasado, un siglo antes hubo que recurrir a una guerra civil plagada de intereses económicos para abolir – legalmente, nunca de hecho – la esclavitud; los trabajadores fueron recurrentemente explotados y reprimidas sus demandas laborales, etc. Solo las ideas socialistas, libertarias, el movimiento y la lucha obrera, el miedo al comunismo, etc. nacidos todos igualmente de la heterogeneidad de las ideas ilustradas –, el desastre de las guerras mundiales, la crisis económica de 1929 y los totalitarismos obligaron a una parte de esa oligarquía a poner límites al “capitalismo salvaje” o el “laissez faire” para poder mantener en pie el sistema.
Por tanto, cuando muchos de nuestros compatriotas quieren echarse en los brazos de la superioridad moral de Europa u otras naciones y entidades supranacionales, deben sopesar a quienes sirven éstas. 
En el caso español existen peculiaridades y características propias, pero lo que nos ha ocurrido durante estas últimas décadas se encuadra dentro de una dinámica mucho mayor: la globalización neoliberal.  Esta ideología tomó forma en la década de los 50 del siglo pasado y se puso en práctica a partir de los 70, lo que supuso una brutal amplificación de las desigualdades económicas y sociales – regresando la concentración de riqueza del 1% más rico a niveles de 1929 – que ya existían e hizo saltar por los aires todas las normas, regulaciones y límites impuestos al capitalismo desde la década de 1930

Las políticas fracasadas que nos llevaron a otra guerra mundial y a la mayor crisis económica del capitalismo estaban triunfalmente de vuelta como si nunca hubieran sido aplicadas.
Entonces comenzó el ataque al sector público, al Estado, por su ineficacia y esclerosis. Las justificaciones para desguazarlo, el desprestigio de la política para al mismo tiempo tomar la misma y expulsar a los ciudadanos de la vida pública. Cuando abogaban por un Estado más pequeño en pos de la libertad individual estaban realmente construyendo un Estado privado que protegía a los grandes monopolios privados en el nuevo imperialismo y colonialismo que se avecinaba o continuaba con aun mayor énfasis.
En palabras de Thomas L. Friedman, ex consejero del gobierno Clinton: 
La mano invisible del mercado no funcionará jamás sin un puño invisible. McDonald’s no puede extenderse sin McDonnell Douglas, el fabricante del F-15. El puño invisible que garantiza la seguridad mundial de las tecnologías de Silicon Valley es el ejército, la fuerza aérea, la fuerza naval y el cuerpo de marines de Estados Unidos”. 
Esta ideología de Estado es la que ha posibilitado que se permitan las acciones y los crímenes más abyectos vestidos de una falsa libertad por parte de los poderes financieros y sus monopolios transnacionales.
El (neo)liberalismo para imponer su programa político e ideológico necesita de un fuerte entramado institucional. 
Nada más tenemos que observar cómo actúan el FMI, la OMC, la FED, el Banco Mundial, la Unión Europea o el BCE para imponer la utopía neoliberal al servicio de las grandes oligarquías y empresas. 
Es la única opción posible, la tomas o bien, si hiciera falta, se puede utilizar el soborno, la desestabilización, el terrorismo, los dictadorzuelos, los golpes de Estado o al ejército. 
Todo sea porque se alcance la democracia y la libertad, neoliberal. 
Además, dado que al mercado desregulado neoliberal solo le mueve la codicia sin límites – lo que puede ocasionar destrozos tales que hasta las mismas élites financieras deben ser protegidas de sí mismas , es necesario que exista un colchón de seguridad. 
Es cuando aparecen el Estado y los ciudadanos, que permanecen cautivos, al rescate, entregando sus derechos y beneficios sociales para nacionalizar las pérdidas del entramado financiero. Lo que tiene unas consecuencias humanas, sociales y ambientales gravísimas, para ellos solo resulta un juego cargado de adrenalina.
Estos neoliberales no tuvieron problemas a la hora de abrazas a Adam Smith. El padre del capitalismo era la coartada perfecta. Llevaban pines con su nombre en las solapas, aunque, jamás, lo hubieran leído. Tampoco, ninguno sabía que no era un economista sino un filósofo moral, que en su época la dinámica social e institucional era bien distinta, que nunca justificó el expolio ni la concentración absoluta de riqueza ociosa que ellos pretendían. Pero eso daba igual. 
Aplicaron unas políticas en su nombre para afianzar a los grandes monopolios, que él siempre condenó: 
“Al ser los directores de tales compañías [las sociedades anónimas] más administradores de caudales ajenos que de los suyos propios, no se puede esperar que ponga tanto empeño en su manejo como los miembros de una sociedad colectiva ponen en el de los suyos. 
Como los sirvientes de un gran señor, prestan escasa atención a asuntos de poca importancia, pues consideran que desmerece el honor de su señor, y por tanto en tales compañías siempre hay cierto grado de negligencia y prodigalidad en su administración”.
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Por tanto, España se encuentra dentro del gran tablero mundial donde se juega el neoliberalismo. Bien es cierto, que es meramente un peón. La entrada en la Unión Europea y el cumplimiento de las condiciones exigidas, obligó a abrazar el dogma neoliberal, no sin gran alegría y alborozo. 
Las empresas públicas se empezaron a privatizar en pos de la competitividad, productividad, eficiencia, eficacia, racionalidad, modernización y, un amplio etcétera de parabienes.  Era necesario entregar las empresas públicas – lo próximo serían  los servicios públicos y las pensiones – a la mayor profesionalidad de la iniciativa privada. 
La realidad fue bien distinta. Las empresas públicas fueron privatizadas en beneficio de los grupos de poder y sus esbirros, léase, políticos o tecnócratas. Las desigualdades de por sí amplias se dispararon nuevamente. En nuestro país, los caballos de Troya infiltrados en la administración pública, yendo contra el interés de sus ciudadanos han conseguido descapitalizar el Estado español hasta límites insospechados. Han vendido el patrimonio público a precio de saldo a las mismas personas que les sostienen entre bambalinas. Su actuación está marcada por etráfico de influencias, la prevaricación, el conflicto de intereses, el soborno, el engaño, la deshonestidad, ilegalidades e inmoralidades sinfín. 
Pero, para hacer esto, no han estado solos. Han contado con el apoyo de los grandes medios de comunicación, muchos profesores universitarios y pseudoexpertos deshonestos. Antes, han debido crear el marco conceptual – valiéndose de las grandes sumas de dinero que habían puesto a su disposición sus señores – para perpetrar el saqueo de las arcas públicas. No han tenido ni tienen la más mínima vergüenza, pizca de honradez u honestidad. Ni buen gobierno ni conflicto de intereses. Unas acciones que nos han llevado a la quiebra como país.
Desde 1984 a 1995, con el gobierno del PSOE, se ingresaron 13.200 millones de euros en más de 70 operaciones de privatización de empresas públicas. Durante esta época se privatizó Enagás; se vendió el 91% de las acciones de la empresa Gas Natural; se sacaron de Repsol los activos pertenecientes al gas, compañía cuya privatización comienza en 1989. 
La segunda ola de privatizaciones llegó con la subida al poder del PP, momento en el que se privatizaron los últimos activos que tenía el Estado en los sectores más estratégicos para la economía nacional. 
De 1996 a 2007 se ingresaron alrededor de 30.000 millones por la privatización de unas 50 empresas de una importancia tal como: Telefónica, Repsol, Tabacalera, Argentaria, Red Eléctrica, Aceralia, Ence, Indra, CASA, Endesa, Aldeasa, Iberia, etc. Por tanto, el gobierno español deja de tener presencia en sectores de enorme importancia para el país como la energía (gas, petróleo, electricidad, etc.), aeronáutica, con la importancia intrínseca que tiene para el avance en innovación, ciencia y tecnología; telecomunicaciones; transporte (aéreo, carretera y marítimo) o siderurgia. 
Lo que nos ha llevado a que nuestro sector industrial haya pasado de pesar el 36% del PIB hace 37 años, al ínfimo 15% actual.
Lo peor de todo esto es ver cómo se colocan en los consejos de administración y la presidencia de estas empresas a compañeros de colegio, amigos, familiares, personas afines o miembros del partido. 
La mayor gravedad es que estas privatizaciones han estado plagadas de corrupción y alta traición. 
El Estado ha sufrido uno profundo empobrecimiento perpetrado por supuestos servidores públicos que tenían que velar por el interés general. 
Estas empresas fueron saneadas y modernizadas destinando enormes sumas de dinero público al desarrollo de infraestructuras y reestructuraciones de plantillas (léase, despidos y EREs); una vez, hecho esto fueron regaladas a un precio irrisorio a los grupos de poder oligárquicos tradicionales (léase, monárquicos y franquistas) y a inversores extranjeros.

Las inversiones estatales, por tanto, no redundaron en sus ejecutores – los contribuyentes – que renunciaron a los beneficios que están empresas obtendrían en el futuro, sino que engrosaron las cuentas corrientes de agentes privados que no habían asumido ningún riego ni inversión. Cuando estos grupos apoyados por su medios de comunicación sacan a relucir un cínico  patriotismo y nacionalismo después de haber cometido la más alta traición a sus ciudadanos, debemos recodar que gran parte de los activos de estas empresas están ya en manos extranjeras o  que nuestra política depende de los dictados alemanes.
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El negocio fue redondo. El monopolio público se convirtió en privado. 
Los precios dejaron de estar regulados pero los beneficios estaban garantizados en un mercado cerrado a la competencia. Por ejemplo, el grupo público ENA, encargado de las autopistas, se privatizó en 2003. Ahora, el gobierno se ha comprometido a garantizar el 80% de los ingresos de las concesionarias de autopistas al borde de la quiebra. Les suenan sus nombres: ACC, FCC, Ferrovial, SACYR, etc. Empresas con tentáculos en las obras públicas, inmobiliario, agua potable, hospitales, servicios, aeropuertos, etc.  
Con los oligopolios nacionales los precios del combustible, la electricidad, las telecomunicaciones, el agua, la alimentación, etc. no paran de subir y las familias se encuentran cada vez más ahogadas, cautivas de la necesidad de consumir unos bienes que son básicos en manos de monopolios privados.
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Las familias españolas pagan la tercera electricidad más cara de Europa, durante la crisis ésta ha subido un 46% frente al 12% de la media europea. A pesar de los enormes beneficios que cosechan las eléctricas, el gobierno Aznar les concedió diversos beneficios: los Costes de Transición a la Competencia ¿Qué competencia? ¿Contra quién? ¿Qué costes? y el déficit de tarifa ¿Qué déficit?. 
Igualmente, la gasolina ha subido un 75% desde que comenzó la crisis y 3 petroleras controlan el 83% de las gasolineras. Lo mismo podemos decir de las telecomunicaciones,las más caras de Europa con un servicio muy pobre; o de la privatización del 50% del agua potable municipal a manos de 3 empresas: la francesa Agbar, FCC y Acciona. 
Para terminar, el subvencionado mercado de la alimentación en escalada constante de precios está controlado por 7 empresas.
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El desfalco que han supuesto las privatizaciones para los contribuyentes españoles ha sido monumental.
Por ejemplo, si solo consideramos el caso de Telefónica podemos observar que ha obtenido en los últimos ejercicios beneficios multimillonarios: en 2006, 5.198 millones; en 2007, 8.906 millones; en 2008, 7.592 millones; en 2009, 7.776 millones; en 2010, 10.167 millones; en 2011, 5.403 millones; en 2012, 5.512 millones; y, las previsiones para 2013 podrían alcanzar los 5.363 millones. 
Entonces, nos podríamos preguntar ¿cuáles son las ventajas para los españoles de privatizar una empresa que, prácticamente, trabaja en régimen de monopolio haciéndonos pagar los precios más altos de Europa en telecomunicaciones  y sirve para colocar a Eduardo Zaplana, al marido de la actual vicepresidenta del gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, que, además, enriqueció al compañero de pupitre de un ex presidente del gobierno; y, que podría correr el riesgo de acabar en manos extranjeras dada la actual venta de España – caso de Endesa o, ahora, Iberia – a precio de saldo?
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Por tanto, podemos concluir, que el Estado español vendió sus últimas participaciones en Telefónica – entre 1987 y 1997 – por unos 5.468 millones de euros, prácticamente, los beneficios que da Telefónica en uno o dos años. Parece que la privatización fue todo un éxito pero no para el conjunto de los españoles. Este cálculo lo podemos extrapolar a todas las grandes empresas públicas vendidas y nos podremos hacer una idea de los miles de millones dilapidados. 
Sólo las compañías eléctricas ganaron de 2006 a 2011, 52.300 millones de euros. 
Ahora, está en marcha la última ronda de desposesiones en contra del interés general de los españoles: AENA, RENFE, el sistema sanitario público, el metro de Madrid, Loterías, el AVE, puertos, agua potable, transportes públicos, etc. Son empresas y servicios públicos cuyo valor es incalculable.

EL TRASVASE DE LA RIQUEZA 
El peor analfabeto es el analfabeto político.
No oye, no habla, no participa de los acontecimientos políticos. 
No sabe que el coste de la vida, el precio de las alubias, del pan, de la harina, del vestido, del zapato y de los remedios, dependen de decisiones políticas. 
El analfabeto político es tan burro que se enorgullece y ensancha el pecho diciendo que odia la política. No sabe que de su ignorancia política nace la prostituta, el menor abandonado y el peor de todos los bandidos que es el político corrupto, mequetrefe y lacayo de las empresas nacionales y multinacionales” 
Bertolt Brecht.
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Cuando Mariano Rajoy o Duran i Lleida defienden su honorabilidad diciendo que ganarían más dinero fuera de la política están faltando a la verdad. 
Cuando dicen que están por vocación pueden estar siendo sinceros, pero cuando dicen que lo hacen por vocación de servicio público mienten descaradamente. Pueden estar por vocación de servicio, pero por vocación de servicio a su clase, diríamos mejor que por instinto de preservación. Solo desde el poder pueden aplicar las leyes y barreras que les permiten mantenerse en la cúspide de la pirámide social. Nunca por los méritos. 
La mentira es un arma muy poderosa y ellos la utilizan sistemáticamente. 
La mentira y la manipulación se cimentan en la ignorancia y la desinformación instituidas por los medios de difusión del conocimiento controlados por esa misma cúspide social. Este tipo de políticos, en su mayoría, se escudan en una entelequia conocida como clase política. Un término difundido por sus propios medios de propaganda. Son esos mismos políticos quienes desprestigian su clase para provocar en los ciudadanos un desamparo, un rechazo contra la política, la vida pública y los asuntos comunes. Una vez, conseguida que se alce está barrera empobrecen al Estado para con esa excusa privatizar los últimos bienes públicos en favor de su clase. Porque en realidad su clase es la media-alta o alta, no la clase política. En favor de ella enajenan el patrimonio común. Un delito que pasa inadvertido pasando las privatizaciones como el culmen de la eficiencia y la productividad de la que les ha provisto el neoliberalismo, un tipo de pensamiento mágico que como tal obvia los datos y hechos empíricos. Un pensamiento que crea el tipo de sociedad donde estos comportamientos predatorios pueden reproducirse sin impedimentos.Critican lo que dominan con el objetivo de alcanzar una dominación incluso mayor, absoluta. Por esta razón el feroz ataque contra la integridad de cualquier institución que no controlen como los funcionarios o los cargos electos o el patrimonio público o los servicios públicos… 
Cuando los ciudadanos caen en estos ardides y tretas olvidan que se están condenando. Se están condenando a ser pobres, a no tener ni voz ni voto, cuando la única solución factible es una participación e implicación – responsable, razonable y razonada – aun mayor en la política. En el modo de hacer las cosas en la ciudad, en el país y sus instituciones. Un mayor control democrático al que se oponen nuestros actuales dirigentes. 
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Estas mismas personas no necesitan de la democracia – la desprecian –, la democracia es un mal menor para ellos, no un fin. El fin es alcanzar o mantener el poder y esto mismo pueden hacerlo sin democracia porque ellos vienen de las mismas clases medias-altas y la oligarquía de la muy corrupta y criminal dictadura franquista.

La mentalidad de la que están provistos hace que tomen el Estado – lo que es de todos – como propio, como suyo, como su propiedad privada. Privando a los ciudadanos de lo que les pertenece. Tienen un sentido de la propiedad tan desarrollado que creen que España y los mismos españoles son suyos, pueden disponer de ella y de ellos a su gusto. Los españoles no deben ser una fuente de gastos y quebraderos de cabeza para ellos, deben ser una fuente de ingresos y beneficios. 
España y los españoles – como la democracia – son un medio para alcanzar su fin: el poder y el enriquecimiento. Y si por alguna razón se convierten en una fuente de gastos o en una carga se les condena al ostracismo, la culpabilidad, la inmigración o algún tipo de represión. Esto ha ocurrido siempre, tanto con la monarquía como con el turno de partidos liberal o con la última dictadura franquista que fue un levantamiento militar para salvaguardar los privilegios de la opresiva oligarquía caciquil que, todavía, se mantiene en el poder.
Muchos de estos políticos – si investigamos un poquito sus biografías – son altos funcionarios de clase media-alta, terratenientes, nobles, empresarios o sus familiares y, por supuesto, muchos de ellos son ambiciosos advenedizos, fácilmente, sobornables – deseosos de ello – dispuestos a las más diversas corruptelas para enriquecerse o alcanzar una posición acomodada y desahogada. 
Estamos viendo continuamente ejemplos de cómo sus premeditadas políticas privatizadoras provocan el empobrecimiento y la descapitalización del Estado. 
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Estas políticas cortoplacistas que tienen el objetivo declarado de obtener unos ingresos coyunturales y esporádicos o reducirgastos, en realidad son un trasvase de riqueza: las recalificaciones de suelo que han servido para enriquecer a multitud de poderosos terratenientes, la privatización ilegal de la costa, el regalo de terrenos públicos a elitistas negocios privados, las ayudas a la banca e inversores privados, la entrega de tierras y fincas públicas a grandes terratenientes cuando hay cientos de miles de jornaleros que nada poseen, la venta del patrimonio inmobiliario municipal cuando es más necesario que nunca un parque de vivienda público o la privatización de los montes públicos para ocio de la élite económica que se unen a la permanente destrucción de terrenos de alto valor ecológico.
Todas ellas y muchas más suponen una desesperada búsqueda de liquidez debido la gravísima pérdida de riqueza que suponen las privatizaciones o las bajadas de impuestos a las grandes fortunas. Medidas que se oponen a la búsqueda de una solución a largo plazo como sería la creación de unos ingresos estructurales y permanentes mediante una política de gestión responsable. 
Es una política desastrosa y empobrecedora. 

Es un círculo vicioso de medidas empobrecedoras que llevan a vender para obtener liquidez a corto plazo perdiendo ingresos estructurales que llevan nuevamente a vender para obtener liquidez. Por tanto, se vende el patrimonio público por la necesidad de ingresos y liquidez provocada por el estrangulamiento de las cuentas públicas no debido al exceso de gasto sino a la privatización del dinero, las empresas públicas y la pérdida de ingresos fiscales. En lugar de actuar como gestores de los bienes comunes, son vendedores profesionales en busca de beneficios privados.

Muchos ciudadanos imbuidos de un pensamiento – el neoliberalismo – egoísta, arrogante e infantil no se dan cuenta que ellos son el Estado. Ellos van a soportar los gastos sean públicos o privados. Los van a soportar en forma de impuestos o en forma de tasas, tarifas, seguros, precios, salarios, etc. En realidad, lo que quieren decir, es que son las personas las que son un gasto y un lastre. 
Entonces, comienza la privatización indiscriminada de empresas, servicios, bienes, recursos, transferencias…, a manos de las mismas empresas, grupos y personas que no pagan impuestos, defraudan, que tienen grandes fortunas y, que igualmente, ya no tributarán por esos nuevos recursos de todos que han recibido a precio de saldo. No se dan explicaciones, no se asumen responsabilidades democráticas. 

Gobiernan en beneficio propio o en favor de su clase económica. 
Se ha olvidado el interés general, por tanto, no podemos creer en las doctrinas político-económicas de quienes gobiernan contra el interés de la mayoría de la población empobreciéndola hasta límites insospechados en favor de la extorsión de los mercados”, es decir, las grandes corporaciones y fortunas.

Fuente : Lavozdebida



lunes, 1 de abril de 2013

COREA, LA ACTUAL CRISIS A LA LUZ DE LA HISTORIA

En el mundo reciente había tres naciones divididas por la guerra fría : Corea, Alemania y Yemen. Sólo Corea no se ha reunificado. Su unidad histórica es la más sólida del trío, pues a diferencia de los otros, Corea tiene unas fronteras claras desde el siglo X, una etnia y una lengua unificada, y una cultura/civilización independiente que fue capaz de mantenerse pese a la vecindad del potente foco cultural chino. En términos históricos la división nacional de Corea es un fugaz episodio y una gran anomalía del Siglo XXI. 

Su conflicto es anterior a la guerra fría. No se fraguó hace sesenta años con la guerra de Corea (1950-1953), sino hace ochenta años, con la invasión japonesa de China. La historia y memoria de éstos últimos ochenta años marcan profundamente la narrativa en Corea del Norte y la actual situación en la península, que tiene tres dimensiones: una intercoreana, otra con Estados Unidos en el centro, y otra entre Corea del Norte y Japón.
El 19 de septiembre de 1931, Japón que ocupaba Corea desde 1910, invadió el noroeste de China (Manchuria), donde creó el Estado títere del Manchugo. La resistencia comunista armada contra el invasor japonés en Manchuria arrancó un año después, en 1932, y no fue china, sino coreana. En Manchuria los coreanos constituían el 90% de los miembros del Partido Comunista Chino. Su lider fue Kim II Sung, luego fundador de Corea del Norte. Desde 1932 él y sus compañeros , toda una generación de guerrilleros norcoreanos, se enfrentaron no sólo a los japoneses sino a toda la legión de colaboracionistas coreanos que éstos llevaban consigo.

PODER HEREDITARIO

En Asia Oriental, no sólo en Corea del Norte, el poder es hereditario. Los herederos, hijos, nietos y sucesores de aquella mezcla de guerra civil coreana y lucha colonial anti-japonesa iniciada en 1932, están hoy en el poder de Pyongyang, Seúl y Tokio. En Manchuría el luego dictador de Corea del Sur entre 1061 y 1979, Park Chung hee, o altos jefes militares como Kim Sok won, lucharon con los japoneses contra los guerrilleros de Kim II Sung. Todo el alto mando surcoreano de la guerra de 1950 estaba compuesto por colaboracionistas de los japoneses.
Una investigación oficial surcoreana estableció en 2004 que más del 90% de la élite local anterior a la democracia establecida a finales de los ochenta, estaba formada por familias o individuos con antecedentes colaboracionistas. Hasta 2004, con la llegada al poder de Roh Moo Hyun, Corea del Sur no tuvo un líder vinculado a esa tradición. Con el actual presidente, Lee Myung Bak del derechista Grand National Party, se ha regresado a ella.

En Japón el 70% de los diputados heredaron su escaño de sus padres o pertenecen a conocidas familias con raíces directas en la ocupación de Corea y de China. Las genealogías e políticos de primera fila como Taro Aso, Shinzo Abe y muchos otros, pueden pasar desapercibidas en muchas partes, pero no en Corea del Norte, donde la narrativa nacional, machaconamente transmitida por el régimen desde el jardin de infancia, arranca con la lucha antijaponesa en Manchuria, continua con el recuerdo de la guerra de 1950-1953 contra unos americanos, aliados de los japoneses, que utilizaban bases militares en Japón, y con colaboracionistas de Corea del Sur apoyando al agresor en ambos casos.
Esa segunda y tercera generación política de Pyongyang, Seúl y Tokio no ha acabado la guerra iniciada por sus padres y abuelos en los años treinta, porque Corea del Norte y Japón no han normalizado sus relaciones, y porque el conflicto de 1950-1953 no concluyó con tratado de paz con Estados Unidos y Corea del Sur sino con un "armisticio", poco más que un alto el fuego provisional.

CONTINUIDADES

Los doce miembros de la Comisión Nacional de Defensa que gobierna Corea del Norte, son curtios ex combatientes de la guerra de Corea, una guerra contra el mayor imperio militar de la historia que fue derrotado (porque no venció) en aquel conflicto. Los norcoreanos suelen decir que ellos infringieron a los estadounidenses la primera debacle militar de su historia. En sus museos se cita, con orgullo y jactancia, la declaración del Comandante de las fuerzas americanas en Corea, General William Clark, al término de la guerra; "tuve la poco envidiable distinción de ser el primer jefe militar de la historia de Estados Unidos que firmó un armisticio sin victoria". Para los halcones de Estados Unidos, Corea siempre fue una especie de asunto inconcluso, como Cuba, y tras el fin de la guerra fría, manifiestamente. En Pyongyang, la experiencia de guerra contra un enemigo superior y mejor armado marca la biografía y la narrativa que esa élite transmite al país.

Para la mentalidad del Norte, Corea del Sur es una Corea de segunda, algo parecido a una república heredera de un estado títere del colonialismo japonés y el imperialismo americano. Mientras ellos siempre fueron independientes de China y de la URSS, cuyas tropas se retiraron en los cincuenta del Norte, los surcoreanos aún mantiene de 30.000 soldados americanos estacionados en su territorio y otros 100.000 en la región con amplia capacidad nuclear. Y detrás de ese despliegue sigue estando Japón prestando su territorio y sus bases al cerco.
En Corea del Norte se considera que el ejército surcoreano, infinitamente más sofisticado y potente que el del Norte, está controlado por el Pentágono. El ex Presidente de EEUU, Jimmy Carter, que conoce bien Corea del Norte y ha tratado repetidamente con sus dirigentes, menciona esa circunstancia para explicar por qué los norcoreanos insisten tanto en mantener conversaciones directas con Estados Unidos, a lo que Washington se niega, entre otras razones porque Roma no negocia con un régimen al que no pudo vencer militarmente hace medio siglo y que continua hoy pidiendo un acuerdo de paz como condición para cualquier cosa.

CHINA Y SU DEUDA CON KIM II SUNG

La guerra de Corea comenzó oficialmente el 24 y 25 de junio de 1950. Ni Moscú ni Washington la deseaban. La URSS estaba agotada por su holocausto nacional de 30 millones en la Segunda Guerra Mundial. Stalin temía la bomba atómica que Estados Unidos había utilizado hacía tan poco contra Japón. Por el contrario, los enemigos del Norte y del Sur querían zurrarse. Los combates fronterizos eran crónicos desde mayo de 1949. La secuencia de la guerra es conocida: primero el Norte arrolló al Sur y a los americanos hasta arrinconarlos en el extremo sur-este de la península, luego el desembarco americano en Inchon dio un giro total a la situación y los arrinconados fueron los del Norte, y en Octubre de 1950 China intervino con sus voluntarios que salvaron al Norte, regresándose al final a la posición inicial.

China intervino en la guerra porque se sintió amenazada, pero también porque Mao se consideraba moralmente obligado, a causa del enorme tributo que los coreanos de Kim II Sung habían pagado a la Revolución China. Oficialmente 183.108 voluntarios chinos, entre ellos el hijo mayor de Mao, Mao Anying, murieron en la guerra de Corea. La cifra la ha divulgado China éste octubre pasado, al conmemorar su 60 aniversario con un acto en el que Xi Jinping, el previsible delfín de Hu Jintao, mencionó : "una guerra grande y justa para salvaguardar la paz y resistir la agresión", pero los historiadores suelen manejar cifras mucho más abultadas. En Pyongyang, el variable recuerdo de la ayuda china, por ejemplo en los museos y en el cementerio de Hoechang, donde hay miles de voluntarios chinos enterrados, marca como un termómetro la temperatura de las relaciones entre el régimen y Pekin.

EXTREMA VIOLENCIA, GUERRA TOTAL

La guerra de Corea fue terrible. La destrucción de las ciudades del norte por la aviación americana, superó a la destrucción conocida en Europa y Asia en la Segunda Guerra Mundial. La masacre de prisioneros y civiles fue enorme. Cálculos americanos y surcoreanos establecieron entre 20.000 y 30.000 las víctimas de las masacres norteñas durante su ofensiva en el sur. Por su parte, la cifra de masacrados en el sur por los surcoreanos desde el inicio de la guerra, en junio de 1959, se sitúa en torno a los 100.000, que se añaden a los otros durante la represión de una revuelta campesina en la isla de Cheju. Los coreanos del sur mataban rutinariamente a los prisioneros de guerra y torturaban sistemáticamente a los que no mataban. Los americanos hacían la vista gorda y también fusilaban civiles. Los coreanos del norte eran más selectivos en su violencia hacia los presos, diferencia que también se dio en la guerra civil china, entre comunistas y nacionalistas, como está bien documentado. "Por incómodo que se reconocerlo, las atrocidades de los comunistas fueron alrededor de una sexta parte del total y tendieron a ser más selectivas", dice el historiador Bruce Cumings en si último libro sobre la guerra.

Fue una guerra total. Todas las ciudades norcoreanas fueron reducidas a cenizas por los bombardeos estratégicos americanos que arrojaron una enorme cantidad de bombas por kilómetro cuadrado y llevaron a cabo experimentos de campo con armas biológicas. La destrucción fue superior a la conocida por Alemania y Japón en la Segunda Guerra Mundia. Pyongyang quedó destruída en un 75 %. Hamhung y Wonsan en un 80%, Chingiin un 65%, Sinanju en yun 100%, Sariwon en un 95%, Hungnam en un 85%... La amenaza de un uso americano de la bomba atómica estuvo siempre presente. En noviembre de 1959 Truman amenazó públicamente con ella para contener a los chinos. En mayo de 1953, en vísperas del armisticio, Eisenhower y el Estado Mayor estadounidense seguían barajando la posibilidad. En víctimas el balance final de la contienda fue enorme: más de 4 millones de muertos, de los que más de 2 millones eran civiles; 36.940 soldados americanos muertos, 400.000 surcoreanos y dos millones de norcoreanos, la mitad civiles.

AMENAZA NUCLEAR PERMANENTE

El actual régimen norcoreano, con su espantoso historial en derechos humanos y su ambición nuclear, es inseparable de toda esa memoria. Durante décadas, las maniobras con escenario de utilización de armas nucleares contra Corea del Norte han sido rutina en la región. Los operativos "OpPlan 5027" y "OpPlan 5026" contemplaban el lanzamiento de ataques nucleares preventivos contra Corea del Norte, con derrocamiento de su régimen y formación de un gobierno militar. Nixon en 1976, y Clinton en 1993, volvieron a formular la amenaza de un ataque militar contra el régimen, pero la disolución de la URSS, con la pérdida de la disuasoria protección del paraguas nuclear soviético, alteró el problema fundamentalmente: dejó de nuevo al régimen expuesto a una amenaza existencial. En Yugoslavia e Iraq, Estados Unidos pudo atacar porque el país concernido no tenía bomba atómica. De todos los misterios de Corea del Norte, el de su ambición nuclear es el menos misterioso y el más racional. Que no sea percibido así por la opinión pública es un mérito de los medios de comunicación.

En la península de Corea, en Asia nororiental en general, la cuestión nuclear no es sólo un problema norcoreano; como dice Gavan McCormack de la Universidad Nacional de Australia: "el problema norcoreano nunca podrá ser entendido mientras ser definido únicamente en términos del programa nuclear de Corea del Norte. Ese país era objetivo nuclear mucho antes de que comenzara a moverse hacia la adquisición de armas nucleares. Su referencia a una "disuasión" debe ser tomada en serio".

UN REGIMEN BRUTAL QUE BUSCA EL CAMBIO

Dicho esto, ¿cómo calificar al régimen norcoreano?. Desde los años setenta se estima que mantiene en cáceles y campos de trabajo a una población de entre 100.000 y 200.000 reclusos. Por lo menos 600.000 murieron en las hambrunas de los noventa que como el 'gran salto adelante' de Mao parecen haber sido una mezcla de calamidades naturales y responsabilidades políticas. Corea del Norte es un estado hipernacionalista y postcolonial, obsesionado por la amenaza en la que siempre ha vivido, en el que los valores confucionistas han desembocado en algo parecido a una secta religiosa que venera a su padre fundador. Sus ciudadanos no son los autómatas de los desfiles y juegos florales que nos transmiten periódicamente las imágenes de archivo de las televisiones globales, sino gente de carne y hueso, sufrida y oprimida. Tanto la sociedad como el régimen desean profundamente una distensión que permita reconducir los enormes potenciales del país fuera de la jaula militar en la que se encuentran. El horizonte es una reforma a la china. Sin un acuerdo de paz y garantías mínimas de supervivencia tal reforma es imposible. En una circunstancia similar ninguna dictadura asiática de los años ochenta habría podico evolucionar, bien hacia la reforma y la apertura (China), bien hacia la democratización (Taiwán, Coera del Sur).

Gracia a la bomba, el mundo se toma en serio a Corea del Norte, el régimen se ha vacunado contra una invasión o el cambio de régimen inducido, y se ha dotado de una carta con la que negociar. De una u otra manera, hasta que esa supervivencia y reconocimiento internacional no estén garantizados, la bomba seguirá donde está. El seguro de vida del régimen.

A NADIE LE INTERESA LA GUERRA

Alguien tan poco sospechoso de parcialidad como el ex Presidente americano Jimmy Carter explicó la disposición a la negociación del régimen, tras su última visita a Pyongyang : "Expusieron su deseo de desarrollar una Península coreana desnuclearizada y un alto el fuego permanente. Transmití ese mensaje a la Casa Blanca. los dirigentes chinos manifestaron su apoyo a éste debate bilateral. Funcionarios de Corea del Norte han dado el mismo mensaje a otros visitantes americanos y han permitido el acceso de los expertos nucleares a un centro avanzado para el reprocesamiento de uranio. Los mismos funcionarios me dejaron bien claro que ésta serie de centrifugadoras estaría 'sobre la mesa' para las discusiones con Estados unidos,está dispuesta aun acuerdo para poner fin a sus programas nucleares y concluir un tratado de paz permanente que reemplace el alto el fuego 'temporal' de 1953. Debemos considerar la respuesta a ésta oferta".

Respecto a China parece que su vínculo con Corea del norte aumenta más que disminuye,. pese al desagrado ocasionado por las pruebas nucleares y los ocasionales tiroteos. ¿Cuál es el motivo de esa actitud?. Lo último que quiere Pekín es una Corea unificada bajo la influencia de Estados Unidos con lo que tendría frontera directa. El declive global de Estados unidos ya es de por si muy imprevisible, como para abrirle oportunidades en el propio patio trasero. Una intervención militar de China en Corea del Norte, comprometería su imagen de gran potencia 'blanda' y no militarista en Asia y el mundo. Así, lo único que queda es mantener la situación y trabajar para crear las condiciones de una solución negociada que no altere el equilibrio regional. Eso es lo que hace China.

Una guerra no interesa a nadie. Para China sería una amenaza a su principal prioridad desarrollista. Para las dos Coreas significaría una promesa de mutua destrucción. Empatados en Irak y Afganistán, y con la energía agresiva que aún le resta centrada en Irán, alrededor de la primera región energética mundial; Estados Unidos no está para mas bailes en Asia. La negociación directa con Pyongyang es la única solución, y para recordarlo, en un mundo con muchos frentes abiertos y una crisis financiera en su centro, Corea del Norte tiene que lanzar de vez en cuando algunos inquietantes fuegos de artificio.

Rafael Poch