EL AMOR NO CABE EN UN FRASCO DE COLONIA

Mañana se celebra San Valentín, el día de los enamorados, el día en el que Cupido lanza sus flechas llegando hasta los corazones de miles de parejas que, una vez que las reciben, no pueden volver a separarse. Eso, al menos, para todo buen romántico que se precie, es así. Cupido existe y no hay lugar a dudas. Pero para los más escépticos, este día es un fruto más de la sociedad de consumo, un invento de marketing y una estrategia de ventas para que, todo aquel que dice estar enamorado, gaste y derroche en una oferta, cada vez más extensa, de productos para enamorados...





Los anunciantes saben que un buen novio o una buena novia no va a dejar pasar este día sin comprarle un detalle a su pareja por lo que cada vez son más las propuestas que nos llegan de marcas de todos los rincones del mundo. Es el marketing del amor o el amor convertido en marketing, según se mire. Lo que está claro es que hoy explota, si no lo ha hecho ya en los días previos a la gran cita del amor con una gran cantidad de spots especiales, eventos especiales y acciones especiales

Con una reflexión, nos recuerda 'Ecologistas en acción' que el día de San Valentín es una de las fechas más consumistas del año, que así nos lo hace saber la publicidad con su muestra de productos como forma obligada de demostrar unos sentimientos y busca nuevos nichos de mercado apelando a las emociones. Hay que recordar que muchos regalos del día de los enamorados esconden trabajo precario en cadena y en condiciones poco saludables, como es el caso de las flores. Procede recordar el rastro de degradación social y ambiental que dejan días señalados como el de San Valentín. Es el caso de los ramos de flores, la forma más clásica de “demostrar” amor.

Muchas mujeres trabajan en condiciones semi-esclavas para cultivarlas y tratarlas en países como Ecuador y Colombia, Kenia o Zimbabue, donde se produce también acaparamiento de tierras y sobrexplotación de recursos para un sector controlado por grandes empresas transnacionales.

La publicidad contribuye a vender esas flores y otros productos, promoviendo estilos de vida insostenibles social y ambientalmente, y trata de situar al consumo y la acumulación de bienes en la cima de la escala de valores y en el objeto de nuestras aspiraciones. Se produce una clara mercantilización de las relaciones humanas a través de los anuncios, que buscan nuevos mercados a través de las emociones.



Un ejemplo de ello es la campaña del día de los enamorados de unos grandes almacenes, que protagoniza este año una pareja gay. El amor no cabe en un bote de perfume, ni se celebra en un día concreto del año por imposición comercial. El consumo no parece la receta más adecuada para demostrar cariño ni para salir de la crisis.

Ecologistas en Acción invita a cuestionar esas recetas mágicas y un modelo de consumo que incrementa el escenario de crisis ambiental y social.